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FUNDACIÓN ARTURO ILLIA - INSTITUTO DE LA ENERGÍA Y LA INFRAESTRUCTURA

Informe de coyuntura: economía y política

"El hombre hace la historia, pero no sabe lo que de ello resulta" Hans Blumenberg: "Conceptos en Historia"
Por los equipos de Análisis Político, Economía y Energía e Infraestructura de la Fundación Arturo Illia

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 11/08/05.-

Los índices inflacionarios

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El comportamiento ascendente de los precios minoristas permite realizar algunas observaciones sobre la naturaleza de este incremento, sus relaciones con otros indicadores de la economía, sus causas y algunas de sus consecuencias.

Al promediar el corriente año, los precios al consumidor registran incrementos que despiertan inquietud. El PEN ha previsto que durante 2005 los precios subirán un 10%-10,5%. Ateniéndonos a lo acontecido hasta el mes de Julio último, podría esperarse una alteración, hacia arriba, de esa cifra. Pero, dado que la economía política no es de ningún modo una ciencia exacta y atenta a la imposibilidad de conocer estrictamente el futuro, tan sólo cabe enunciar pareceres, más o menos aproximados, acerca de la magnitud de las variaciones de los precios al final de 2005.

En cambio, sí es posible formular apreciaciones mejor fundadas acerca del sentido que tendrán las variaciones. Es probable, pues, que en los meses restantes de 2005, los precios sigan en ascenso, a partir de los valores ya alcanzados. En general, las estimaciones de la variación de los precios entre enero y diciembre superan a la cifra oficial, pero difieren entre sí: algunas anuncian un 11%/ 12% anual, y otras, quizás más alarmistas, el 13%, l4% o 15%.

Vale la pena recordar que desde 1999 se asistió a un descenso de los precios: las tasas de deflación del nivel general del IPC fueron: -1,2 % en 1999, -0,9% en 2.000 y -1,1% en 2001. Y en el importante rubro de Alimentos y Bebidas la disminución fue aún mayor, de tal modo que entre 1996 y 2001 los precios habían caído, en promedio, un 7,1%).

La recesión económica constituyó el factor central de tal comportamiento. Esto, a su vez, estuvo vinculado al comportamiento del Patrón dólar del período 1991-2001, a la liberalización comercial y financiera y al fuerte proceso de redistribución regresiva de la renta.

Ella se había prolongado hasta alcanzar consecuencias graves sobre la economía globalmente considerada: una reducción reiterada del producto y, especialmente, del empleo. Los niveles de actividad económica, habían sido descendentes desde el último trimestre de 1998. Sobre un total de 21 trimestres transcurridos, contando desde el último de 1998 hasta el último de 2002, diecinueve de ellos -el 90%- mostraron un descenso en el PBI (comparándolos con los mismos del año inmediato anterior) y sólo dos se mantuvieron prácticamente iguales. En 1999 se inició una serie de cuatro años con caídas del producto bruto interno: -3,4% en l999, - 0,8% en 2000; - 4,4% en 2001; y -10,9% en 2002. En tanto el desempleo avanzaba aceleradamente.

La culminación de ese proceso en diciembre de 2001, con el estallido del Patrón Dólar, activó el detonante político más grave: la renuncia del Presidente de la Nación, lo cual acreditaba que la perpetuación de la convertibilidad con tipo de cambio fijo había representado el principal escollo para la gobernabilidad con el modelo neoliberal dominante durante los años 90.

Era de esperar que, dada la estructura de la producción argentina, luego de la muy fuerte devaluación del peso, habría un rebrote inflacionario. Comportándose la realidad de un modo muy distinto a lo rotundamente afirmado por numerosos economistas, el alza del nivel general de los precios mayoristas fue, en 2002, del 117%, del 1,5% en el siguiente año y del 8%, en 2004. Sin embargo, este aumento no se descargó plenamente sobre un aumento equivalente del salario real, el cual se venía reduciendo, sistemáticamente, en el largo plazo. En la segunda mitad de los '90 continuaba siendo erosionado, a pesar del mencionado descenso del precio de los alimentos y bebidas, por el efecto de la recesión sobre el promedio de los salarios nominales. El fuerte aumento del desempleo abierto y el consiguiente efecto sobre el sub-empleo, se correspondieron con un debilitamiento del salario nominal medio ya que éste reflejaba la caída que la llamada economía informal provocara sobre las retribuciones al trabajador. Asimismo, es necesario recordar que el salario nominal formal, también, se contrajo, debido al incremento de horas trabajadas contra un pago quincenal o mensual que registraba un aumento casi despreciable, estaba inmovilizado o que, aún, retrocedía.

