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El kairós en la educación sexual

Por Alberto Buela (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 06/11/05.- ¿Quién puede estar en contra de la educación sexual de los niños? Nadie, salvo un orate o un troglodita. Pero en esta sociedad permisiva del homo consumans estos personajes no tienen ningún peso ni incidencia real.

Pero entonces, ¿ qué pasa con la reacción pública de los padres en contra de la enseñanza sexual en las escuelas primarias?. Ellos, por sus declaraciones no están tanto en contra del modo, las maneras y los métodos que se emplean en su enseñanza, pero si lo están sobre todo, si leemos atentamente las diferentes reacciones, en la crítica al destiempo respecto de la maduración de sus hijos en que se dictan estos programas.

Expresiones tales como: mi hija aún no maduró o él es un nene o sus prioridades son otras nos están indicando que los padres, sin saberlo pero con el conocimiento real de cada uno de sus hijos, le están diciendo al programa denominado "de salud sexual y procreación responsable" defendido a raja tabla por el médico y aficionado a la filosofía, José Mainetti, que el kairós , no ha llegado aún.

El kairós para los filósofos griegos era el tiempo oportuno, vinculado con la ocasión pero más sustantivo que esta. Es sabido que la ocasión la representaban los viejos romanos con pies alados y sobre una rueda, calva con un solo mechón en la frente y con un cuchillo que va cortando en la medida en que pasa. De ahí viene el dicho: a la ocasión la pintan calva.

Así, la idea de ligereza que encierra esta figura, nos indica que a la ocasión hay que asirla cuando pasa de lo contrario no hay como atraparla. Pero por otro lado, al tomarla hay que tener cuidado de no hacerlo antes que pase, buscándole de frente porque puede cortarnos. La ocasión sólo se la puede tomar cuando pasa delante nuestro. Ni antes ni después.

En cuanto al kairós griego, traducido por el tiempo oportuno, encierra la idea de "lo conveniente". Está vinculado con lo apropiado, con la medida, con la idea de equilibrio.

Y esta carencia es el sentido último de lo que están reclamando los padres al programa de educación sexual en las escuelas. Que al entregarle a niños y niñas de 11 años preservativos, pastillas anticonceptivas, la colocación de dispositivos intrauterinos, etc.etc. provocan el desequilibrio psíquico y emocional de niños a quienes aun no les llegó su kairós sexual.

Este kairós sexual llega en los niños a distintas edades, y sólo podemos determinarlo en cada uno cuando se va volviendo "especialista en manualidades" como graciosamente indica el Gabo García Márquez.

El hombre al ser un quién y no simplemente un qué, es único, singular e irrepetible como gustaba decir Max Scheler. Es persona, esto es, un ser moral y libre. Por lo tanto su maduración no es mecánica, a tal edad tal cosa y a tal otra, otra distinta. Y en el tema de la educación sexual que es un tema tan íntimo, tan privado, tan profundo, y por ende, tan rico, las autoridades tendrían que prever el escándalo en el inocente por una educación dada a destiempo. No olvidemos que en griego significa obstáculo, tropiezo e incluso, trampa.

Y lo que quiere todo padre para su hijo es que de entrada no tropiece en la vida, que no caiga en una trampa, que evite los obstáculos que le pueden hacer caer. Y esta falta de kairós en el programa de educación sexual en las escuelas argentinas, por la desmesura (la hybris griega opuesta al equilibrio) con que es llevado a cabo por autoridades, incapaces de vislumbrar el tiempo oportuno, el momento conveniente, termina siendo vivido por padres y alumnos como un desatino, una falta de criterio y sentido común, que es la crítica más demoledora que puede realizar el simple ciudadano de a pie u hombre vulgar. No olvidemos que nadie se queja de su falta de sentido común.

Por todo ello es que se dice que la primera y fundamental educación en todos los órdenes, el sexual incluido, debe venir de los padres. Que luego los maestros sistematizarán y profundizarán.

La cuestión no pude resolverse entre un obispo que habla de corrupción legal y un ministro que le contesta, fanático religioso. La cuestión sólo puede resolverse si las autoridades recapacitan y estudian detenidamente, casos testigos, y adaptan su programa de educación sexual al kairós sexual del niño a quien le van a enseñar. Y los padres, por su lado se ocupen y pre-ocupen también en educarlos en tal sentido, reelaborando los materiales recibidos. Descartando ellos, aquello que puede escandalizar a sus hijos y haciendo hincapié en los puntos más afines al kairós sexual de sus hijos, pues en esto todo padre es mucho más erudito que el sexólogo especialista.

(*) Asesor del Consejo Directivo de la CGT y vice presidente del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos (CEES). Instituto Cultural Pcia. de Buenos Aires.
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