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Rebanadas
de Realidad
- CICOP-CTA, Buenos Aires, 08/06/06.- Las
políticas sanitarias que comienzan a aplicarse a partir de la dictadura y que
tuvieron continuidad durante los 90 tuvieron entre sus principales objetivos la
fragmentación del sistema de salud pública de nuestro país. Con el argumento falaz
de "acercar a la gente el lugar de la toma de decisiones" y en el nombre de la
eficiencia (siempre entendida como reducción de la inversión estatal en políticas
sociales lo que en la práctica implicó una redistribución regresiva del ingreso)
se promovió el traspaso de los hospitales nacionales a las provincias y de éstas
a los municipios. En términos generales ese traspaso de responsabilidades no se
acompañó de un traspaso de recursos desde los niveles centrales hacia los niveles
locales. Y en los casos en que eso sí se produjo (vía coparticipación, por ejemplo),
no hubo ningún mecanismo de control que asegurara que los fondos destinados a
salud pública no terminaran derivándose a sostener los nidos de corrupción y clientelismo
en que se han transformado la gran mayoría de los municipios bonaerenses o, en
su defecto, al financiamiento espurio de los aparatos políticos que los controlan.
La fragmentación
del sistema tuvo un claro objetivo político: habiendo tomado nota los propulsores
de las reformas de signo neoliberal (FMI, BANCO MUNDIAL, BID y sus representantes
locales) de que la resistencia organizada de los trabajadores del sector era uno
de los principales obstáculos para la implementación de las reformas, fragmentar
a ese actor social y debilitar su capacidad de resistencia era uno de los principales
objetivos a alcanzar. A
partir de allí era posible comenzar a avanzar en las reformas allí donde la resistencia
estuviera suficientemente debilitada. Es
justamente en el nivel municipal del sistema público de salud donde más han avanzado
las políticas de precarización laboral, vaciamiento, arancelamiento y privatización.
Es en ese nivel
donde el acceso a la salud se convierte muchas veces en una herramienta más de
control social por la vía del más abyecto clientelismo político. Es
en ese nivel donde menos se respetan la dignidad y los derechos laborales de los
trabajadores de la salud, en particular de los profesionales, sometidos al autoritarismo,
al maltrato, a condiciones de trabajo propias de la esclavitud. Hay
municipios donde los profesionales trabajan ad-honorem, bajo contratos de las
cooperadoras o mediante contratos de locación de obra. Una de las contrapartidas
para la población, allí donde la mayor parte de las prácticas se hallan "aranceladas",
es que sólo se atiende el que puede pagar el bono de cooperadora. Pero aun en
aquellos municipios en que la atención sigue siendo "gratuita" desde un punto
de vista formal, es cada vez mayor el aporte que deben hacer los mismos pacientes
comprando de su bolsillo insumos, material descartable, placas radiográficas o
los mismos medicamentos que se les indican pues los programas de suministro gratuito
son siempre parciales (una de las consecuencias de las políticas focales) e insuficientes.
El Remediar, que merecería un capítulo aparte es un buen ejemplo de ello, más
allá del marketing y las cortinas de humo. En
la mayoría de los municipios, estén o no adheridos a la Ley de Carrera Profesional
de la Provincia, la relación laboral predominante es la precaria, bajo la forma
de contratos o becas. El resultado: miles de profesionales trabajan sin estabilidad,
sin vacaciones, sin percibir asignaciones familiares o aguinaldo y dejando de
recibir su paga si tienen la mala suerte de enfermarse. En un mismo centro de
salud hoy pueden coexistir cinco o seis modalidades de relación laboral distintas
entre los profesionales. La
razón fundamental para perpetuar la precarización laboral no es de índole económica
sino política. La relación laboral precaria en un contexto general de desocupación
se transforma en una herramienta de disciplinamiento y control social formidable.
