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El renacer del tango

(Tango, política y mal gusto)
Por Alberto Buela (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 13/05/06.- Es un lugar común y no menos cierto que desde hace una docena de años el tango comenzó a renacer. Esto es un hecho verificable que cualquiera puede comprobar recorriendo la multiplicación de las milongas, las orquestas, los cantantes y los bailarines que son los cuatro elementos indispensables para la realización plena del género musical: tango.

Solo faltan multiplicarse los canales de TV (existe sólo uno) y las radios (son dos o tres) en Buenos Aires.

El desarrollo histórico del tango ha sido estudiado por innumerables investigadores que lo han hecho en forma acabada. De estos estudios (Ferrer, Barcia, Gobello, García Giménez, etc.) podemos establecer las siguientes etapas:

  • a) su nacimiento campero y orillero: "nació en los Corrales Viejos allá por el año 80, hijo fue de la milonga y de un taita del arrabal".
  • b) etapa del tango criollo donde Gardel, Saborido, Gobbi, Arolas consolidan el género.
  • c) todos están de acuerdo que con Pascual Contursi se inaugura la etapa de plenitud del tango.
  • d) la revolución libertadora de 1955 lo prohibe como manifestación masiva y comienza una larga etapa de decadencia con la primacía del mal gusto.
  • e) Es a partir del gran espectáculo en París (1982): trottoires de Buenos Aires, con un cantor no gritón como Goyeneche, una pareja de baile no-acrobática como Gloria y Eduardo, y una orquesta sobria, el tango comienza lentamente su renacer. A lo que hay que sumar el impulso europeo de Piazzola con el tango para escuchar.

Pero ¿por qué decayó el tango desde el 55 al 81?

En primer lugar existe una razón política fundamental, como muy bien estudió mi amigo y bailarín eximio Atilio Verón, la llamada revolución libertadora lo prohibió como espectáculo multitudinario. No querían ver a las masas juntas, querían el pueblo suelto, porque el pueblo seguía siendo peronista, y Perón era el enemigo odiado y execrado. En una palabra, era el Diablo para los generales y los gorilas.

El segundo elemento que juega en la decadencia del tango es la introducción del rock norteamericano promocionado y difundido a diestra y siniestra por todos los mass media de la época. Se inaugura la influencia directa, caído el peronismo, de los Estados Unidos a través de la música y de la comida. Junto al rock aparece la hamburguesa.

El tercer elemento fundamental en este arrastre decadente del tango es: el mal gusto. Y este mal gusto estuvo vinculado desde siempre a la televisión. Primero fue la Familia Gesa en el canal 7 con Virginia Luque y cuanta cachirulada se le podía sumar. Y luego, Grandes valores del tango con Silvio Soldán que no dejó vulgaridad por realizar. Vulgaridad, chabacanería y kisch que continua hoy mismo realizando, ahora para la televisión de un gobernador "raro" como el de San Luis.

Y así, el pueblo argentino, fue sometido treinta años, dos generaciones, a la prepotencia del mal gusto en todo lo que hace al tango. Orquestas con mil variaciones sobre las piezas que las hacía imbailables, cantores que a los gritos buscaban impresionar, recordemos a Sosa, Dumas, Lavié et alii y bailarines acrobáticos como Copes y tantos otros, que nadie podía seguir.

Es cierto que durante ese período hubo excepciones en cantores como Goyeneche o Floreal Ruíz, en orquestas como la de Pugliese o Trolio, en bailarines como Virulazo y en programas como La Botica del Angel de Vergara Lehumann, pero no podían sobreponerse a la ola gigantesca del mal gusto encarnada por Silvio Soldán y sus ramplones invitados, promocionados masivamente por la televisión.

El pueblo argentino asistió como convidado de piedra, al menos por dos generaciones, al vaciamiento del tango y sus sentido.

Hoy en el 2006, a medio siglo de su prohibición masiva, asistimos al renacer del tango. Jóvenes cantores que no cantan a los gritos y letras no lloronas, noveles orquestas que no imitan pero que tampoco caen en "ocurrencias" más o menos novedosas. Bailarines que no se disfrazan de tangueros sino que bailan "al piso" como muy bien ha escrito mi amigo Fernández Baraibar. En fin, todo un renacer.

Sin embargo persisten, no se jubilan ni se retiran, los falsos y ordinarios espectáculos de tango para "la gilada", o sea, los turistas.

El carácter de prosaico, de mal gusto, de kisch, de vulgar, de ramplón se le ha metido hasta el tuétano, hasta el orillo. Eliminar esto, es la tarea fundamental de este renacer tanguero. Esto es lo que propuso en plena decadencia (el 7 de octubre de 1969) Jorge Luis Borges, con quien disentimos políticamente, pero no podemos dejar de reconocer que, si algo fue: "fue un parapeto a la mediocridad" en el tiempo que le tocó vivir. Y allí afirma con su clásica ironía borgeana: "este tango que se toca ahora es demasiado científico". Ha perdido su carácter de genuino, es una impostura vulgar.

Escribimos esperanzados en que este renacer del tango deje de lado, rápidamente, lo prosaico y pueda reconstruir en un sano equilibrio las cuatro patas en que se debe apoyar todo tango genuino: orquesta, cantor, bailarines y milonga, o sea, música armoniosa, cantor acorde, bailarines a ritmo y ambiente apropiado.

Cualquiera de ellas que falte o que se sobre estime, hace que esa gran mesa que es el tango y en la que, de una u otra manera, comemos todos los argentinos, se desequilibre.

(*) Filósofo-vicepresidente del CEES (Centro de Estudio Estratégicos Suramericanos) con cede en la CGT- Argentina,
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