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San Martín: Dos miradas con 33 años de distancia

Por Alberto Buela (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 31/08/05.- El lunes 21 de agosto de 1972 en el diario Crónica de Comodoro Rivadavia, lugar de nuestro primer puesto de trabajo como filósofo, mejor arkagueuta (eterno comenzante) en la definición de Platón, nos publicaban nuestro primer artículo: Qué es la Patria o cuál es su sentido. Ayer nomás, el 18 de agosto nos invitaron a dar una charla en el Pami de San Martín, también sobre nuestro libertador. Enviamos aquí los dos textos que jalonan la historia de un pensamiento.

Qué es la Patria o cuál es su sentido

Aprovechándonos de la ocasión que nos brinda un nuevo aniversario, conmemoración de la desaparición física del General San Martín, vamos a tratar de explicitar, amparándonos en dicha circunstancia, cuál es el sentido de Patria, qué es la Patria.

Todo hombre cae en la vida, es decir, en esta enfermedad mortal que nos acompaña desde que somos, en un lugar y en un tiempo determinado, pues el hombre- ese ente reflexivo- necesita darse para llegar a ser al igual que el resto de los seres reales: la silla, la pared, el auto, etc., un lugar en el espacio y un sitio en el tiempo. Y así vinculado íntimamente a la tierra que lo vio nacer y al tiempo que lo vio crecer el hombre se constituye en ese y este hombre determinado que somos todos nosotros. Es decir, el ese y este mentan la circunstancia espacio-temporal de esta existencia única, singular e irrepetible que somos nosotros, cada uno de nosotros.

Mas, y aquí surge nuestra incipiente reflexión filosófica según la cual creemos que la Patria es el nexo común que nuclea a través de un vínculo emocional a las existencias singulares a un espacio terrenal , que una vez reconocido por los otros, se constituye como unidad indisoluble, comenzando a vivir desde ese momento un tiempo histórico propio. Es decir, el sentido de la Patria, el ser de la Patria, creemos que hay que buscarlo en la unidad que se establece entre: por un lado, el existente singular y concreto - el hombre de carne un hueso -, y por otro, la realidad histórico geográfica que le da cabida. De esto, sin mucho esfuerzo intelectual se desprende que cualquier tipo de acción presente que no se realice en unidad con lo que involucra el tiempo histórico de un espacio terrenal determinado es una acción aparentemente patriótica, pues en ella se desvirtúa el sentido de lo que es la Patria.

Terminada con esta pequeña meditación filosófica y bajando a la realidad de nuestra Argentina, tierra de revoluciones nefastas y de gobiernos apátridas, creemos que una verdadera revolución - entiéndase por revolución la sustitución violenta de un régimen por otro- (Cfr. Raymond Aron: El opio de los intelectuales, Ed.Leviathan, Bs.As. 1957, pág. 45) debe suprimir conservando, para así en un tercer momento, superar en síntesis abarcadora los dos momentos antitéticos que la precedieron.

Es decir, una revolución en un primer momento es negadora del orden real existente, mas no debe quedarse en este primer momento, pues de lo contrario se quedaría en la negación absoluta tal como ocurrió en la época del Terror en Francia, el nazismo en Alemania o el stalinismo en Rusia. Una verdadera revolución incorporar lo que niega conservándolo, para así, primero, no caer en el error de lo por ella suprimido, y en segundo lugar, establecer un hilo de continuidad con la tradición histórica. Por último, en un tercer momento, que sería el de la positividad, debe apoyándose en el error superado, llevar a cabo la verdadera revolución nacional.

Si esto es así, esperamos en futuras colaboraciones aclarar, desarrollando las oscuridades del presente artículo, como así mismo, la problemática de una consideración de lo que entendemos por revolución.

San Martín como proyecto de nación

Como no somos historiadores, trabajadores sobre pasado, sino arkagueutas nos vamos a acercar al padre de la Patria desde el futuro.

