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Democracia y Movilización

Por Alberto Buela (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 20/10/05.- El orden liberal-conservador que rige a partir del derrumbe de la bipolaridad capitalismo vs.comunismo con la implosión de este ultimo en 1991 ha establecido, aparentemente, un mundo unipolar bajo la égida de los ideales liberales en economía y conservadores en política.

El peronismo que como movimiento político no es ni liberal ni conservador se ha transformado como partido político en un partido de "oportunistas" que a destajo de los ideales movimientistas y contestatarios de la corriente creada por Juan Perón, se sumo al orden liberal-conservador a partir de 1989 con la asunción de Menem al poder. Y hoy con Kirchner en el poder, más allá de sus declaraciones en sentido contrario, sigue jugando el mismo papel convalidando el orden propuesto por el gobierno de los Estados Unidos y su proyecto mundialista del one world.

Sin embargo, a pesar de la hegemonía que presenta el proyecto mundialista las respuestas se multiplican y ello no sólo porque el estado de injusticia social es flagrante sino, sobretodo, porque el modelo hegemónico liberal-conservador no respeta las diferencias. Y como, guste o no, en Argentina la diferencia política en el orden nacional e internacional la establece el peronismo como movimiento mayoritario de masas, se desprende de suyo que no puede existir política nacional viable con la exclusión del movimiento peronista. Todo pacto, todo conciliábulo que se haga a espaldas de este gran movimiento de masas afecta a la gobernabilidad política del Estado y torna inverosímil su realización.

Y es esta capacidad de movilización popular la que entró a jugar a partir del 19 y 20 de diciembre 2001, derrocando al gobierno de la Alianza con la manifestación en la Plaza de Mayo y que no termino engullida por el sistema como se preveía sino que perdura en múltiples y variadas organizaciones sociales, aun no encausadas ni institucionalizadas.

Una de las categorías permanentes de análisis de la metapolítica es la de "colonización cultural a través de los mass media", otra la de "movilización total". Y es en esta ultima que deseamos detenernos a fin de ofrecer una cierta salida a la tenaza ideológico-polìtica que nos ofrece la conjunción de modelo hegemónico y mass media.

El concepto de movilización popular, masiva o total tan caro a la naturaleza del peronismo es lo que heredamos del 17 de octubre de l945 como contenido ideológico insustituible de nuestra practica política. Así el peronismo subspecie socialcristiana (la renovación ) de los años 80 fracasó: ni la democracia cristiana le creyó que era democrático. El peronismo light , versión liberal, de los 90 fracasó, porque no pudo hacer frente a la avalancha mediática que le decía cómo tenia que ser, para admitirlo "democrático".

Lo que hay que afirmar una y otra vez, es que el peronismo, Perón y Evita, manejaban otro sentido de democracia diferente a la versión demoliberal -conservadora. No olvidemos aquella observación de Perón cuando afirmo ese memorable 17 de octubre: "Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus auténticos derechos".

El pueblo movilizado realiza eo ipso y sin intermediarios ni representantes la gestión democrática por antonomasia: hacer saber, por acclamatio, a sus gobernantes que es lo que quiere. Esta democracia por aclamación no la resiste nadie. Y así como Menem no podía ir a la cancha de su amado equipo de River, de la misma manera cualquier dirigente político hay no pasa la prueba de fuego de hablar en una cancha de fútbol sin recibir un abucheo, esto es, una acclamatio a la inversa.

Este concepto de "movilización total" fue estudiado bajo otras características por Ernst Junger en su época del realismo heroico, así como por el Gral.De Gaulle en sus meditaciones sobre la guerra. Por el contrario, Perón descarta el aspecto bélico de la movilización y le otorga una dimensión y significación política como pueblo en marcha que crea en los gobernantes las condiciones para la decisión justa.

Esto último, y no otro, explica el sentido profundo de la movilización para el justicialismo: la creación en los gobernantes de las condiciones para la decisión justa.

Estamos viviendo en carne propia en un régimen totalitario "a la occidental" también llamado "totalitarismo democrático" , dentro del cual la mayoría y la oposición no disienten más que en puntos secundarios pero forman parte de la misma ideología que tiene como dios monoteísta: Al libre mercado.

Y frente al sistema como sostiene Guillaume Faye, hay que presentarse como un verdadero enemigo y no como un falso aliado.

Debemos dejar de hacer marketing político - buscando votos con hermosas fotos "a la kennedy"- para volver a la política como ciencia fundadora de un proyecto nacional plausible. Y sin esto, sin proyecto nacional no hay política nacional posible, hay sólo politiquería electoralista.

En estos días que estamos de elecciones, sedicentes ideólogos progresista sostienen a raja tabla que: en última instancia la batalla política es siempre social. Este es un reduccionismo social que sin percatarse le hace el juego al enemigo (los poderes indirectos, la alta finanza, las multinacionales, en definitiva, el imperialismo) porque lo que no quiere el enemigo es que "nuestra política local, argentina y suramericana, se dé un proyecto nacional y regional autónomo". Esta es la madre del borrego.

Es un error gravísimo que desde el peronismo, dicho revolucionario, se reduzca la política a lo social. Es el mismo error, mutatis mutandi, que cometieron los cristianos de base allá por los años del Vaticano II, que primero había que darle de comer a los pobres y luego predicarles la palabra de Dios. Olvidando que no sólo de pan vive el hombre. Y al final terminaron ni dándoles de comer a los pobres ni predicándoles la palabra. Le hicieron el juego a la izquierda internacionalista y la Iglesia se quedó sin gran parte de su clientela.

La política es la gran generadora de fines de la actividad humana en sociedad y si la bastardeamos en un reduccionismo social terminamos quitándole su poder de transformación (social, económico, cultural) e incluso político, porque es la única disciplina que se puede transformar a sí misma. Por ser ella la que maneja los fines últimos y superiores (los de las otras disciplinas le están subordinados). Será por eso que afirmó el viejo Aristóteles que "de los hombres que no llegan a filósofos, la actividad más elevada es la política".

(*) Asesor del Consejo Directivo de la CGT y vice presidente del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos (CEES). Instituto Cultural Pcia. de Buenos Aires.
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