Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
COMUNICADO DE LA EMBAJADA DE BOLIVIA EN ARGENTINA

Desde la dictadura de 1980 hasta el golpe de Estado cívico prefectural

Luis Espinal:Aquellos detenidos de origen humilde, por cuya muerte nadie protesta o levanta la voz”.
Por Carlos Moldiz

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, La Época, La Paz, 18/03/09.- Luis Espinal murió asesinado por la dictadura de García Mesa en 1980, mismo año en que también fue asesinado por la misma dictadura el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz. Critico de cine y aclamado periodista, Lucho, como lo llamaba cariñosamente el pueblo boliviano, llegó a este país andino en 1968 donde ni bien se nacionalizó abrazó la causa de los pobres con sus enérgicas condenas a la dictadura del General Hugo Banzer Suárez.

Luis Espinal.

Los sangrientos hechos del pasado septiembre, donde 18 campesinos fueron salvajemente asesinados durante el golpe de Estado cívico prefectural que la oligarquía boliviana y los EE.UU. complotaron, vuelven junto con la memoria del sacerdote jesuita Luis Espinal para apuntar con el dedo acusador a los medios de comunicación que trataron de esconder esta calamidad.

Se acerca el 29 aniversario del asesinato del entrañable sacerdote y a casi tres décadas de su muerte sus palabras hacen eco en las calles de toda Bolivia para recordarnos que el papel de la prensa y de toda fuente de información esta al lado de los pobres, “por cuya muerte nadie protesta o levanta la voz”. Sus palabras cobran especial importancia ante una oligarquía que quiere convencer a la sociedad que el asesinato de campesinos indígenas no es suficientemente atroz como para sentirse ofendido.

Luis Espinal murió asesinado por la dictadura de García Mesa en 1980, mismo año en que también fue asesinado por la misma dictadura el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz. Critico de cine y aclamado periodista, Lucho, como lo llamaba cariñosamente el pueblo boliviano, llegó a este país andino en 1968 donde ni bien se nacionalizó abrazó la causa de los pobres con sus enérgicas condenas a la dictadura del General Hugo Banzer Suárez.

Esta dictadura que se estableció en Bolivia en 1971 significó el principio de la era del terror en Latinoamérica, su realización fue posible gracias a los esfuerzos de la CIA, que también importó otro mandatario a Chile, Augusto Pinochet. Las dos siniestras personalidades, junto con otros gobiernos de facto en Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, dirigirían la muerte de más de 50.000 personas por medio de la infame Operación Cóndor.

Durante todo aquel periodo que duró la dictadura de Banzer, Luis Espinal se dedicó a la labor periodística de la única manera que era posible en aquellos tiempos para hombres que se sentían “inmersos en el pueblo”. En varias emisiones a través de Radio Fides denunció el régimen de terror que imperaba en Bolivia sin temer a la censura que más de una vez ya lo había echado de un trabajo.

El fin de la dictadura de Banzer no significó para Lucho el final feliz de una trágica historia sino el llamado a la formación de la opinión critica con la fundación del semanario AQUÍ. “Para tener a un pueblo oprimido se ha empezado por darle una mentalidad de oprimido (…) y el periodismo oficial perpetua esta función domesticadora haciéndole creer que la historia la hacen los otros, que los importantes son los fantoches oficiales”, expresaba la filosofía del periódico dirigido por el padre jesuita que se proponía que, “AQUÍ, es una afirmación anti-imperialista”.

En septiembre de 2008 un golpe de Estado fue ejecutado por comités cívicos y prefecturas opositoras habitadas por la oligarquía boliviana y con la cooperación de la embajada de EE.UU. se procedió a la rápida toma regional de todas las instituciones de Bolivia en oriente. Durante las jornadas de este golpe de Estado, al final fallido, fueron acribillados 18 campesinos que se encontraban protestando por la violencia contra la población campesina e indígena en las ciudades tomadas por la oligarquía. Medios como La Razón y UNITEL llamaron “enfrentamiento” a la masacre de estos campesinos desarmados, entre los cuales había mujeres y niños, a manos de paramilitares con fusiles semiautomáticos.

La responsabilidad directa recae sobre el entonces prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, ahora un recluso cualquiera en la cárcel de San Pedro en La Paz esperando juicio. Fernández admitió haber ordenado la movilización de vehículos de su prefectura para detener el avance de la marcha campesina que pretendía expresar su apoyo al gobierno democrático de Evo Morales.

Igualmente denigrante fue la actuación de cadenas de televisión como UNITEL que durante el golpe de Estado no reveló las imágenes donde se podía ver, sin confusión alguna, a trabajadores de la prefectura y activistas de los comités cívicos disparando contra campesinos desarmados que incluso se arrojaron al río para no morir acribillados. Las imágenes escondidas por el canal de televisión propiedad del millonario Osvaldo Monasterio Añez, fueron publicadas meses después de la masacre por una “fuga” de información.

“A toda realidad política nueva hay que emplazarla no solo ante el tribunal de Dios y de la Historia, porque estos tribunales están demasiado lejos y demasiado arriba. También hay que emplazarla ante el tribunal del sentir popular de hoy y ahora”, dijo alguna vez Espinal y a casi 3 décadas de su muerte estas palabras señalan el lugar de los medios de comunicación en cualquier momento, “AQUÍ (…) donde hace falta la luz de la información (…) sin paliativos ni silencios culpables”.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de la Embajada de Bolivia en la República Argentina / Web