San Martín al igual que los otros grandes libertadores de América; Bolivar, Morazán, Artígas y el cura Hidalgo, como su proyecto de nación, nos está haciendo un llamado desde el futuro y no sólo del pasado como piensan los historiadores.

Así al sostener que: no soy de ningún partido, porque mi partido es América se está definiendo en contra de la patridocracia que siempre es una versión parcial - partido viene de parte- y, al mismo tiempo, nos está fijando un ideario, una finalidad por la cual luchar: La liberación y la unidad de la América del Sur.

El, en su tiempo y a través de la lucha armada liberó tres países: Argentina, Chile y Perú, para ello cruzó los Andes a alturas de 4000 a 5000 metros con 9000 mulas, 1500 yeguarizos y casi 6000 hombres. Venció al ejercito español en Chacabuco y Maipú y por mar se embarcó con sus hombres hacia el Callao-Perú para atacar por la retaguardia y vencer al ejercito del español Pío Tristán. Gobernó el Perú en forma ejemplar y magnánima, y cedió el mando a Bolivar en Guayaquil retirándose para morir en Francia.

San Martín no tiene libros ni escritos, tiene cartas. Y es en ellas donde se muestra toda su sapiencia y patriotismo. Y así como su ideario está plasmado en su lucha armada: "Seamos libres, lo demás no importa nada", decía el Libertador a sus paisanos soldados. De la misma manera su conformación ideológica está en sus cartas. Y es en una de ellas, la que dirige el 28 de septiembre de 1846 a su amigo dilecto Tomás Guido, que lo acompañara en todas sus aventuras: "yo soy como las mulas chúcaras que orejean al menor ruido, es decir, que estoy sobre el "quién vive" de todo lo que viene de Inglaterra, y aunque esta prevención podría extenderse a sus aliados contra nuestro país, como Francia, éstos son toros más claros, y verdaderos niños de teta comparados con sus rivales".

Vemos como acá, San Martín nos vuelve hablar desde el futuro. Muestra de una vez y para siempre con una simple y clara distinción quién y quiénes son los enemigos de Nuestra América y de la Argentina en particular: los ingleses. No en vano Martín Fierro hablará unos años después de Incalaperra para referirse a Inglaterra. E Yrigoyen la enfrentará declarando el 12 de octubre como día de la raza hispanocriolla, en contra de la voluntad expresa de la cancillería inglesa. Y Perón tendrá luego sus enfrentamientos. Y casi cuarenta años después, en 1982, iremos contra ellos en la guerra de Malvinas. Y hoy ocupan impunemente parte de nuestro territorio.

Todos estos hechos históricos, y solo hablamos de los más emblemáticos, dejando de lado la expoliación de la riqueza nacional por parte de las empresas y la banca inglesa, muestran a las claras la prevención de San Martín: el enemigo es el inglés. Seguramente que no va a faltar un buey corneta, que con ese tono de democratismo imbécil de progresista desencantado hasta de su sombra, salte y nos diga: pero no todos los ingleses. Idiota, no es la economía, dijo Clinton.

El inglés como pirata, como espumadores de mares, según Carl Schmitt, como los minipuladores de la finanza internacional, como creadores de la aproximación indirecta en todos los órdenes de la vida, y no simplemente en el militar como creía Lidder Hart. En una palabra, como el enemigo histórico de todo aquello que tenga una gota de sangre hispana a partir de la histórica nueva alianza entre Cromwel y Manaseh Ben Israel(Manuel Martínez Dormido, sefardí de Amsterdan).

San Martín lo vio, San Martín lo dijo, San Martín nos previene desde el futuro: "yo soy como las mulas chúcaras que orejean al menor ruido, es decir, que estoy sobre el "quién vive" de todo lo que viene de Inglaterra."

(*) Asesor del Consejo Directivo de la CGT y vice presidente del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos (CEES). Instituto Cultural Pcia. de Buenos Aires.
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