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Petróleo: un gigante con dos cabezas

Por Luis M. Casado Ledo
Notas de Luis M. Casado Ledo editadas en Rebanadas

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 09/04/04.- La década que transcurre pareciera estar signada por el control del petróleo y de sus zonas más ricas: el Golfo pérsico y el Mar Caspio. Sin embargo este símbolo de prosperidad y desarrollo no lo es para los trabajadores del sector. A medida que el petróleo adquiere una posición preponderante en la geoestrategia de los países desarrollados, la fuerza laboral experimenta reducción numérica y deterioro en las condiciones de trabajo: un intríngulis de difícil reversión.

A modo de ejemplo tomemos el caso de Repsol-YPF y su influencia en América latina. En la Pampilla, Perú, donde los salarios no experimentaron incrementos durante los últimos cuatro años se despidieron 120 trabajadores, los cuales viven en paupérrimos barrios de hojalata. En Ecuador los empleados tienen los sueldos más bajos de la industria petrolera, con jornadas de hasta 15 horas en las que no se pagan horas extras.

En España, los repartidores de gas de cocina, en su mayoría inmigrantes, hacen su trabajo de forma gratuita y se ven obligados a vivir de las propinas. En Mosconi y Tartagal, en Argentina, el 70% de la población resultó desempleada tras la privatización de YPF y los sueldos bajaron de 1.200 a 200 dólares. En Colombia, por su parte, se instalan bases militares y retenes para controlar los pozos, participando de las masacres paramilitares y amenazas de muerte a los sindicalistas.

La ecología como análisis por parte de los sindicatos

También debe ser considerada la influencia que esta actividad produce en el medio ambiente y en este sentido la empresa Repsol-YPF es denunciada en varios países por no estar comprometida con el cuidado de los recursos naturales y por no ofrecer condiciones laborales justas para sus trabajadores.

En Ecuador los indígenas Huaorani son portadores, en un 80 por ciento, de hepatitis como consecuencia de la explotación petrolífera. También se registra en la zona muertes por consumir agua contaminada de los pozos de Repsol-YPF.

En Argentina se detectó en la sangre de los mapuches un aumento de metales pesados, como resultado del entierro de los desechos de producción de Repsol, los cuales no reciben el correspondiente tratamiento previo. Además, en territorio mapuche se cuantificaron 630 mil metros cúbicos de suelo contaminado, valores altísimos de constituyentes peligrosos como el cromo, plomo, arsénico, naftaleno, pireno y compuestos aromáticos en capas de suelo de hasta seis metros de profundidad. Las aguas están en un 50% contaminadas con valores de metales pesados, hidrocarburos y fenoles que superan los límites legales.

Como se observa, el petróleo y su explotación es una moneda común y codiciada por la sociedad en el siglo XXI y como tal posee dos caras, representa tanto el progreso, como la devastación y la pobreza y únicamente los estados, los sindicatos y las empresas actuando mancomunadamente podrán hallar respuestas a un problema que hoy acontece en detrimento de los trabajadores y de la propia naturaleza del planeta.

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