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HISTORIAS DEL CAPITALISMO REAL

Trabajadores migrantes ¿símbolo o síntoma de la economía global?

Por Luis M. Casado Ledo
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 30/05/05.- Muchas veces los informes sobre la marcha de la economía mundial brindados por los organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial, son puestos en tela de juicio por datos que van apareciendo como los hongos luego de la lluvia.

Algunos de ellos se vieron reflejados en la prensa de Centroamérica y se trata de las remesas enviadas por trabajadores migrantes. Pero la novedad está constituida en que esas remesas, son en muchos casos la base que sostiene la economía y la estabilidad de varias naciones, principalmente las centroamericanas y México, según informó la viceministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, Margarita Escobar, quien señaló que dichas remesas, en el caso de su país, "sólo en el 2004 superaron los 2,547 millones de dólares", equivalentes al 16,2 por ciento de su PBI.

Por su parte, el Banco Central de Reserva salvadoreño destacó que el año 2004 significó una fuerte y sostenida expansión en las tasas de crecimiento de las remesas familiares, aumento que también fue observado por otros receptores como México (24.8% de crecimiento), Guatemala (21.1%), Honduras (30.4%) y Nicaragua (19.3%)".

Para llegar a esos guarismos, por ejemplo en el caso de El Salvador, fue necesario que el 25 por ciento de la población haya emigrado hacia los Estados Unidos, según cifras oficiales.

Economía y trabajo

Los trabajadores migrantes, además de sufrir el desarraigo, son víctimas de bandas criminales en su paso a los Estados Unidos, "que actúan sin escrúpulo alguno, sin sentimiento, matando, robando y violando", según declaró la Conferencia Regional de las Migraciones, integrada por los países de la región centroamericana, Canadá, Estados Unidos y México.

Sin embargo, algunos economistas sólo centran su atención en el ingreso de divisas, desdorando el otro lado de la moneda: la falta de trabajo en los países de origen y las condiciones laborales que deben aceptar los migrantes, que mucho distan de las normas establecidas por la OIT. Pero hay un aspecto más agudo aún y que el mundo sindical debe abordar con más eficiencia: si las remesas se están convirtiendo en la base de las economías ¿qué lugar le queda a la producción y, sobre todo, al trabajo?

Publicada en Nueva Época Semanal
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