| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
| COMUNICADO DE LA EMBAJADA DE BOLIVIA EN ARGENTINA / Web | |||||
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La página en blanco |
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| Por Pablo César Groux, ex Ministro de Culturas y actual embajador de Bolivia ante la Unesco | |||||
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Artículo escrito antes de la promulgación de la Ley contra el Racismo |
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Rebanadas de Realidad - Diario Cambio, La Paz, 09/10/10.- Me parece insolente el hecho de que los medios de difusión, que no es lo mismo que medios de comunicación, abran sus ediciones con páginas en blanco o minutos de silencio por la supuesta agresión a la libertad de prensa, que no es lo mismo que libertad de expresión. Es comprensible, sin embargo, su frustración porque por primera vez una norma de formación social los involucra directamente. Desde 1925, año en el que los medios de comunicación impresos fueron objeto de una reglamentación, los medios fueron ajenos a las leyes del Estado y como si se tratase de fierecillas libres y salvajes, fueron desarrollando sus músculos hasta ser mucho más fuertes que la propia organización política, social e institucional que hace al Estado de derecho. En tiempos de la Ley de Imprenta, realmente no se sospechaba que recién cuatro años después, en 1929, se crearía la primera radio comercial de Bolivia, no se imaginaba que 44 años más tarde, en 1969, surgiría la primera estación de televisión (pública por cierto) y mucho menos, que aproximadamente 66 años después, en 1991, haría su aparición el Internet en nuestro país. Entre tanto, en el mundo se habían desarrollado instituciones, formado profesionales, creado sistemas, construido metodologías y epistemologías y también, oh sorpresa, se había legislado el rol y funcionamiento de esas nuevas instituciones del siglo XX, sin que se asuma como una agresión, sino como una necesidad por el bien de los propios trabajadores de los medios de comunicación y también de sus propietarios, que el Estado reglamente su trabajo y funcionamiento en respeto a sus derechos, pero también de sus obligaciones en función del interés del colectivo social. Ésa es la ley. Ahora que en Bolivia se pone en consideración una ley de lucha contra el racismo y toda forma de discriminación, los profetas del anarquismo, aquéllos de opinión alegre e irresponsable, los maestros del arte de la confusión interesada, mezclan con alquimia perversa ambas temáticas. Cuando se trata la Ley contra el Racismo, ellos hablan de la ley mordaza y acuden a consorcios empresariales como si fueran tribunales internacionales y no faltan quienes acudirán ante el mismísimo Papa, como no, para pedir que en Bolivia no se sancione el racismo porque eso, según esos, significa atentar contra la libertad de expresión. Y así razonan quienes construyen la opinión pública, intentando esconder con un dedo lo que significa la Bolivia de estos tiempos. Quienes se oponen a enfrentar el racismo en Bolivia, engañando a la gente con el argumento de la censura a los medios, demuestran la soberbia de los que se creen extraordinarios, tal vez más desarrollados que el común de los mortales y al mismo tiempo más necios por no reconocer que no es fácil olvidar lo vivido. Suponen que el mundo cerrará los ojos a todo lo que ha visto a través de los propios medios que ahora reclaman, durante las últimas décadas, no desde el gobierno de Evo ni por él, sino décadas en las que los propios medios han mostrado un país que actuaba con racismo explícito y discriminación abierta. Esos ciudadanos inocentes de la manipulación perversa que los motiva, pretenden negar que el trabajo de algunos periodistas haya pasado de la noticia a la opinión de charlatanes mediáticos y de ahí, a la apología de la violencia racial como nos consta a todos y todas en Bolivia. No es sano para nadie desconocer que esta norma no tiene que ver con la libertad de expresión, sino con la dignidad de las personas, de todas las personas, absolutamente de todas las personas, incluso de los periodistas y comunicadores, que más allá de las cámaras, las grabadoras y sus credenciales son seres que se han criado en una sociedad colonial que discrimina a los indígenas, a los mestizos, a las mujeres, a los jóvenes, a los ancianos, a los niños y las niñas y a todo aquel que no respete el estereotipo de los blancos barbudos conquistadores que llegaron a estas tierras sin las bellas y blancas mujeres que los parieron, porque venían a la conquista y dejaron conquistados durante siglos a sus víctimas, ésas que ahora comienzan a deshacerse de aquellos prejuicios y malformaciones sociales que los han postergado y discriminado en el mundo de los "blancos" por medio de las leyes. Y sin embargo es correcto subrayar que no son todos, son algunos que no pueden seguir impunes; no son todos porque no todos son delincuentes, pero hay leyes que sancionan distintos tipos de delito y no tienen por qué sentirse aludidos quienes por principios éticos y formación profesional no discriminan, aunque tengan en sus manos el poderoso instrumento del micrófono. Los otros, esos pocos, a callar la boca y tragarse para siempre su veneno racista y discriminador, hay por fin en el Estado una ley que los sanciona, una ley que transfiere responsabilidad a los propietarios, directores, editores y a los propios periodistas de trabajar con respeto y profesionalismo, eso es, con mayor precisión, la tan mentada autorregulación. Pero al parecer existe temor a no callar esa saña discriminatoria y racista que destilan. Parece imposible pensar antes de hablar, hay miedo a corregir esa adicción perversa a denigrar, hay, en pocas palabras, un profundo miedo a cambiar. Por eso es insolente con un país tan indio como mestizo, ofrecer periódicos con páginas en blanco o radios en silencio, porque la gente de la calle, del mercado, del minibús y de la oficina, aquel que ayuda llevando los papeles o incluso el que hace las cuentas del periódico, no comprenderá cómo es posible que ahora, justo ahora en que surge una norma que ponga fin a ese maltrato encubierto con hipocresía, los que deben escribir no escriban, los que deben hablar no digan nada y todos parezcan esconderse en una vieja norma que además de no ser vulnerada por esta otra que ahora se debate, tenga casi un siglo de un estúpido abandono en sus viejos y coloniales principios, esos tristes argumentos que ahora algunos utilizan para sostenerla, porque está agotada y moribunda. |
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El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de la Embajada de Bolivia en la República Argentina / Web |
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