Entonces, como el nivel general de los precios al consumidor subió el 38% en 2002, y el de los alimentos y bebidas el 55%, se explica que el poder adquisitivo de los trabajadores en actividad no se redujera en la misma medida que el aumento de los precios mayoristas y, tampoco, que el dólar. En 2003 y 2004, el ascenso de los precios al consumidor fue del 2,3% y 5,7%, respectivamente, experimentando, así, una desaceleración tan abrupta como en los mayoristas.

En suma, desde la devaluación del peso hasta ahora, los precios mayoristas aumentaron un 150 %. Y los minoristas quedaron muy atrás (un 66 %). Esto se muestra en el Gráfico 1 (en el que se agregó la evolución de los precios de los alimentos y bebidas)

Gráfico 1

Al propio tiempo, el crecimiento de la economía mostraba una recuperación progresiva y acentuada: 9% de crecimiento del PBI en 2003 y la misma cifra en 2004. En tanto el desempleo abierto inició un descenso sistemático, al retroceder desde el pico del 23,6% (en octubre de 2002) hasta el 12,6% en la medición realizada en el primer trimestre de 2005. Esta última cifra computa como empleados a quienes reciben subsidios estatales por estar desempleados.

La brecha abierta entre los salarios nominales y los precios mayoristas y minoristas y entre estos últimos y los mayoristas ha sido muy pronunciada, y ahí podemos hallar la fuente de algunos efectos importantes sobre otras variables de la economía... No es una cuestión menor: la historia argentina demuestra que estas brechas tienen efectos sociales y políticos desestabilizadores, y, por general, negativos.

Devaluación, ganancias empresarias, reactivación y variación de los precios

La devaluación monetaria producida durante 2002 trajo consigo una modificación notoria en los precios relativos, lo cual incidió sobre las transacciones con el exterior -la balanza de comercio aumentó bruscamente su saldo positivo- puso en absoluta evidencia la desproporcionada magnitud del endeudamiento externo y también la gran dificultad para el pago de los servicios respectivos. Pero es preciso remarcar otro aspecto de dicha variación en los precios. Al aumentar los precios mayoristas sin que los salarios nominales se movieran en una magnitud similar, ( por los efectos del alto desempleo y sub-empleo ), la fuerte retracción del producto y la inversión y las condiciones de crisis en el mercado financiero provocó todo ello el gran retraso de los precios minoristas. Se acrecentaban, por lo tanto, las ganancias reales de los grandes productores. Al duplicarse los precios de la producción y al subir los costos en una proporción mucho menor, los beneficios brutos de explotación debían crecer, indefectiblemente. Estos aumentos de los beneficios se aunaban a las citadas ventajas competitivas derivadas de la devaluación, todo lo cual no podía sino implicar un empujón a la demanda de horas de trabajo por parte de las empresas. Los trabajadores trabajan más tiempo, pero no cobran de manera proporcional a su productividad...

Pero nos interesa destacar la cuestión de la variación de precios y su relación con los salarios. El alza de los precios -que fue el paso de la deflación al crecimiento- no provino del aumento de los salarios ni, tampoco, de un "tirón" inicial de demanda, originado en el gasto público financiado con aumento de dinero. Tuvo que ver con los efectos de la devaluación de la moneda sobre una economía en la que la producción de productos primarios y parte de la manufactura son decisivos, y están en buena parte concentrados y oligopolizados.

