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OPINIÓN

El principio de reciprocidad de los cambios

Al Dr. Carlos Maldonado, que se dio cuenta

Por Alberto Buela (*) / Correo: alberto.buela@gmail.com

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 19/09/07.- Hace ya muchos años en 1975 publicamos uno de nuestros primeros artículos en la revista Bancarios del Provincia sobre la subordinación de la economía a la política donde enunciábamos el principio de reciprocidad de los cambios. Pasados treinta y dos años pareciera que todo sigue igual, ni los economistas han acusado recibo de la idea ni los políticos se han honrado en meditarla. Nosotros hemos sentido hablar por primera vez de este principio en el curso de economía política que nos dictara el honorable Dr. Ciccero como materia del último año del secundario, allá lejos y hace tiempo.

El asunto consiste en lo siguiente: El proceso económico inicial nos muestra que el hombre puede producir uno o algunos productos o brindar uno o algunos servicios, pero no todos. Y como para vivir se ve obligado a consumir muchos productos o utilizar muchos servicios que él no realiza o produce, el hombre (y la mujer) se ve obligado a intercambiar sus productos o servicios por el de los otros.

De este hecho elemental surge la ley primera de la economía: La de la oferta y la demanda, la que sostiene que existe una relación de mutua dependencia entre el valor de los bienes y la demanda que de ellos se hace. Así, bienes que existen en cantidad reducida y muy demandados suben de valor, mientras que bienes poco demandados y muy ofertados bajan de valor.

En las sociedades donde rige un minimum de justicia los intercambios se realizan entre individuos diversos y bienes diversos y esto no puede ser reglado por la justicia correctiva expresada en la ley del Talión: Ojo por ojo y diente por diente. Por otra parte se necesita algo más que la ley de acero de la oferta y la demanda pues todo cambio económico afecta e implica cambio social.

Así mientras que tanto en la justicia distributiva como en la conmutativa el acto de la justicia aparece representado verticalmente por la acción del juez, en la justicia recíproca el acto de justicia es horizontal lo realizan las partes interesadas o en juego. Aquellas que intercambian.

La justicia correctiva o conmutativa, aquella que regula las relaciones entre las personas privadas hace que los cambios se efectúen según la ley de igualdad aritmética sin consideración de las cualidades o méritos personales (una mercadería y su precio; un trabajo y su salario). En cambio en la justicia distributiva que regula las relaciones entre la sociedad y sus miembros se debería asegurar una distribución de los bienes, proporcional a los méritos y capacidad de cada uno.

A diferencia de estas dos clases de justicia, la ley de reciprocidad de los cambios que venimos a estudiar acá, enunciada por Aristóteles en su Etica Nicomaquea dice así: "la reciprocidad (de los cambios) debe ser según la proporción y no según la igualdad aritmética" 1132 b 33, nos muestra un aspecto postergado por los economistas profesionales y jueces en lo económico.

La importancia del análisis de la reciprocidad de los cambios para el problema de la justicia económica estiba en que se aplica en transacciones voluntarias, al contrario que la ley del Talión, que se aplica generalmente a transacciones involuntarias.

Es que lo justo en toda transacción económica es que cada parte ofrezca "proporcionalmente" a lo que recibe y no "igualmente", de ahí que es injusto cambiar un paquete de cigarrillos por un automóvil o una computadora por una cerveza, incluso más allá de la razón de necesidad que pueda obligar al intercambio, habida cuenta que cada hombre en el ámbito económico reviste el doble carácter de productor y consumidor.

En el intercambio de bienes económicos el valor del producto o servicio está dado no solo por la calidad y cantidad de trabajo humano para su realización(hecho rescatado por la teoría económica marxista) sino también por la capacidad del bien de satisfacer una "necesidad humana".(verdaderas o, en su defecto, falsas, como son las creadas por la publicidad).

"La ley de reciprocidad de los cambios, decíamos en ese primerizo trabajo de hace 32 años, viene a responder a la pregunta que dice: ¿Cómo debe ser el intercambio para que el productor-consumidor tenga interés y posibilidades de seguir produciendo y consumiendo? . El cambio debe realizarse de tal manera que al final del mismo tanto el productor como el consumidor, tanto el que vende como el que compra, puedan conservar, incrementado o disminuyendo aquello que tenían antes de la transacción en forma proporcional.

Nuestra experiencia en muchas charlas con economistas, recuerdo una con Eric Calcagno (padre del actual embajador argentino en Francia), prestigioso economista del campo nacional y popular, quien ante mi ponencia respondió que la economía no se ocupa de los problemas morales, reduciendo así el principio de la reciprocidad de los cambios a un postulado ético. ¡Qué grave error!. ¡Qué visión limitada e Ilustrada de la economía!. Y eso que se trata de un emblemático economista "nacional", imagínense Uds. qué sucede con los economistas liberales que son mayoría. Con justa razón afirmaba don Arturo Jauretche que: la economía es demasiado importante par dejarla en manos de los economistas.

En nuestro último trabajo Notas sobre el peronismo, hemos sostenido que: "Perón propuso en su libro de economía Los Vendepatria la capitalización del pueblo y la morigeración de la ley de oferta y demanda del capitalismo salvaje, por la vieja ley griega de reciprocidad de los cambios, según la cual luego de un trueque comercial justo las dos partes deben quedar en posiciones medianamente equivalentes de las que tenían antes de dicho trato comercial, y no una empobrecida y la otra, enriquecida a costa de la primera".

Así funciona el principio de reciprocidad de los cambios en la economía y si miramos con atención vemos como las leyes recientes de defensa del consumidor y las nuevas secretarías de Estado creadas al efecto se apoyan en este principio fundamental de la economía, ignorado por los economistas.

Si bien, "el verdadero valor de cambio es la necesidad " y la que determina a un bien como "bien escaso", sin embargo, es la moneda la que realiza la intermediación proporcional entre bienes diversos, valorando en tres dólares un café y en diez un almuerzo.

Así la moneda que es una medida convencional viene a traducir la verdadera medida que es: la necesidad, pues "si de nada tuviesen necesidad los hombres, o las necesidades no fuesen semejantes a todos, no habría cambio"

Vemos como el precio según la ley de reciprocidad de los cambios no puede quedar librado al monoteísmo del mercado y su ley de la oferta y la demanda sino que tiene que estar regulado además por la reciprocidad proporcional de toda transacción económica justa. Y como el valor de los bienes económicos no es un valor absoluto sino relativo en tanto bien útil dentro de ciertos límites, que imponen los fines objetivos de la naturaleza humana, nada impide que los bienes económicos (algunos, sobre todo los estratégicos) sean fijados por una instancia superior jurídica o política en vista a los verdaderos intereses del bien común general del pueblo de la nación.

(*) Filósofo (mejor arkagueuta). Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos. Federación del papel. Escuela de Gobierno Pcia. de Bs.As.
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