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ARGENTINA-ELECCIONES: ¿Qué es lo que no es, de lo que se dice que es?

Por Luis M. Casado Ledo
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Rebanadas de Realidad - 30/04/03.- "El arte de vencer se aprende en las derrotas", advirtió Simón Bolívar. Si es así, muchos políticos argentinos, luego de las elecciones presidenciales del 27 de abril, tendrán su oportunidad de aprender y otros están próximos a convertirse en los mejores alumnos en derrotas, luego de la segunda vuelta, el 18 de mayo, día en el cual todo ciudadano en condición de sufragar lo hará exclusivamente por dos candidatos justicialistas.

Para un lector extranjero, familiarizado medianamente con la información de nuestro país seguramente le resultará complejo comprender cómo el partido gobernante logra un 60% en las urnas, cuando días atrás observó como un modelo neokeynesiano echó a punta de pistola a los trabajadores que habían reactivado la fábrica Brukman, o que en este momento la provincia de Santa Fe y su gente estén bajo los efectos de una descontrolada inundación, en parte, por la ausencia de las obras públicas correspondientes.

El hombre sufragador

Distanciado de los tiempos del 1 a 1 establecido por el presidente Carlos S. Menem en el orden económico y sufriendo al 1 a 1 en lo social (veinte millones de pobres y veinte no tanto) mantenido por los presidentes Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, el ciudadano sufragador optó por el mal menor y ese mal menor estuvo vinculado con la guerrilla entre Menem y Duhalde, que puja detrás de Kirchner.

Así las cosas, Menem obtuvo el 23.9% (4.002.323); Kirchner el 21.8% (3.652.299), López Murphy el 16.8% (2.821.412), Elisa Carrió el 14.4% (2.421.986); Rodríguez Saá, el 13.4% (2.335.585) y Leopoldo Moreau (UCR), el 2.3% (392.783).

Un poder atomizado

El hombre sufragador no estuvo ante una disyuntiva similar a la de Braden o Perón, el asunto era más liviano y respondió con la misma liviandad. La época del bipartidismo llegó a su fin: la UCR estuvo a los codazos con Patricia Walsh (Izquierda Unida), que logró 297.461, algo impensado pocos años atrás. En cuanto al PJ, sumados los votos de Kirchner, Menem y Saá, se arriba a un guarismo del 60%, pero todo hace suponer que nunca más el PJ podrá obtener ese porcentaje concentrado en un candidato. Tampoco existen indicios para profetizar un resucitamiento del radicalismo, sobre todo si comparamos los 392.783 votos obtenidos el pasado 27, en comparación con los 7.725.173 logrados en 1983, los cuales posibilitaron a Ricardo Alfonsín aposentarse en el sillón de Rivadavia.

Más allá de la anécdota, el que la UCR se extinga y que el PJ se divida nos avisa que la noción de nación es lo que está en juego, que la comunidad organizada es un descalabro y que el destino de la Argentina se debate entre ser una factoría neoliberal o una neokeynesiana, pero nadie se acuerda, o lo disimula eficientemente, del destino de república que los patriotas de mayo insuflaron en aquellas horas de 1810 y 1816.

El transformismo de la política en ética

Paulatinamente y a beneficio del establishment (capital financiero, preponderantemente), a fuerza de Fukuyamas y otros escribas, el bagaje conceptual político fue reemplazado por el ético; pero no para el bien, sino para embrollar y aún más, obrar de salvoconducto de los embaucadores.

Como ejemplo de lo anterior tomemos tanto al "que se vayan todos", por corruptos; como al establecimiento del ex presidente Carlos S. Menem como paradigma de esa misma corrupción. Los dos usan conceptos éticos que aunque no sea su propósito primigenio, logran enmarañar a un electorado que, harto de los Menem, votó a candidatos supuestamente honestos, como López Murphy (ex funcionario del gobierno de De la Rúa) o Elisa Carrió (ex UCR).

Este transformismo de la política en ética no hace otra cosa que ocultar que tanto Menem como López Murphy son neoliberales y además deja suponer que para que el país salga adelante, es suficiente un presidente honesto.

La honestidad, desde luego debería ser una condición indiscutible e infaltable en todo hombre-político, pero el destino de factoría o de república, no sólo depende de "meter la mano en la lata", o no meterla. Desde lo ético se juzgó al brazo armado de la última dictadura militar, sus FF.AA.; desde lo político, se perdonó a Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía en "los años de plomo".

¿Choripanes o hot dog?

Entre lo griego y la light deberíamos reencontrarnos con lo nacional y en este sentido Raúl Scalabrini Ortiz nos da una manito desde lejos: "Estas no son horas de perfeccionar cosmogonías ajenas, sino de crear las propias. Horas de grandes yerros y de grandes aciertos, en que hay que jugarse por entero a cada momento. Son horas de biblias y no de orfebrerías". (*)

En el ballottage del próximo 18 de mayo debería preponderar lo político, aunque lo ético le lleva muchos kilómetros de ventaja, por ello los grandes medios y sus ecos están condicionando al electorado que por el bien de la democracia hay que votar por alguno de los dos candidatos: por Menem o por Kirchner y aquel que no lo hiciere será condenado a tomar la cicuta o al destierro de la presunta moral del establishment.

Ante tal grado de confusión, similar al que nos tiene acostumbrado el defensor del mundo "y sus alrededores", George W. Bush y la CNN, que en vivo transmite guerras donde huelgan las carnicerías humanas, es bueno recurrir a los griegos, ya que ellos comenzaron a pensar lo que todavía nosotros seguimos elucubrando. Resulta que para Platón el hombre era "un animal bípedo e implume". Tal vez un tanto cansado de ese concepto platónico, o tratando de definir una interna de la época, Diógenes le envió un gallo desplumado y dijo: "Aquí está el hombre de Platón" y tal vez en ese gallo desplumado de Diógenes nos convertimos los argentinos, a imagen de otros argentinos, que si supieron serlo.

(*) Raúl Scalabrini Ortiz, "El hombre que está solo y espera", 1931.
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