De este forma, la modalidad de fijación de los precios en la economía argentina, con sectores productivos donde impera una elevada concentración -de la propiedad, de la participación en los mercados- responde a dos componentes principales: el nivel medio de salarios y los márgenes brutos aplicados. Entonces, antes y después de la devaluación, los precios duplicados implicaron, necesariamente, un aumento de los márgenes de ganancia en tanto que los salarios nominales fueron ajustándose muy parsimoniosamente durante el período 2002/4, quedando muy retrasados.

Ante la debilidad salarial y de la demanda dirigida a sus productos, el comercio minorista no tuvo más remedio que aceptar -en término medio- la disminución de sus propios márgenes brutos. Resultando, así, una diferenciación entre grupos empresarios: por un lado, los productores y por otro, los comerciantes, cuyos márgenes de beneficio bruto diferían notoriamente. Aunque, también, son diferentes los salarios medios unitarios pagados por unos y otros.

El alza de los precios durante 2005. El gasto público

A nuestro juicio, el alza de los precios al consumidor que se viene produciendo desde enero de 2005 depende más de los intentos empresariales (aquellos que son, efectivamente, los formadores de precios) por mantener los márgenes de utilidad ante las presiones -no demasiado generalizadas ni tan poderosas ni tan oídas y eficaces- por aumentar los salarios. O, eventualmente, de recuperar los que tenían antes de la devaluación en el caso del comercio minorista.

La cuestión del crecimiento de la inflación, y de su padecimiento por parte de los sectores mas desprotegidos de la población, deriva no del gasto publico, ni del presunto exceso de oferta de dinero por el sostenimiento del tipo de cambio, ni de la aun tímida recuperación de los salarios, sino más bien de la estructura productiva, de la taxonomía de los mercados y de la formación de precios consecuente. Si bien la masa salarial creció, los salarios nominales no se recuperaron en la proporción necesaria para acercarse lo suficiente a los precios al consumidor. En consecuencia, los salarios reales se encuentran, en general, bastante retrasados respecto a los niveles de los '70 sino aún a los años '90 .

La nueva protesta de una parte importante de algunos sectores asalariados (estatales, docentes, trabajadores de la salud), y de los jubilados y pensionados, lo demuestra parcialmente.

El funcionamiento del mercado

Es reiterativo escuchar por parte del Ministro de Economía y de la Secretaría de Defensa de la Competencia y el Consumidor que no se va a afectar el libre funcionamiento del mercado, que no habrá precios máximos ni controles policiales; en este último caso, alegan que oportunamente fracasaron, circunstancia que no se ajusta a la cruel realidad que muestran los números históricos.

Las medidas oficiales han consistido en: a) la imposición de derechos de exportación, significativos en el caso de los hidrocarburos y el agro en cuanto a los ingresos que proporcionan al Tesoro Nacional; b) la firma de convenios sectoriales que se diluyen rápidamente el tiempo; c) en educadas reuniones con los grandes empresarios donde el Ministro de Economía les requiere responsabilidad y d) en furibundas declaraciones del Presidente contra determinadas empresas que refinan y comercializan combustibles pero que no forman precios porque no son productoras, que van acompañadas de no espontáneas manifestaciones de piqueteros oficialistas y que muestran que Shell y Esso han perdido una parte de su mercado a favor de los productores-formadores de precios Repsol-YPF y Petrobras.

La realidad indica que los precios de los combustibles se han mantenido en torno a una base de cálculo de U$S 32/barril, pero sin que haya perdido su vigencia el concepto del relacionar su precio con el vigente internacionalmente, que se encuentra prohibido por la Ley de Convertibilidad, ratificada en este tema por la Ley de Emergencia Pública N° 25.561; ambas de orden público.

Pero el criterio de ajustar los precios de acuerdo a la cotización internacional del petróleo sí se aplica sobre los fertilizantes y los petroquímicos, que ya han recuperado su valor en dólares vigente a diciembre del 2001. Al mismo tiempo, otros sectores exportadores han asimilado su comportamiento al de las petroleras y adecuan sus precios internos a los que obtienen en sus ventas externas. A partir de la manifestación de la crisis energética, que "saltó" a conocimiento público en marzo del 2004 con los faltantes de gas natural, el gobierno ha procedido a dolarizarlo, aumentarlo e indexarlo en porcientos significativos, al igual que lo hizo con la tarifas de energía eléctrica; también ha creado cargos específicos destinados a numerosos fideicomisos. Estos incrementos han afectado al comercio y a la industria y se han traslado a los precios internos.

