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Investigación para el desarrollo, desarrollo para el bien común

Por Luis M. Casado Ledo
Notas de Luis M. Casado Ledo editadas en Rebanadas

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 23/07/04.- Al concluir la XXVI Reunión del Consejo del Mercado Común y Cumbre de los Presidentes de los Estados Partes del MERCOSUR y de los Estados Asociados, realizada en la ciudad de Puerto Iguazú, provincia de Misiones, Argentina, el 8 del corriente mes, se dio a conocer un comunicado conjunto de los presidentes conteniendo 17 cláusulas entre las cuales los firmantes "enfatizan la necesidad de impulsar el crecimiento económico con equidad para fortalecer la gobernabilidad democrática y promover el desarrollo social, entendidos como los principales desafíos del presente". Y además "Manifiestan que el desarrollo implica también otorgar prioridad a la educación como herramienta fundamental de la inclusión social, garantizando a todos los ciudadanos la adquisición de capacidades de aprendizaje que les permitan acrecentar y actualizar sus habilidades y destrezas en un proceso de crecimiento personal que engrandezca al conjunto social".

Si bien la construcción del MERCOSUR pasa por su mejor momento, muchos serán los esfuerzos que deberán realizarse para, por ejemplo, concretizar el espíritu de estas dos cláusulas, ya que entre los puntos débiles para reflotar la economía de América latina se encuentra la investigación en general y en particular sobre las tecnologías necesarias para la región, como veremos seguidamente.

Un menguado 0,5%

Según el estudio "Desarrollo productivo en economías abiertas" realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región se encuentra muy rezagada. Mientras Estados Unidos, Japón y la República de Corea invierten en este rubro entre 2,5 y 3 puntos de su PBI y la Unión Europea cerca de 2 puntos, América Latina destina apenas 0,5 puntos del PBI.

Esta brecha en la inversión se traduce asimismo en una importante diferencia en la productividad de las economías. Por eso es necesario adoptar políticas públicas destinadas a crear y desarrollar capacidades de innovación que permitan aprovechar las ventajas de la aceleración del cambio tecnológico y de la apertura económica, asegura la CEPAL.

El organismo internacional destaca que la incorporación de conocimiento a la producción -lo que se conoce genéricamente como innovación- y de nuevas tecnologías son algunos de los principales pilares de la competitividad de las empresas y del crecimiento sostenido de la economía a largo plazo.

De hecho, los avances científicos y tecnológicos han cambiado notablemente el rostro de la economía mundial en las últimas décadas e incrementaron su ritmo de crecimiento.

Sin embargo, el proceso de adquisición, adaptación y desarrollo de tecnología no ha sido uniforme en todas las regiones del planeta y tropezó en muchos casos con la falta de mercado o graves fallas de funcionamiento de éstos.

En el caso de los países de América Latina y el Caribe, el rubro de investigación y desarrollo está financiado principalmente por los gobiernos. Esto contrasta con la situación de otras regiones, en donde un tercio del gasto corre por cuenta de instituciones de educación superior y organizaciones privadas sin fines de lucro, y un tercio por los gobiernos, en tanto que las empresas asumen otro tercio del total.

Además, las diferencias absolutas son muy grandes. En los países desarrollados, las empresas invierten en este rubro entre 200 y 700 dólares por habitante.

Los países latinoamericanos en donde el gasto en investigación y desarrollo de las empresas es mayor son Argentina, Brasil, y Chile, con cerca de 50 dólares por persona, en tanto que México gasta 33 dólares, y Costa Rica, Uruguay y Venezuela algo más de 20 dólares.

Por su parte, el gasto de los gobiernos de la región en investigación y desarrollo es más elevado, oscilando entre los 20 y 36 dólares en países como Argentina, Brasil, Chile y México. Esta cifra está aún muy lejos de los 150-250 dólares por habitante invertidos por los gobiernos de los países desarrollados.

La amplitud de estas diferencias, asegura la entidad, exige que los países de la región focalicen sus recursos en unas pocas actividades con mayor potencial, en vez de dispersarlos en múltiples iniciativas.

Recomendaciones

Para superar la situación planteada, la CEPAL recomienda la adopción de varios instrumentos, como los incentivos fiscales, el crédito público directo, las subvenciones, el mejoramiento de los incentivos del aparato oficial de ciencia y tecnología, el capital de riesgo, las misiones de observación, los servicios de divulgación tecnológica para las pymes, y los laboratorios de investigación y desarrollo transferible.

Asimismo, recalca la necesidad de aumentar los recursos económicos destinados a intensificar las actividades de innovación y subraya que el despliegue de una estrategia nacional de promoción de la innovación requiere de una considerable coordinación, tanto en la etapa de diseño como en la de formulación y ejecución de políticas.

Las empresas, sus proveedores y clientes, las universidades, los institutos públicos y privados de investigación y las instituciones financieras deben fomentar sus interacciones, para así lograr sinergias positivas.

Oportuno es afirmar el papel dinámico que pueden ejercer los sindicatos tanto en la elaboración de la estrategia nacional como regional, dentro y fuera del MERCOSUR, destinada al hallazgo e incorporación de las tecnologías necesarias para el desarrollo de América Latina. Pero teniendo presente la búsqueda de un desarrollo para el bien común, al servicio del cual deberán estar tecnologías y políticas económicas. De no corregirse este aspecto, las tecnologías y políticas económicas seguirán actuando como depredadoras de un mundo que no supo humanizar su economía.

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