Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
COMUNICADO DE LA EMBAJADA DE BOLIVIA EN ARGENTINA / Web

Los radialistas mineros en Bolivia

Por Wálter Ego

Rebanadas de Realidad - Diario Cambio, La Paz, 19/03/10.- En los años cincuenta del siglo pasado ocurrió el milagro de la comunicación radiofónica alternativa en Bolivia. Hacia 1962 había en el país hasta 23 estaciones de radio sindicales en otros tantos centros de producción minera, todas impulsadas y sostenidas por los trabajadores del subsuelo.

En realidad, aquel sistema de comunicación masiva inició en 1949 con la aparición de Radio Sucre, una emisora de la empresa minera de Simón Patiño en Siglo XX, para combatir las ideas socialistas y nacionalistas en auge contra la explotación capitalista y dentro del espíritu de la "guerra fría" anticomunista impuesta por el imperialismo.

La radio patiñista duró muy poco por dos razones: a) casi ningún trabajador tenía un radiorreceptor y la gente iba a escucharla en la plaza del campamento y b) Radio Sucre se salió del libreto empresarial porque sus locutores, los profesores Fernández y Mejía, normalistas sucrenses, fueron denunciados como anarquistas por los gerentes de la empresa, Heuser y Lang. En junio se cerró esa radio y los maestros fueron echados del distrito minero. Fue en agosto de ese 1949 que ocurrieron dos masacres de la Rosca minero- feudal contra los obreros en Llallagua, Catavi y Siglo XX.

Con la victoria de la Revolución Nacional del 52 inició el auge de las radios sindicales. Primero La voz el minero de Siglo XX, luego Radio Nacional de Huanuni, después 21 de Diciembre de Catavi y, así, hasta ser las 23 que se aureolaron con la identidad proletaria y devastaron con la represión armada de las dictaduras.

Historia no escrita aún, la de las radios mineras. Se siente y resiente la falta del testimonio de sus hacedores -locutores y periodistas- y de sus oyentes, los miles de ex mineros esparcidos en el territorio boliviano.

Hay, cierto, algunos libros escritos por gente ajena a esa gesta -Vigil, Gumucio y otros diez- que no hicieron otra cosa que recopilar datos y relatos de algunos dirigentes y locutores, materiales que luego se plagiaron entre autores para ostentarse incluso internacionalmente como especialistas de la comunicación alternativa boliviana. ¿Dónde está el atlas testimonial de las radioemisoras sindicales escrito por sus trabajadores en el tiempo y el espacio de esa pionera y a la vez traumática experiencia mediática?

Se habla de las radios mineras como un suceso adocenado de vatios, antenas, programas, micrófonos y equipos de transmisión, pero nada se dice de la situación social de los locutores, reporteros y operadores que dependían del dinero que les pagaban los mineros, sus patrones, reducidos a su vez a salarios infamantes.

A nadie inquietó el desprecio que por los radialistas tenían don Juanito Lechín y los comunistas o trotskistas obcecados en la idea de que eran más importantes el periodiquito y el volante partidarios. ¿Alguno se preguntó quién o cómo se preparaba a los radialistas mineros para afrontar desde el micrófono la violencia mortal de la represión militar y la subsecuente destrucción de sus radios? ¿Alguien abordó la crítica dependencia de las radios proletarias frente a las capitalistas casas importadoras de consolas, micrófonos, grabadoras, lámparas, etc.? ¿Quién abordó los casos de pago de sobreprecios y/o negociados de ciertos dirigentes con los gerentes comerciales, so pretexto de las divisas de importación?

El pueblo dice hoy que aquellas radios mineras entraban por los oídos, hacían abrir los ojos y daban voz a la boca. ¿Qué fue de ellas y de sus hacedores? En el Día del Radialista boliviano deseo abogar por la actual oscura suerte de tantos locutores, reporteros y operadores de aquella heroica realidad mediática.

Ciudadanos sin derecho a una pensión indemnizatoria, faltos de un seguro social pese a su trabajo por la liberación del pueblo y la patria. La mayoría están aún vivos y sus antiguos oyentes podrían dar testimonio público de ellos.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de la Embajada de Bolivia en la República Argentina / Web