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Algo acerca de los temperamentos

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A los doctores Mirta Clara y Jorge Dall´Aglio
Por Alberto Buela (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 17/03/06.- ¿Es válida la proyección de una clasificación física sobre una realidad psíquica o los principios de clasificación son radicalmente diferentes?

El mundo antiguo tenía cuatro elementos - aire, agua, fuego y tierra- ahora hay ciento diez y ocho. Claro está los elementos de la antigüedad tenían una connotación filosófica que estos de hoy no tienen.

Así el agua era para Tales de Mileto (fl.585 a. C) el primero de los filósofos, el principio constitutivo de todas las cosas, para Anaxímenes, quien le sigue en el clásico listado, es el aire, para Heráclito de Efeso es el fuego, para Jenófanes de Colofón es la tierra y para Empédocles de Agrigento (fl.450 a. C) son los cuatro elementos los constitutivos de todas las cosas. Así en un lapso de ciento treinta y cinco años se consolida la teoría clásica de los cuatro elementos.

Hipócrates, el padre de la medicina, tiene su floruit alrededor del 410, va a concebir al hombre compuesto por los cuatro elementos: el aire va a indicar el estado gaseoso, el agua el líquido, el fuego el ígneo y la tierra el estado sólido y va a sostener que el criterio de salud consiste en el equilibrio de estos cuatro elementos, los que van a ser proyectados la orden psíquico a través de su teoría de los temperamentos.

Los cuatro humores básicos que se le atribuían al organismo humano eran la sangre, la flema o pituita, la hiel o bilis amarilla y la bilis negra o atrabilis, de ellos deriva Hipócrates su teoría. Estos son cuatro y se clasifican en: sanguíneo, flemático, colérico y melancólico. Se los denominó temperamentos pues el término viene del latín temperare, que significa regular, equilibrar. Término que es la traducción latina del griego sophronéo: ser sobrio, estar en su sano juicio. Cuyo radical es soph= sophía, sophós, sabiduría, sabio.

Los rasgos típicos de cada uno de estos elementos físicos proyectados por Hipócrates en categorías psíquicas como los temperamentos para así poder comprender y explicar la enfermedad del hombre, son los siguientes:

  • a) El aire que está indicando un estado gaseoso y cálido, tiene primacía a través de la sangre sobre el temperamento sanguíneo, pues éste es modificable, como lo cálido que puede pasar a lo frío o lo caliente sin mayores cambios. Es apresurado y fácilmente excitable, pero esta excitación es siempre pasajera. La falta de perseverancia es su aspecto negativo. La naturaleza gaseosa de la sangre otorga al sanguíneo rasgos de sociabilidad y alegría de vivir.
  • b) El agua que indica un estado líquido y frío, tiene implicancia sobre el temperamento flemático determinado por la preponderancia de la linfa ( phéma). A diferencia del sanguíneo su rasgo es la perseverancia y una cierta lentitud en el obrar. Es frío como el agua en su actitud principal. La inacción es su aspecto negativo.
  • c) El fuego, que indica un estado ígneo y seco, tiene injerencia directa sobre el temperamento colérico donde se destaca la bilis amarilla( cholé). Es de emociones súbitas, fuertes y perdurables. Su aspecto negativo su descontrol. Su contrario es la dulzura. La naturaleza ígnea de la bilis otorga al bilioso un carácter apasionado, que lo impulsa a la inspiración poética y a las acciones heroicas. Está vinculado con los fenómenos de la ebriedad, dice Aristóteles, es por ello que a la excitación del comienzo con frecuencia siguen el mal humor y el abatimiento.
  • d) La tierra, indica un estado sólido cuya cualidad es la humedad. Su preponderancia se da sobre el temperamento melancólico en donde tiene primacía la bilis negra o atrabilis ( melaina cholé). Sus estados de ánimo son perdurables y su actitud es negativa con una fuerte impronta del dolor. Su contrario es la euforia. El temperamento atrabiliario, expresión que aún existe en nuestra lengua, es triste y perezoso, vinculados a los fenómenos de la demencia y el éxtasis de donde, según Platón, provienen las sibilas y las bacantes y todos aquellos a quienes se les atribuye inspiración divina.

