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COMUNICADO DE LA EMBAJADA DE BOLIVIA EN ARGENTINA

Juana Azuduy, la heroína escondida

Por Coco Cuba

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Rebanadas de Realidad - ABI, El Villar, Chuquisaca, 25/05/09.- El presidente Evo Morales rindió homenaje el lunes en la población de El Villar, a 235 km de Sucre (a su vez a 760 km al sudeste de La Paz), a Juana Azurdy de Padilla, la coronela, heroína de la revolución que en 16 años, entre 1809 y 1825 liberó Bolivia del poder de España y cuya gesta salió a la luz recién en 1920.

"Nunca nadie, desde 1816, en que perdió a su esposo, Manuel Asencio Padilla, líder de la guerra de guerrillas que liberó Bolivia, había visitado este sitio histórico", reseñó el delegado para las celebraciones del Bicentenario de la Revolución de La Paz, también en 1809, Jaime Iturri.

"Esta es la demostración de que Bicentenario no lo celebra la élite sino el pueblo", afirmó en momentos en que desfilaban sobre una explanada de hierba uniforme miles de mujeres y hombres indígenas llegados de todos los puntos de Chuquisaca.

Así lo dejó patente el mandatario indígena que encabezó en El Villar, una población rural de 3.000 habitantes, perdida en el corazón del departamento de Chuquisaca (sudeste de Bolivia) y donde Azuduy y Padilla montaron el cuartel general de la guerrilla que luchó sin denuedo hasta libertar Bolivia, a principios del siglo XIX.

"Imagínense, hermanos y hermanas, la mantuvieron oculta", dijo Morales en su discurso, luego de poner a El Villar en el mapa del mundo.

Una lugareña, Juana López, vendedora de frutas de temporada en esta localidad no da crédito a los que sus ojos ven.

Es la primera vez en los más de los 70 años que frisa, que un presidente de Bolivia pone los pies sobre este poblado de casas de un piso, construidas de teja y adobe revestido de estuco y de calles empedradas y de tierra apisonada.

"Yo no creía, señor, que cuando me han dicho que iba a venir el Evo, yo no les he creído", resalta la mujer que se yergue en puntas para ver al gobernante.

Este pueblo de temperaturas oscilantes agazapado en medio de cerros ondulantes pese a la llegada inminente del invierno húmedo, entraña los episodios vitales del nacimiento de Bolivia y de las angustias de Azurduy.

Elevada al rango de Coronela por el libertador de Bolivia, el venezolano Simón Bolívar, Azurduy reunió a miles de indios que le plantaron cara, con escasos pertrechos, al poderoso ejército real de España.

Su gesta arrancó en forma en 1816, corridos 7 de los 16 años que duró la guerra emancipadora, cuando una fracción del Ejército de España detuvo a Manuel Asencio Padilla y lo mandó a ejecutar sin siquiera juicio sumario.

Le cortaron la cabeza y mandaron a exhibirla cerca de aquí, en la población que hoy lleva su nombre, Padilla.

"Fue una muestra brutal de pedagogía", ironiza Iturri.

Desde entonces, Azurduy se puso al hombro la responsabilidad de llevar a buen puerto la guerra hasta que, otros, vestidos de frac e inspirados en las doctrinas de la Ilustración francesa, formados en la academia Carolingea, tomaron la posta de la gesta en los últimos milímetros y la coronaron el 6 de agosto de 1825.

"En pago a sus servicios a la patria, las autoridades de la república le dieron un cargo de portera de una escuela en Sucre", recordó Iturri.

La heroína de la independencia de Bolivia pasó los últimos días de su vida en una habitación maltrecha, "durmiendo sobre un pellejo de oveja", sostuvo en tono de indignación el delegado de La Paz.

Azurduy pasó al ostracismo y fue a morir en compañía de la infaltable soledad y de un pariente suyo, "el muchacho Sandi", el que la amortajó y pidió una colecta para mandar a sepultar el cuerpo desbaratado por la ingratitud.

Azurduy murió el 25 de mayo de 1867, pobre y vieja.

"El chico Sandi pudo reunir un peso fuerte de entonces, monto con que consiguió que el cura eché unas desganadas abluciones y rezara una (no dos), una oración".

"Ese día en Sucre le negaron apoyo para enterrarla, porque estaban celebrando el día de la patria", reseñó Iturri.

Este pueblo situado en medio de un complejo de colinas verdes, trepado a menos de 1.000 m de altura sobre el nivel del mar, que ha vestido este día sus mejores galas, las pocas que conserva en el armario, guarda en un baúl que reúne ya varias capas de polvo, esta historia.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de la Embajada de Bolivia en la República Argentina / Web