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HISTORIAS DEL CAPITALISMO REAL

Un presente preocupante, un futuro en peligro

Por Luis M. Casado Ledo
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 17/06/05.- Desocupación, empleo precario y trabajo infantil son los ítems más sensibles cuando se realiza un muestreo socioeconómico de las sociedades actuales. Sensibles ya que comprenden no solamente el presente, sino a las futuras generaciones. Con esa preocupación se realizó, el 12 de junio, impulsado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil.

Desde su primera celebración en el 2002, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil se ha convertido en una oportunidad para reforzar o promover la voluntad política y el compromiso de los gobiernos y de diferentes actores sociales (escuelas, universidades, medios de comunicación, ONGs, sindicatos, empleadores, entre otros) con la erradicación del trabajo infantil.

La celebración se ha convertido en uno de los momentos del año en el cual se realizan esfuerzos simultáneos en diferentes países de América Latina y el Caribe para llamar la atención sobre la necesidad de conocer y reconocer la situación de explotación económica de la infancia que padecen 18.5 millones de niños, niñas y adolescentes.

En su edición 2005, el Día Mundial el trabajo infantil estuvo dedicado al tema de minas y canteras, una actividad que envuelve a aproximadamente un millón de niños, niñas y adolescentes en el mundo y a cerca de 500 mil en la región, especialmente en países como Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Nicaragua y Perú.

En esta ocasión el llamado de la OIT estuvo centrado en el rescate de alrededor de 1 millón de niños, entre 5 y 17 años de edad, que trabajan en las minas y canteras de pequeña escala en todo el mundo, en un período de entre 5 y 10 años.

Según palabras del Director General de la OIT, Juan Somavia, "Los niños que trabajan en minas y canteras arriesgando su salud, su seguridad, y también sus vidas, están en peligro, y por lo tanto es necesario tomar medidas ahora" y seguidamente añadió: "Un millón de niños llevan una carga demasiado pesada para sus cuerpos y tienen responsabilidades demasiado grandes para su edad. Depende de nosotros, en conjunto, que podamos librarlos de este peso, y sacarlos de las minas y canteras para que puedan ir a la escuela".

La nueva iniciativa llama a gobiernos, a organizaciones de trabajadores y a empleadores relacionados con el sector minero, a unir fuerzas para ayudar a que las actividades en minas y canteras realizadas en áreas remotas, generalmente operadas por familias en el sector informal y a pequeña escala, puedan convertirse en actividades económica y ambientalmente sostenibles sin necesidad de recurrir a los niños como trabajadores.

Generalmente este tipo de operaciones de minería en las cuales hay niños involucrados son poco mecanizadas, no cuentan con las herramientas apropiadas y tienen medidas de seguridad deficientes cuando se trata de proteger a los trabajadores de cualquier edad. El trabajo expone tanto a los adultos como a los niños al riesgo de muerte o heridas a causa del colapso de túneles, explosiones accidentales, caída de rocas, exposición a sustancias tóxicas como mercurio o plomo, y problemas de salud crónicos, como la silicosis. Las condiciones malas y riesgosas, junto con una pesada carga de trabajo durante largas horas, contribuyen a generar un círculo vicioso que aumenta la probabilidad de sufrir accidentes y enfermedades, y en el caso de los niños y niñas los priva de oportunidades para transformarse en adultos saludables.

En algunas minas los niños trabajan a hasta 90 metros de profundidad conectados sólo por una cuerda que les ayuda a subir y bajar, sin una ventilación adecuada, alumbrándose apenas con una linterna o una vela. En otros casos excavan y acarrean pesadas cargas de material, se sumergen en ríos y en túneles inundados por los cuales apenas alcanza a pasar su cuerpo. En las canteras excavan arena y rocas que transportan sobre sus cabezas o espaldas, y pasan horas golpeando las piedras más grandes para convertirlas en gravilla destinada a caminos y obras de construcción, utilizando herramientas diseñadas para adultos.

Los riesgos para la salud van de las lesiones a la espalda y las deformaciones a causa de llevar cargas demasiado pesadas, hasta las consecuencias que podrían derivarse de la caída de rocas o de enfermedades crónicas. A esto hay que sumar los peligros ambientales como los representados por la posible contaminación de los suelos, el agua y el aire con substancias tóxicas como el mercurio. El acceso al agua potable, las escuelas y los servicios de salud es difícil en las comunidades más remotas. Pero incluso donde hay escuelas y clínicas, el trabajo suele impedir que los niños trabajadores aprovechen sus beneficios.

Sudamérica

Publicada en Nueva Época Semanal
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