Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
LA CORTINA DE ACERO

¿Proteccionismo o libre comercio?

Por Luis M. Casado Ledo
Información relacionada:
Otras notas de Luis M. Casado Ledo

Rebanadas de Realidad - 27/11/03.- El lunes 10 de noviembre un veredicto final de la Organización Mundial del Comercio (OMC) rechazó la apelación del gobierno de Washington a una decisión previa según la cual los fuertes aranceles impuestos por Estados Unidos a las importaciones de acero violan las reglas de comercio internacional.

El origen de la actual disputa comercial se originó en enero de 2002, cuando George W. Bush aprobó la adopción de aranceles hasta en un 30% a las importaciones de acero, argumentando que se trataba de una medida temporal destinada a proteger la industria local de la competencia internacional.

Apenas cobró vida la decisión estadounidense, Brasil, China, Corea, Noruega, Nueva Zelanda, Suiza, la Unión Europea y Japón denunciaron la medida ante la OMC por considerarla ilegal. En mayo de este año la OMC falló en contra de la imposición arancelaria; sin embargo, el gobierno estadounidense está estudiando la posibilidad de extender los aranceles hasta marzo de 2005.

Las represalias

La Unión Europea ya dio a conocer la una lista de importaciones estadounidenses que se verán afectadas por sanciones si Estados Unidos ignora al organismo internacional. Ésta incluye productos diversos, como textiles, frutas, verduras y las motocicletas Harley Davidson. Además, la Comisión Europea ya había advertido que, si Estados Unidos no acata el fallo, comenzará a aplicar en diciembre sanciones comerciales que podrían costarle US$6.000 millones a los exportadores estadounidenses.

Algunos analistas señalan que la lista europea fue concebida para afectar directamente a sectores económicos en estados donde el Partido Republicano del presidente Bush cuenta con mayor respaldo.

Desde luego la respuesta de EE.UU. no se hizo esperar y manifestó por varias vías su inconformidad con la decisión de la OMC de rechazar la apelación estadounidense y mantener el fallo previo. "Los aranceles impuestos por el presidente (George W. Bush) -declaró el portavoz de la Casa Blanca Scott McClellan- le dan una oportunidad a nuestra industria local del acero para ajustarse a la competencia de las importaciones" y añadió seguidamente: "Creemos que los aranceles son consistentes con las reglas de la OMC y examinaremos con cuidado la decisión".

Algunos legisladores estadounidenses afirman que la medida de la OMC aumenta la percepción de que el organismo está parcializado contra Estados Unidos. Mientras que el republicano Phil English fue más directo: "La decisión tiene fallas fundamentales y cuestiona la credibilidad de la OMC".

Divergencias internas

El presidente de la Comisión de Finanzas del Senado, el republicano Charles Grassley, dijo que "mantener los aranceles al acero ahora no ayudará a la economía. Eliminar los aranceles al acero puede darle un mayor respiro a nuestro acosado sector manufacturero".

Un grupo empresarial, la Comisión de Emergencia para el Comercio Estadounidense, también está a favor de la eliminación de los aranceles para evitar las represalias de la Unión Europea.

Las sanciones comerciales de este bloque comercial afectarán especialmente a las industrias de los cítricos en Florida y de los textiles en Carolina del Norte, dos estados considerados decisivos en las elecciones presidenciales del 2004.

Los dilemas del presidente

Diversos analistas internacionales coinciden en que si Bush decidiera cumplir el mandato de la Organización Mundial de Comercio y elimina las tarifas punitivas a las importaciones de acero, puede recuperar la confianza de países que criticaron la contradicción de una medida proteccionista en medio de una campaña de promoción del libre comercio, como sustrato ideológico conformador del ALCA.

En cambio, si Bush optara por mantener los aranceles a la importación de acero, su país se arriesgaría a sanciones punitivas del 100% sobre otros productos por hasta 2.200 millones de dólares en mercados de Europa, Asia y América Latina.

Por otra parte y con vista a los deseos de Bush de ser reelecto en las próximas elecciones del 2004, la resolución que tome con respecto al dictamen de la OMC producirá un desequilibrio entre los estados siderúrgicos de votación electoral decisiva: Pensilvania, Michigan, Ohio y Virginia Occidental; como así también decidirá el voto a favor o en contra de los estados industriales no siderúrgicos, pero de también formidable peso electoral, como Florida, California y las Carolinas, que verían sus productos bloqueados internacionalmente si EE.UU. hiciera caso omiso al tema de los aranceles.

Un ingrediente más que ocasiona los dilemas del presidente es que de todas maneras el apoyo de los sindicatos siderúrgicos a su reelección presidencial no está garantizado. Según una encuesta encomendada por la industria el mes pasado determinó que el 69% de los votantes en los estados siderúrgicos desea que se mantengan las tarifas. Pero la Unión de Trabajadores Siderúrgidos de Estados Unidos (USA) apoya la candidatura de un demócrata, Richard Gephardt, afirmando que cualquier candidato demócrata sería preferible a "las políticas reaccionarias de la actual administración".

Los aranceles y el ALCA

Brasil -primer productor sudamericano de acero y segundo exportador a EE.UU.- y EE.UU. copresiden la actual etapa final de negociaciones del ALCA y es Brasil el país más afectado de la región por la política siderúrgica de la administración Bush y por ello no solamente fue uno de los países que llevó el conflicto del acero ante la OMC, sino que estuvo entre los que apuntalaron el fracaso de la reunión de la OMC realizada en septiembre en Cancúm.

Tal vez en parte para recuperar su protagonismo, la OMC, en una decisión inapelable, le da a Brasil y otros países la posibilidad de imponer tarifas punitivas a algunos productos estadounidenses si Bush no se retracta.

Según el Instituto Brasileño del Acero, la política estadounidense costó a la industria siderúrgica brasileña unos 104 millones de dólares hasta ahora. Brasil exportó el año pasado 11,4 millones de toneladas de productos acerados, de los cuales un 40% fueron a Estados Unidos, por más de 800 millones de dólares.

El plazo

El plazo estipulado para que EE.UU. adopte la decisión de la OMC expirará a mediados de diciembre de 2003, fecha a partir de la cual la Unión Europea, Japón, Brasil, Corea, Noruega, Nueva Zelanda, Suiza y China están dispuestos a aplicar las sanciones anunciadas. Por lo cual Bush, acorralado por el poco tiempo, deberá decidir prontamente sobre qué hacer con los aranceles a la importación de acero, con sus deseos de reelección y sobre el espíritu del Tratado de Libre Comercio, espíritu un tanto difuso a partir de las medidas proteccionistas defendidas por la administración estadounidense, sobre todo con respecto al acero, stalin, en ruso.
Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones