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El mito de las Cigarras (III)

Por Alberto Buela (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 18/09/05.-

Ubicación

El Fedro compone junto con el Banquete, Fedón y República los diálogos de madurez de Platón. La riqueza temática del Fedro al tener no uno sino tres objetos primordiales de desarrollo: el amor, el alma y la retórica, lo vincula a los otros tres diálogos mencionados. Así, el amor lo vincula al Banquete, el alma a la República y al Fedro. Las coordenadas para la ubicación del mito de las Cigarras en la numeración de Stephanus son 259 a-d.

Texto

El mito de las Cigarras es, de entre todos los mitos que utiliza Platón en su extensa obra, una invención suya. No consta en la tradición anterior. Y tiene una cierta semejanza con el mito de los cisnes relatado en el Fedón 84e-85b. Platón lo utiliza aquí para indicar al hombre que no debe dejar de investigar, ni aún a favor del descanso.

"Sócrates - Bien, creo que tenemos tiempo. Y me parece además, como si, en este calor sofocante, las cigarras que cantan sobre nuestras cabezas, dialogasen ellas mismas y nos estuviesen mirando. Y si nos vieran a nosotros dos que, como la mayoría de la gente, que no dialoga al mediodía, sino que cabeceamos y nos dejamos encantar por ellas debido a nuestra pereza intelectual, se reirían a nuestra costa, tomándonos por esclavos que, como ovejas, habían llegado a este rincón, junto a la fuente, a echarse una siesta. Pero si acaso nos ven dialogando y sorteándolas como a sirenas, sin prestar oídos a sus encantos, el don que han recibido de los dioses para dárselo a los hombres, tal vez nos lo otorgasen complacidas.

Fedón. - ¿Y cuál es ese don que han recibido? Porque me parece que no he oído mencionarlo nunca.

Sócrates. - Pues en verdad que no es propio de un varón amigo de las musas, el no haber oído hablar de ello. Se cuenta que, en otros tiempos, las cigarras eran hombres de ésos que existieron antes de las Musas, pero que, al nacer éstas y aparecer el canto, algunos de ellos quedaron embelesados de gozo hasta tal punto que se pusieron a cantar Se cuenta que, en otros tiempos, las cigarras eran hombres de ésos que existieron antes de las Musas, y en ese olvido se murieron. De ellos se originó, después, la raza de las cigarras, que recibieron de las Musas ese don de no necesitar alimento alguno desde que nacen y, sin comer ni beber, no dejan de cantar hasta que mueren, y, después de esto, el de ir a las Musas a anunciarles quién de los de aquí abajo honra a cada una de ellas. En efecto, a Terpsícore le cuentan quién de ellos la honran en las danzas, y hacen así que los mire con más buenos ojos; a Érato le dicen quiénes la honran en el amor, y de semejante manera a todas las otras, según la especie de honor propio de cada una. Pero es a la mayor, Calíope, y a la que va detrás de ella, Urania, a quienes anuncian los que pasan la vida en la filosofía y honran su música. Precisamente éstas, por ser de entre las Musas las que tienen que ver con el cielo y con los discursos divinos y humanos, son también las que dejan oír la voz más bella. De mucho hay, pues, que hablar, en lugar de dormir la siesta al mediodía".

Sócrates sólo menciona cuatro de las nueve Musas: Terpsícore que lo es de la danza, Erato del amor, Calíope de la elocuencia y la épica, Urania de la astronomía. Las cinco restantes son: Melpómene del canto, Polímnia de la poesía lírica, Clío de la historia, Euterpe de la flauta y Talía de la comedia.

El canto de las cigarras es una introducción al asunto final de este diálogo sobre los lenguajes orales y escritos, en donde Platón va a recurrir a otro de sus mitos; el de Theut.

Es interesante notar como a las cigarras se les atribuye un origen humano; "Se cuenta que, en otros tiempos, las cigarras eran hombres de ésos que existieron antes de las Musas". En nuestra tradición nacional también se las hace nacer como al hombre desde la tierra. Y así dice la chacarera: "como el coyuyo (cigarra en quichua) cantor que nace desde la tierra". Desde niños hemos aprendido que a las chicharras (cigarras) no se las mata, hay que dejarlas que canten hasta que se pase el calor.

Trabajar e investigar incluso cuando canta la cigarra, en pleno calor, es la enseñanza final de este mito. Hegel dice en su Filosofía de la historia que no puede haber filosofía en les petites pays chaut (los pequeños países cálidos) en cambio Platón, con este mito, viene a sostener que, a pesar del calor, debe hacer filosofía.

Así pues, las cigarras que no son otra cosa que hombres que olvidaron su propio cuerpo: "sin acordarse de comer y beber", por la ilusión del conocimiento, nos incitan con su canto a la investigación.

Y es a las musas Calíope, de la retórica, y Urania, de la astronomía, a quienes ellas les dicen cuales de los hombres, "pasan la vida en la filosofía y honran su música". El esfuerzo pedagógico de Platón es extraordinario, porque no elige a los musas al tun... tun o porque sí, sino que elige a la musa de la retórica porque en el hombre hay que llegar al conocimiento de la verdad "por la persuasión". Y a la musa de la astronomía porque ésta, sinónimo de filosofía en aquella época, defiende al hombre de la charlatanería de los sofistas o falsos filósofos que apoyados sólo en retóricas y discursos lo arrastran al camino de la "apariencia de la verdad, de las cosas, el mundo y sus problemas.

Este mito de las cigarras muestra la trabajosa disposición del hombre hacia la verdad. El hombre tiende a dormir, a pasarla bien, a no sacrificarse en detrimento de su propio cuerpo. Este mito, es una loa al esfuerzo, pero no una apología del esfuerzo. Si lo leemos detenidamente vemos en él, esa mesura, ese sano equilibrio del espíritu griego, aquél que nos dice, sugiriendo y no imponiendo, aquello que debemos hacer.

(*) Asesor del Consejo Directivo de la CGT y vice presidente del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos (CEES). Instituto Cultural Pcia. de Buenos Aires.
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