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COMUNICADO DE LA EMBAJADA DE BOLIVIA EN ARGENTINA

Vanguardia minera defendió con su vida la nacionalización

Rebanadas de Realidad - Cambio, La Paz, 22/06/09.- La masacre de San Juan del 24 de junio de 1967 no fue el resultado de conflictos meramente laborales de los trabajadores mineros por un mejor salario o pulpería, fue sobre todo la represión a la defensa de la nacionalización de las minas y un hecho heroico que fue deformándose a lo largo de la historia, afirmó Édgar ‘Huracán’ Ramírez, ex trabajador minero y protagonista de la resistencia sindical.

“No es cuestión de una fogata; por la forma de cómo se ha ido deformando y desjerarquizando su alcance histórico, las dimensiones heroicas que tiene este hecho se lo convierte en un lloriqueo, cuando en realidad es un acto heroico de los hombres tallados en la dimensión del granito que han entregado su vida por el país”, reivindicó este acontecimiento Ramírez.

El otrora peón de interior mina (hace 42 años), trabajador minero y considerado activo defensor de los intereses estatales, dijo que es importante recordar la masacre y sus verdaderas causas, pues “ésta era una lucha por el país, por la nación, no era una lucha por una pulpería barata o un salario. Es por esa razón que los mineros de Bolivia eran denominados ‘la vanguardia’, porque ellos peleaban por todos”.

“Desde el 50 existieron una serie de intentos por liquidar a Comibol (Corporación Minera de Bolivia), uno de esos hechos es la masacre de San Juan, a la que se la ha adornado como un relato leyendesco para eliminar, liquidar de la memoria de los hombres las verdaderas causas de la masacre y empequeñecer las dimensiones y el alcance histórico que tenía la nacionalización de las minas”, sostuvo Ramírez.

Contexto político económico

Édgar Ramírez recordó que a raíz de la nacionalización de las minas, en 1952, jerárquicamente la Comibol tenía un presidente que era parte del gabinete ministerial y firmaba todos los decretos que promulgaban en el país con el título de ministro presidente de la Comibol.

Entonces, según recordó, el poder económico se había convertido en estatal –ya no era privado–; por lo tanto, el Estado podía manejar los recursos en “moneda dura” de la actividad minera.

Es así que el dinero que manejaban los ‘Barones del Estaño’ (Simón Patiño, Carlos Víctor Aramayo y Mauricio Hoschild) ahora era administrado por el gobierno del régimen dictatorial del general René Barrientos, quien no compartía la política e ideología nacionalista, por lo que “va a impulsar una serie de planes de rehabilitación que van a tratar de eliminar el alcance de la nacionalización, y el plan triangular –que viene en la segunda parte del segundo quinquenio de la década del 60– va a ser uno de los elementos esenciales que pretende eliminar a la Comibol”.

“Si (se) revisa el Código de Minería promulgado por el general Barrientos, va a encontrar que es del 7 de junio, y los conflictos en las minas contra el plan triangular y las intenciones privatizadoras del gobierno de Barrientos empezaron los primeros días de mayo”, mencionó Édgar Ramírez, ahora jefe del Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia.

Puntualizó que la masacre no se le ocurrió a Barrientos de “la noche a la mañana, sino que era un hecho que tenía características acumulativas; llegó a un momento tal en el que (el presidente Barrientos) no vio otro recurso que la masacre para imponer la privatización de la Comibol y poner en raya a los trabajadores mineros”.

El ex dirigente sindical sostuvo que la masacre de San Juan tuvo resultados lamentables, pero que fue parte de los varios conflictos librados por defender la nacionalización de las minas.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de la Embajada de Bolivia en la República Argentina / Web