Si tenemos en cuenta la conformación oligopólica de gran parte de los sectores económicos, los avances en materia informática, y la vigencia de normas legales que obligan a priorizar el abastecimiento del mercado interno, prohíben la indexación y lo autorizan a fijar precios en todos los ámbitos de la vida económica, solamente se puede aceptar la falta de acciones de control en una visión del mercado que nada tiene que ver con la realidad, pues los precios siguen aumentando, afectan los niveles de ingreso de la gran mayoría de la población y permiten la recuperación y concentración de ingresos en los grandes grupos económicos beneficiarios de las políticas de la década de los 90´.

El crecimiento económico y los torbellinos políticos

Los índices de crecimiento de la economía argentina y la abrupta salida de la recesión, son los argumentos que el Gobierno suele exhibir como el éxito más significativo de su gestión. Sin embargo, está visto que los índices de crecimiento han sido sostenidos y comunes a casi todos los países de América del Sur, desde el inicio mismo del siglo XXI, (cuando la Argentina registraba muy altos signos de recesión, como ha quedado dicho mas arriba). En el año 2004, por ejemplo, Bolivia (con todos su complejos problemas sociales, étnicos y de estructura económica ya clásicos como ejemplo del subdesarrollo) creció a un 3,8 %; Perú, de historia parecida, y con un Presidente que cuenta con sólo el 6 % de apoyo de la población según las encuestas, creció un 5,1%: Uruguay creció el 12,4%, Venezuela el 17,3%; Brasil, el 5,2%, Chile el 6,1%, Colombia, (en virtual guerra civil) el 4%, Ecuador el 6,9%. Los índices inflacionarios, con excepción de Venezuela, (19%) han sido relativamente bajos en todos estos países.

La CEPAL ha considerado que el año 2004 en Latinoamérica ha expresado los efectos del crecimiento en el comercio mundial, y especialmente, las importaciones de China y en menor medida, de los Estados Unidos. En el informe preliminar correspondiente a la Economía en Latinoamérica y el Caribe, aunque se prevé una desaceleración de ese crecimiento en nuestros países, igualmente observa índices bien positivos.

De esta realidad, mas bien provisoriamente optimista, puede desprenderse otra consideración: El crecimiento global de la actividad económica no resuelve, ni pretende hacerlo, los problemas de desigualdad social, y a veces los agrava, como en el caso de las políticas económicas neo liberales aplicadas en buena parte de Latinoamérica.

Por otra parte, no parece que la agitada vida política que viven casi todos los países de Sudamérica, con fuertes crisis en los gobiernos (véase Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú), las graves denuncias sobre corrupción que ponen en peligro la continuidad de la popularidad de Luis Ignacio Da Silva, y su reelección en la presidencia de Brasil, influya demasiado en la marcha de la economía, al menos en el corto y mediano plazo.

En el caso argentino, nada indica que sea muy distinto: las contiendas internas del Partido Gobernante, las atenuadas pero igualmente existentes acusaciones de corrupción y "organización mafiosa de la política", y de incumplimiento de las normas constitucionales por parte del Poder Ejecutivo, no afectan el funcionamiento del sistema económico. Es una característica peculiar el modelo de mercado dependiente neoliberal.

El gobierno no quiere cambiar los fundamentos del modelo económico, pero en realidad es posible que no sepa lo que quiere. Hace historia, como todos los gobiernos, aunque mas pequeña; pero ni se da cuenta de ello, ni sabe - y probablemente, no le interese - lo que resultará de su acción. ¿Por qué la marcha de la economía continúa indiferente a los torbellinos políticos de nuestros países? La primera respuesta, que merecería una reflexión mas profunda, sería que el modelo económico que la globalización ha impuesto en los años noventa en Latinoamérica sigue cumpliendo muy vigorosamente sus objetivos. Y que la política no influye sobre la economía, sino al revés.

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