Esta clasificación cuadrífica que fue mejorada por Galeno(flr. 200 d. C) como concepción médica perduró hasta el siglo XVIII y como concepción psicológica hasta nuestros días. La encontramos, entre otros, en Wilhelm Wundt (1832-1920) quien creó el primer laboratorio científico de psicología en 1879, en Hermann Ebbinghaus (1850-1909) psicólogo experimental que se destacó con su trabajo sobre la memoria, en Kretschmer (1888-1964), médico psiquiatra alemán, que realiza su estudio sobre la relación entre la constitución física y temperamento partiendo de enfermos que sufrían esquizofrenia y psicosis maníaco depresiva.

Observa que entre sus pacientes existe cierta correspondencia entre la estructura somática y la psíquica. Esto le lleva a sistematizar el estudio y a establecer una clasificación de tipos psíquicos: El esquizotímico donde sus características son: se desconecta fácilmente de la realidad y se aísla; su sensibilidad es marcadamente bipolar: o muy exagerada o muy disminuida; es muy susceptible y suspicaz o totalmente indiferente y frío; sus impresiones son más de orden psíquico que sensorial; exterioriza poco, es callado y reservado; su intimidad difícilmente puede ser penetrada; es poco influenciable por el ambiente y poco práctico. Se vincula a los temperamentos melancólico y flemático. El ciclotímico, donde sus características son: sociable, abierto, cordial; su vida está condicionada por el estado de ánimo fluctuando entre la alegría y la tristeza (ciclo), sin que haya causas externas que lo motiven; no tiene lógica fuerte; su capacidad de trabajo tiene orientación práctica. Se vincula con los temperamentos sanguíneo y colérico.

Conclusión abierta:

En la antigüedad el razonamiento era que se provocaban trastornos en la salud cuando demasiada bilis(fuego) provocaba calor febril y abscesos y demasiado frío (agua) catarros. Tal era la famosa teoría de los humores como causa de las enfermedades. Mientras que en el orden psíquico esa misma bilis en demasía provocaba un temperamento colérico, mientras que el exceso de linfa un temperamento flemático. Tal era la teoría de los temperamentos.

Es dable aclarar que para los antiguos esta relación entre elementos físicos y psíquicos no es una relación mecánica, sino que mediaba entre ellos el ethos= el carácter , que era aquello que el hombre conquistaba a través de la ejercitación de la voluntad practicando la areté= la virtud, considerada una segunda naturaleza, que "a-temperaba", el temperamento, que era la primera naturaleza, esto es, aquella con la que el hombre venía al mundo. De ahí la máxima: Con el temperamento se nace, el carácter se hace.

Hoy la medicina y la psiquiatría aceptan que la correlación entre el temperamento psíquico y la estructura corporal se observa en casos donde la glándula tiroides sufre una modificación funcional y como consecuencia su hormona se vierte en la sangre con mayor intensidad lo que provoca un cambio muy grande en el temperamento y la vida psíquica en general.

Reaparece aquí la vieja teoría de los temperamentos ya que estos tendrían entonces un origen humoral, de acuerdo al tipo de desarrollo y funcionamiento de las glándulas endócrinas o de secreción interna.

Volvemos a la pregunta del comienzo: ¿Es válida la proyección de una clasificación física sobre una realidad psíquica?.

Mientras tanto, la sabiduría popular en un ejemplo que trae el propio Kretschmer pinta así el tema: "El diablo popular es flaco y alarga su puntiaguda barba en una estrecha mandíbula. El intrigante es representado con joroba y carraspeando. La vieja bruja tiene una cara de pájaro seco. Mientras que allí donde hay alegría y buen humor aparece el caballero Falstaff, grueso, de roja nariz y brillante calva. La mujer del pueblo, de sano sentido común, se muestra gorda y rechoncha, con los brazos en jarras. Los santos se presentan alargados, transparentes, pálidos y góticos."

(*) Filósofo-vicepresidente del CEES (Centro de Estudio Estratégicos Suramericanos) con cede en la CGT- Argentina,
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