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Alberto Rougés y el nacionalismo virtuoso

Por Alberto Buela (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 17/12/05.- Nace en la ciudad de San Miguel de Tucumán allá por 1880 realiza sus estudios secundarios en su provincia y se recibe en 1905 como doctor en jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires, teniendo entre sus maestros a Joaquín V. González y Juan Agustín García. Su vida transcurre entre la administración del ingenio paterno de Santa Rosa y el estudio de los problemas filosóficos, educativos y políticos. Es miembro fundador de la Universidad de Tucumán. Presidente del Consejo Nacional de educación de su provincia y del Instituto de investigaciones Miguel Lillo. Fallece en 1945 a los pocos días de haberse hecho cargo del Rectorado de su universidad.

Publica en vida una sola obra: Las jerarquías del ser y la eternidad (1943) y numerosos artículos que fueron publicados después de su muerte, según los variables criterios del compilador de turno. Unos en 1976 , otros en 1993 y otros en este año de 2005, todos bajo el título de Ensayos. Igualmente disponemos del voluminoso Epistolario de 700 apretadas páginas editado en 1999.

a) El meollo de su filosofía

El filosofar del "primer filósofo argentino", en juicio de ese gran estudioso del pensamiento americano que fue don Diego Pró, se apoya en el concepto de tiempo y tiene por objeto mostrar la primacía de lo espiritual. El es, junto con Alejandro Korn, uno de los primeros críticos al positivismo en nuestro país.

Su obra principal Las jerarquías del ser y la eternidad, denota el esfuerzo honesto y profundo de un hombre que intenta fijar la diferencia entre el acontecer físico y el acontecer espiritual.

Entre el ser y el acontecer físico que no posee ni pasado ni futuro sino sólo el presente como instante, encontramos el ser y el acontecer espiritual que es duración. Es por ello que en el mundo del espíritu la supervivencia del pasado en el presente hace al futuro susceptible de ser anticipado a través de las intenciones y presentimientos.

La vida espiritual está explicada por el autor mediante el auxilio de la noción de totalidades sucesivas, según la cual el pasado, el presente y el futuro del acto creador son indivisibles pero revocables, se pueden modificar.

Así el acto creador, el corazón mismo de la espiritualidad, según sus palabras, es el paradigma típico del acontecer espiritual, donde pasado, presente y futuro forman un todo indivisible que sería lícito afirmar que los tres nacen y crecen juntos hasta que aquél haya terminado.

Como puede apreciarse la distinción entre las realidades física y espiritual es terminante. Sobre todo según la perspectiva que adopta Rougés; esto es: la temporalidad como criterio distintivo. La que está afirmada explícitamente cuando sostiene: "la vida espiritual se opone a la realidad física en cuanto ella es una unidad temporal y ésta no lo es, ya que sus momentos se hallan irremediablemente separados entre sí". (1)

Teniendo en cuenta tajante diferenciación dentro de la totalidad óntica, el filósofo tucumano plantea, en un segundo momento, la escala jerárquica de los seres. Y así sostiene: Entre el ser físico y la eternidad, se hallan según sea la amplitud de su presente, o sea la dimensión del tiempo de éste, todas las jerarquías de la vida, todas las jerarquías del ser". (2)

El presente de la realidad física va a ser, entonces, desde el punto de vista de la dimensión temporal el más pobre de todos puesto que no posee ninguna. Su presente es un instante.

Por su parte el presente de la eternidad es el más rico ya que éste es un presente que comprende en sí mismo todo su pasado y todo su futuro. "Situados así, afirma Rougés, entre el ser físico y el máximo Ser espiritual, todas las jerarquías del ser son jalones del camino a la eternidad, momentos dramáticos de una empresa divina". (3)

Es dable destacar que el filósofo de Tucumán, según esta concepción jerárquica de los seres de acuerdo a la mayor extensión temporal de su presente, se ha opuesto en forma crítica a la concepción heideggeriana del hombre como ser para la muerte cuando afirma ya en el prólogo de su único libro en 1943, que: "Las vidas humanas de mayor jerarquía se hallan orientadas a más largo tiempo que las otras, viven, más que su propio punto de vista, el punto de vista de la sociedad a que pertenecen, al de la humanidad de la que ésta forma parte, y, en definitiva, si es dable expresarse así ,el de la divinidad, que es la más alta jerarquía de todo lo viviente". (4)

La representación de la propia muerte no tiene, por lo menos para tales vidas, la importancia decisiva que le atribuye Heidegger, puesto que el presente de aquéllas abarcan un tiempo considerablemente mayor que el de su propia existencia. No son ellos seres para la muerte, para su propia muerte, sino que son seres para la patria, para la humanidad, para la divinidad. Son los seres humanos que más viven en la eternidad, que más participan de ésta. Así, sostiene Rougés: "La propia muerte pierde para tales seres la importancia que tiene para quien vive para sí mismo, y hasta puede ser anhelada como medio para alcanzar la eternidad". (5)

b) Sus ideas sociales y políticas

Una vez vistas sus ideas fuerza en filosofía especulativa, veamos ahora la funcionalidad de la filosofía práctica: la política, la ética, la educación, la sociología, etc.

La primacía de lo espiritual lo lleva a rechazar la concepción materialista de la vida del individuo y de la sociedad. Y así caracteriza a los Estados Unidos como un coloso con pies de barro y a Rusia como el imperio del no hombre (artículo:"progreso hacia la muerte").

Los métodos que nos vienen desde el Renacimiento para conocer y dominar el mundo material son absolutamente inadecuados para conocer lo espiritual. Y así se reemplazaron, cada vez más, los viejos deberes que llevaban a una culminación del espíritu, por el dogma del bienestar material, el dogma del alto estándar de vida y el confort (artículo: "un guía ciego"). Y si nuestros antepasados hubieran profesado estos dogmas, jamás habría nacido la patria.(artículo:"meditación sobre las ruinas de San Miguel"). Tanto el socialismo como el liberalismo burgués tienen por dogma el bienestar material y la diferencia entre estas dos concepciones es una cuestión de distribución del bienestar material.(artículo: "la enseñanza laica").

La máxima incomprensión de estas ideología materialistas ha sido para lo espiritual, para las virtudes excelsas de los ascetas y de los santos. Hay que restaurar la vida espiritual y la viejas virtudes sociales que darán vida a las nuevas sociedades. Y sostiene: Llamaremos nacionalismo a esta restauración de la vitalidad social... y la paz que buscamos no debe ser la paz del bienestar material, paz que degrada y que es peor que la guerra, sino la paz del heroísmo de espíritu, del ascetismo, la que conduce al hombre a su destino espiritual: La paz cristiana" (artículo:"el nacionalismo y las ideas que matan").

Vemos pues como para Rougés la salida y solución a los males presentes es el nacionalismo entendido como práctica constante de las virtudes cristianas. De modo tal, que el suyo puede ser definido como un "nacionalismo virtuoso" mas que un nacionalismo político. En cuanto a sus trabajos de antropología cultural en orden a la recuperación del cancionero popular del norte argentino realizado por su discípulo Juan Antonio Carrizo, lo ha llevado a definir la cultura "no como la que vive en libros ni el bibliotecas, sino que vive en los que la crean y en el público de éstos, es decir, en los que aprecian la creación, la juzgan, la desechan o la acogen amorosamente, la internan en la entraña de su propia alma, y por ahí, en la entraña de un pueblo donde va a formar parte del fondo valorativo que caracteriza la personalidad de éste" (artículo: "educación y tradición"). Y que en el pueblo argentino se manifiesta, según Rougés, en la sentencia tradicional que dice: Aquel que se salva, sabe. Y el que no, no sabe nada. Vemos, una vez más, la afirmación de la primacía de lo espiritual en el primer filósofo argentino.

Notas:
(1) Rougés, Alberto: Las jerarquías del ser y la eternidad, U.N.T., 1962, p. 131.
(2) ídem ut supra, p. 133.
(3) ídem ut supra, p. 133.
(4) ídem ut supra, p. 14.
(5) ídem ut supra, p. 98.
(*) Asesor del Consejo Directivo de la CGT y vice presidente del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos (CEES). Instituto Cultural Pcia. de Buenos Aires.
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