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Rebanadas
de Realidad
- CGT, Buenos Aires, 25/03/08.- Hace
32 años, un mes y diez días -precisamente un 16 de febrero de 1976-
banqueros, industriales, la Sociedad Rural y el resto de las organizaciones
que nucleaban a los sectores del campo, iniciaban un Paro de claro contenido
golpista (conocido como el lock-out Patronal de la Apege), anticipándose
al levantamiento militar del 24 de marzo, todo con la venia de los EEUU.
Esa alianza oligarca, militar y pro-imperialista derrocaba a un Gobierno
constitucional que ya había adelantado la fecha de los comicios para
elegir Presidente en Octubre de ese mismo año. Todo con la complacencia
de la prensa nacional. Desde los titulares de Clarín, La Nación, La
Prensa y La Razón se exaltaba el derrocamiento del orden constitucional,
acompañando el genocidio y el plan neoliberal de Martinez de Hoz.
Desde entonces,
y mientras la dictadura genocida asesinaba y desaparecía a miles de
hombres y mujeres -en su mayoría trabajadores que resistían como ordenaba
la Constitución Nacional y perdían por ello su vida, su libertad y sus
derechos- las organizaciones del campo (las que hoy llevan adelante
este “paro histórico” como dicen los mismos medios que apañaron la dictadura),
acompañaban alegremente junto con la prensa vernácula que hacía negocios
como el de papel prensa. Entonces no hubo ni paros, ni protestas del
“campo” a pesar de lo que sufría la Patria y el conjunto del Pueblo
Tampoco hubo paros
y protestas de la Sociedad Rural y el resto de los organizaciones rurales
cuando Menem y Cavallo saquearon la Argentina, liquidando las empresas
del Estado, millones de puestos de trabajo, expulsando a la marginalidad
a millones de compatriotas, devastando las riquezas del país y pauperizando
a todo un Pueblo. Ni siquiera cuando la convertibilidad fundió sus campos
y quedaron todos embargados hubo un “paro histórico”. Pero protestaban,
reclamando mano dura junto a esos mismos medios de prensa, cuando los
trabajadores resistían o los excluidos, negros villeros al fin (como
se escuchó ayer de los “piquetes paquetes”) cortaban rutas, pidiendo
para comer o pidiendo trabajo.
Y ahora, con un
Gobierno que recupera el sentido de la dignidad y de la Justicia Social
para todos los argentinos; un Gobierno con claro sentido nacional y
popular que abandona las relaciones carnales en materia internacional
para propender la unidad con nuestros hermanos y vecinos a través del
MERCOSUR ampliado; un Gobierno que ha impulsado un modelo productivo
que combina un mercado interno fortalecido con el aprovechamiento de
las exportaciones, recuperando el diálogo social a través de las convenciones
colectivas de trabajo, generando trascendentes cambios en muy poco tiempo.
Estamos hablando
de un Gobierno que no se olvidó de los productores agropecuarios, sino
que produjo el salvataje para que esos productores, fundidos por el
neoliberalismo, no perdieran sus campos. Los transformó en rentables
modificando el tipo de cambio (que padecieron los asalariados hasta
que se recuperó la economía), lo que -sumado a los precios internacionales-
ha permitido ganancias siderales para todos esos productores como en
décadas no habían tenido.
Sin embargo, cuando
el Gobierno, con sentido ordenador y equilibrador, usa el mecanismo
de las retenciones a las exportaciones para regular progresivamente
un sistema impositivo aún regresivo, garantizando el abastecimiento
del mercado interno, abandonado por la voracidad egoísta de la oligarquía,
para usar esos excedentes con criterio de equidad en la distribución
social y el desarrollo armónico de áreas postergadas, la entente oligárquico
financiera y proimperialista huérfana de una conducción política que
garantice acumulación de poder, se lanza a esta protesta salvaje con
el acompañamiento de los mismos medios de prensa que acompañaron aquel
paro golpista de febrero de 1976. Hablamos de una cobertura sesgada
por la parcialidad y con clara intención desestabilizadora.
Y en esa acción
desestabilizadora hay muchas cosas que no se dicen:
- si las retenciones
son a las exportaciones, por qué las protestas no van dirigidas contra
los monopolios exportadores que son los que ahogan a los pequeños
productores.
- el aire quijotesco
que se le da a “las protestas” no dice que un poco más de 900 oligarcas
detentan 35 millones de hectáreas, mientras que 137.000 productores
cultivan sólo 2.000.000 de hectáreas.
- los que rechazan
las retenciones, pretenden que en salvaguarda de sus fortunas y sus
intereses egoístas, la carne y los alimentos asciendan de precio a
los valores internacionales para que al Pueblo se le hagan inaccesibles
y sólo las puedan consumir las minorías selectas
- si la protesta
es sana, por qué se ha visto tanto odio de clase expresado contra
camioneros y otros trabajadores. Por qué tanta violencia traducida
en piedrazas, ostentación de armas blancas (con empuñadura de plata
eso sí), carabinas amenazantes a manos de esa fuerza de choque de
la oligarquía golpista y desestabilizadora.
- no es un paro
agrario, porque como han reconocido los propios “huelguistas” más
allá de las tranqueras se siguen cumpliendo todas las tareas del campo:
se está levantando la cosecha, se alimenta al ganado, es decir, el
patrimonio propio no se arriesga. La protesta no afecta lo propio
sino que trata de joder al resto del Pueblo Argentino. Un ejemplo
de ello es el desprecio hacia quienes han sufrido y todavía sufren
hambre, desparramando carne vacuna para formar las barricadas, pretendiendo
detener a un país que está reconstruyendo su futuro.
Por ello, no nos
engañemos. El “campo” no está parado. Están trabajando como nunca, gracias
a las políticas que se aplican en la Argentina desde hace 4 años y medio.
Los que bloquean
las rutas y los que los acompañan desde los medios de comunicación,
defienden los intereses oligárquico-imperialistas, los mismos intereses
que saquearon la argentina y mataron -por la violencia de las armas
o por la violencia del hambre- a miles de compatriotas en las últimas
décadas.
Todo comenzó con
una protesta como ésta en febrero de 1976. No nos dejemos confundir.
Tengamos claro que las retenciones son a las exportaciones, y por eso
no nos dejaremos de preguntar, si no hay otro fin oculto, por qué las
protestas no van dirigidas contra los monopolios exportadores que son
los que ahogan a los pequeños productores. Defendamos este proyecto
de país que nos contiene a todos, y no sólo a los oligarcas que a lo
largo de la historia han venido frustrando nuestro destino como Nación
Soberana.
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