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HISTORIAS DEL CAPITALISMO REAL - ARGENTINA

El poder como una estructura líquida

Por Luis M. Casado Ledo

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 27/06/07.- Un ceñudo Daniel Filmus no fue suficiente para rendir a un sonriente Mauricio Macri; un mensaje "inteligente", tampoco superó a un discurso para ciudadanos. La revolución rusa comenzó con la consigna por el té caliente en las fábricas, la revolución conservadora languidece con la promesa de tapar baches, ordenar el tránsito y dar seguridad a los vecinos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: no es poco.

Publicadas las cifras finales del escrutinio Filmus dijo: "Nos votaron los que piensan", definiendo por lo opuesto a quienes no optaron por él.

Esa caracterización del candidato kirchnerista condice con una tendencia del pensamiento argentino que podemos hallar en "Facundo", donde Domingo F. Sarmiento explica la tensión social del momento bajo los conceptos de "civilización o barbarie". La civilización habría votado por Filmus; la barbarie, por Macri.

El carácter unidimensional

También a partir de la revolución conservadora el poder adquirió nuevas características: tiende a la unidad, por lo tanto es expulsivo y no requiere afincarse, necesariamente, en un lugar específico del planeta.

El poder que antes detentaba el Estado-Nación, ahora se encuentra en los organismos internacionales con bases en las empresas transnacionales, desde ahí se toman casi todas las decisiones. Cuando se privatizó en Argentina, se privatizó en toda América latina; cuando se vendieron las empresas nacionales, salvo pocas excepciones, se vendieron en todo el continente.

Las naciones, con un estado reducido fueron cediendo poder y minimizando sus instituciones; las que manejaban la seguridad, la salud, etcétera, etcétera, variaron. Los propios partidos políticos fueron vaciando de contenido sus consignas y reemplazaron, a modo de ejemplo, las unidades básicas y los comités por reuniones en lujosos hoteles, a los militantes, a los "cuadros" por profesionales de ese quehacer; a la idea, por la forma: había que ser moderno, más que moderno, postmoderno.

Todo ello, más el peregrinar de los políticos en su camino a la "rosca" por diversas posturas ideológicas, desdoró la imagen de los antiguos caciques partidarios. En este sentido, el 2001 fue un hito cuando la multitud, como antaño planteó: "Queremos saber de qué se trata", en ese diciembre exigió: "Que se vayan todos".

La "racionalidad tecnológica" conformó una sociedad industrial capaz de impedir "el surgimiento de una posición efectiva contra el todo", sostenía Herbert Marcuse y pareció que eso había ocurrido, ya que los protagonistas cuestionados, lejos de alejarse, se apoltronaron aún más en sus sillones con el sólo esfuerzo de ejecutar una rápida metamorfosis.

Sombras chinescas

El poder no admite dualidades ni fuerzas opositoras, el poder se muestra a sí mismo y a veces se muerde la cola y quien pretenda durar en esa franja privilegiada, deberá producir las formas adecuadas y esperadas por ese entorno.

Macri ganó porque supo interpretar el descreimiento del ciudadano y tuvo la capacidad de construir una forma, en apariencia nueva, con la cual se instaló con éxito en la cristalizada formalidad política.

Sin embargo, por el otro lado, el ciudadano, impregnado en su necesidad, pareciera que está construyendo un pensamiento crítico que hace a la democracia un sistema más útil para la gente y menos seguro para los políticos, sino, recordemos los momentos de esplendor y sus últimos días de Raúl R. Alfonsín, Carlos S. Menem, Fernando de la Rúa y del propio Eduardo Duhalde, tal vez el único esteta que no habría abandonado su búsqueda de la belleza.

El verdadero poder, de estructura sólida, sin territorio nacional y productor de la idea, viste y desviste en consonancia a los requerimientos del mercado, ¿alguien podrá repetir por estos lares "El Estado soy yo", sin caer raudamente en el ridículo de siempre?

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