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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA
COMUNICADO DE LA EMBAJADA DE BOLIVIA EN ARGENTINA

Hacia el hombre nuevo

Discurso tras recibir el Premio Nacional de Cultural de manos del Presidente de Bolivia Evo Morales Ayma.
Por Néstor Taboada Terán, Premio Nacional de Cultura Bolivia 2008

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 26/01/09.- En la ciudad de La Paz, Bolivia, el sábado 28 de noviembre de 2008, ha sido un día venturoso. Convocados por el Viceministerio de Culturas se reunieron desde el viernes 27 los consejos departamentales de cultura, con un centenar de delegados. Y en la mitad de sus discusiones designaron por voto directo al Premio Nacional de Cultura y al Premio Nacional “Gunnar Mendoza” Gestión Cultural 2008.

En el día desaparecieron los privilegios que se nutrían de las injusticias en los tramos culturales de Bolivia. La Revolución Cultural pisando los talones del Antiguo Régimen oligárquico que sobrevive agazapado.

Otrora, en el anciano sistema oligárquico, convocados por las autoridades de turno se reunían destacados intelectuales para integrar un jurado que determine qué ilustres ciudadanos eran acreedores a las distinciones nacionales de la cultura. Y los afortunados elegidos de la high-life eran, obviamente, los iluminados del sistema, generalmente estudiosos de la decadencia del mundo occidental y locos medialunas del saber que accedían a las distinciones de mano de sus más reputados tardos, torpes y alelados.

Cierta vez fue incluido en el jurado un indio extraño. Un atrapado sin salida, experto en cambalaches que se aprovechaba del candor en el tráfico político. Indio perspicaz, vestido a la última moda como el popular achacacheño Dr. José S. Salvatierra, en la primera década del medio siglo en la ciudad de La Paz. Tiempos aquellos en que en la calle Comercio se paseaba la vespertina, coqueta y enamoradiza Tía Núñez. Y al mediodía don Franz Tamayo, tolerando una especie de destierro en el seno mismo de la patria, contemplaba la ciudad desde las ventanas del encierro de su casa de la calle Loayza.

El exótico indio integrado al jurado calificador de cultura, tiempo ha en su comunidad había repudiado su nombre originario y se hacía llamar con el nombre y apellido de un escritor francés mundialmente famoso: Víctor Hugo, y su hermano carnal que no se quedaba atrás: Jefferson. Utilizaba el título de licenciado hasta que la universidad paceña le conminó a Hugo a abstenerse de aquel abuso de confianza. En su vida de dignatario del sistema vicepresidencial, cargaba una manta de alpaca de curandero kallawaya. En el jurado calificador se portó decente, porque hizo todo lo que sus amos le ordenaron que hiciera. Por sus prejuicios no había leído la novela Raza de bronce ni el ensayo Julián Apaza, que poco o nada le importaban. Hoy vive todavía y es un dinámico disidente político a quien nadie le lleva el apunte.

Bolivia, en el Antiguo Régimen, el ancien regime, era el País de las Maravillas. El escritor español Miguel Munárriz lo define: País donde: “Se puede tener nombre de escritor sin que sus libros se vendan, o, en caso de que se vendan, sin que se lean, o en caso de que se lean, sin que nada cambie. Se puede vender mucho sin tener renombre. O se puede influir mucho sin haber escrito. Se trata de una constelación de fenómenos próximos, pero distintos.”

Miguel Munárriz. Te llaman Porvenir porque no vienes nunca. El Territorio de la Mancha. Debate El Porvenir de la literatura en lengua española. Premio Alfaguara 1998. Madrid, España, Día del Libro, 1998).

Con el cambio de Gobierno de enero de 2006, en el nuevo Siglo XXI, se hizo imprescindible histórica y sociológicamente, descubrir el tesoro oculto de la cultura boliviana. Su arte y literatura, especialmente. Por ejemplo, saber que el famoso Takirari (los que bailan, en idioma quechua) Viva Santa Cruz, fue la creación más importante del músico y compositor orureño Gilberto Rojas. Y la mejor novela cruceña intitulada: El otro gallo, del escritor paceño Jorge Suárez. Homenajes entrañables de los intelectuales orureño y paceño a la feraz y magnífica tierra de indios cambas. Y justamente en este tren de indios, descubrimientos y revalorizaciones, reconocemos a Tupaj Katari del escritor cochabambino Augusto Guzmán, como la mejor novela boliviana.

A propósito del caudillo aymara, escribe Augusto Guzmán: “La Historia no es sólo memoria, sino también reconstrucción imaginaria. Julián Apaza, Tupaj Katari, no era un pobre diablo, como lo pintan, despintado, los cronistas españoles de la Colonia. Campanero, sacristán, peón de minas y panadero, su gran oficio fue el de rebelde aymara. Supo treparse al campanario de los siglos, y voltear la campana de la Historia, arrancándole hondos y largos sones de epopeya”.

Afortunadamente vivimos un tiempo de reparación de agravios en que Bolivia recupera su personalidad verídica. Está naciendo nuestra auténtica Bolivia que amamos y por la cual patria nos desvelamos. Y en esta epopeya ocupa su mejor perfil la cultura, cuyos orígenes orgullosamente se remontan a los imperios aymara y quechua.

El Siglo XXI inaugurado por el distinguido hombre de Estado aborigen Evo Morales Aima, que pese a quien pese, se encuentra a la altura de los más eminentes estadistas del mundo como Nelson Mandela de África del Sur y Benito Juárez de México. Evo, recalco, inauguró esta nueva centuria como el siglo de las transformaciones sociales, donde la cultura ocupa lugar preferente. Y tuvo el acierto de calificar a su gobierno excepcional de Revolución Democrática y Cultural.

En consecuencia, soy un convencido, como creador de bienes espirituales de la nación, que en nuestro país está naciendo el Hombre Nuevo, el hombre del porvenir. Este Hombre Boliviano será posible en la nueva sociedad democrática y latinoamericana que surge.

El primero en esbozar este pensamiento del Hombre Nuevo ha sido el comandante Ernesto Che Guevara, compañero y amigo, dos años después del triunfo de la revolución cubana. El Che no era solamente un militante, sino un ideólogo creador. La revolución iniciada por Cuba está haciendo del Hombre Latinoamericano el Nuevo Hombre de la Humanidad. En efecto, la sociedad colonial tuvo su hombre, oprimido por los Virreinatos y las Reales Audiencias, como la de Chuquisaca, que intentó hace exactamente doscientos años atrás cambiar de camiseta y camuflarse con el abrigo del Quitacapas y después argumentar legitimidad con la Declaración del Consejo de Regencia de Cádiz (14 de febrero de 1810), desafortunada y vergonzosa declaración plagiaria de la Proclama de la Junta Tuitiva y Representativa de los Derechos del Pueblo de La Paz. La sociedad republicana feudal-gamonal también tuvo su pobre Hombre, todavía oprimido hasta nuestros días por la casta criolla y mestiza heredera de la colonia, que aún sigue utilizando en la Ilustre Ciudad de la Real Audiencia de Charcas el látigo para acariciar las espaldas de sus pretendidos esclavos.

Y ahora esta nueva sociedad democrática y cultural que nace, está creando su propio espécimen, con características definidas. Nuevo Hombre.

En el futuro, ya no seremos más los bolivianos conocidos en el mundo como gnomos, seres fantásticos reputados por los cabalistas como espíritus o genios de la Tierra, y después imaginados en forma de enanos que guardan o trabajan en los criaderos de minas. Laboreros enanos con un dictador enano, descrito por el novelista escandinavo Pär Lagerkvist).

Entre los precursores del nacimiento del Hombre Nuevo hubo también bolivianos, protagonistas de avanzada como el cruceño Andrés Ibáñez, uno de los primeros políticos en enarbolar en 1872 el estandarte del idealismo socialista. Después vendría Manuel Isidoro Belzu, marxista antes de Marx que, en 1848, cuando se publicaba en Europa el Manifiesto Comunista, Belzu ya se había proclamado socialista y predijo que le sucedería en la Presidencia de la República de Bolivia un hombre de poncho y ojotas. Después llegarían intelectuales de la talla de Ricardo Jaimes Freyre que auguraba que el primer país socialista sería Rusia:

¡Enorme y santa Rusia! De tu dolor sagrado

como de un nuevo Gólgota fe y esperanza llueve…
La hoguera que consuma los restos del pasado

saldrá de las entrañas del país de la nieve.

El poeta paceño Carlos Gómez Cornejo autor del poema Jallalla, el poeta José Enrique Viaña autor de Puño en alto, quien dice:

Alzan sus voces: martillos, picos, barrenos

Brillan al sol desnudo,
Y un amplio canto de esperanza

Levanta en alto el puño:

¡Siniestra mano en alto!

¡Siniestra mano en puño!

¡Obligación de lucha, de sacrificio y muerte

sobre la curva austera del horizonte brujo!

¡Siniestro puño en alto!

¡Corazón hecho mundo!
¡Ímpetu vertical para el combate
santo! ¡Taumaturgo
que ha de mover los cielos y la tierra

y sacudir el yugo…!

¡Siniestra mano en alto!

¡Siniestra mano en puño!

Los hombres de la gleba cantan

un nuevo canto rudo…

Y de la última data los ideólogos Franz Tamayo y Sergio Almaraz, que llamaban el socialismo Ideal del Porvenir, porque no llegaba nunca.

El Nuevo Hombre boliviano está llegando, está siendo consolidado cada día que pasa por la educación democrática que recibe: el diálogo, el consenso, el voto popular. La democracia es el único sendero viable que tenemos para nuestra liberación nacional y social. Ha nacido una nueva sociedad democrática, y, en consecuencia, un nuevo país libre, una nueva Patria. El Hombre Nuevo.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de la Embajada de Bolivia en la República Argentina / Web