La autoridad de turno utiliza estas formas precarias de relación laboral para
intentar aplastar todo intento de organización gremial y toda denuncia de la calamitosa
situación que reina en las redes locales de "salud". Así se acallan las denuncias
por carencias de los insumos más elementales o los negociados a través de los
cuales los intendentes y sus "secretarios de salud" derivan los fondos que les
niegan a los efectores públicos a sospechosos contratos con los mercaderes de
la salud privada con los que muchas veces están emparentados. Los
profesionales que trabajan en estas condiciones pagan muchas veces con su salud
física y mental el precio de ejercer la tarea para la que se formaron: sufren
afecciones cardíacas, contraen enfermedades infectocontagiosas, caen en el alcoholismo
u otras formas de adicciones, se deprimen, se suicidan... A nadie parece importarle. Muchas
veces son víctimas de la violencia social, sufriendo asaltos o robos en tránsito
o en sus mismos lugares de trabajo. Y muchas veces también son los que ponen la
cara (y aquí poner la cara no es una metáfora) cuando la población víctima de
la deserción del estado explota y expresa su indignación: es raro que "cobren"
los responsables de la falta de respuestas del sistema de salud ante la desesperación
de una madre o un padre por las demoras en la atención cuando ven que su hijito
se les muere. Los que reciben los golpes son muchas veces el médico o la enfermera. Las
vacantes rara vez se cubren y cuando ello ocurre se hace a expensas de trabajo
estable que viene siendo reemplazado sistemáticamente por más empleo precario,
sea bajo la órbita de los mismos municipios, sea bajo modalidades precarias en
el nivel provincial (Becarios, Seguro Público de Salud) o, más recientemente también
desde el nivel nacional (Plan de Médicos Comunitarios). El impulsor de este último
engendro precarizador (bajo la inspiración del Banco Mundial) no es otro que el
Ministro de Salud de la Nación, Ginés González García. El mismo que hace catorce
años creara, desde la cartera provincial, las Becas de los Planes Materno-Infantil
y Salud con el Pueblo, programas que periódicamente amenazan con hacer desaparecer
sin que nadie aclare qué ocurrirá con los profesionales y otros trabajadores que
vienen desarrollando tareas insustituibles en el primer nivel de atención bajo
esas modalidades. Bajo
las formas precarias de contratación antes descriptas, el salario ha pasado a
ser una variable más de ajuste. En muchos municipios los salarios están muy por
debajo de la línea de la pobreza rondando los $ 500 o $ 600 de bolsillo. Han sufrido
no sólo los efectos de la devaluación y la inflación sino incluso rebajas nominales
¡En algunos hasta hay profesionales trabajando por un Plan Jefes y Jefas! Aun
los municipios que tienen adhesión a la ley provincial se han negado sistemáticamente
a aplicar las mejoras salariales obtenidas en el ámbito provincial desde febrero
de 2004 con lo que en muchos casos los salarios no se modifican desde 1998. En
Malvinas Argentinas o en San Miguel, en Lomas de Zamora, en Tigre o en Ensenada,
en Moreno o en Tres de Febrero, en San Fernando o en Quilmes, por hablar solo
del conurbano, porque las situaciones no son muy diferentes a las del interior
de la provincia, cerca de trece mil profesionales enfrentan diariamente su trabajo
en las condiciones más adversas, solo mitigadas por el grado de resistencia organizada
que han logrado oponer a tanta arbitrariedad (en la mayoría de los casos tejiendo
alianzas con las organizaciones sociales de su comunidad). Pero
la batalla es desigual y el resultado es un deterioro creciente en la calidad
de la respuesta que estos efectores brindan a la población, que es como siempre
la más castigada: la que requeriría mejores y mayores prestaciones es la que peor
atención recibe. Aquí se esconde una de las razones que explican un fenómeno que
ha sido expuesto por distintas investigaciones: más del 30 % de los pacientes
que se atienden en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires provienen del conurbano
bonaerense y las cifras trepan al 50% en algunos hospitales como el Ramos Mejía
o al 60% en los hospitales pediátricos de la ciudad. Las
autoridades de la provincia no pueden seguir escudándose en los principios de
"autonomía" y "autarquía" municipal y desligándose de toda responsabilidad sobre
esta calamitosa situación descargando las culpas en los intendentes. Esos principios
no pueden estar por encima de la Constitución Provincial y de la Constitución
Nacional. El gobierno de la provincia no puede seguir haciéndose el desentendido
de su obligación de garantizar el Derecho a la Salud a toda la población y no
puede permitir que sigan prosperando las condiciones salariales y laborales que
se aplican en la gran mayoría de los municipios rayanas con la esclavitud. CICOP,
junto a los Profesionales de la Salud que trabajan en los municipios bonaerenses
ha exigido la constitución de una Mesa de Trabajo para abordar la problemática
descripta, con participación de los Ministerios de Salud y Trabajo de la Provincia
que apunte a: - -
La inmediata puesta en marcha de un Programa de Desprecarización laboral para
el personal profesional y no profesional.
- -
Equiparación salarial en base al principio constitucional de "a igual tarea, igual
remuneración".
- -
Respeto a la totalidad de los Derechos Humanos y Sindicales de los trabajadores
profesionales de los sistemas locales de salud. Basta de apretadas, amenazas y
arbitrariedades.
- -
Basta de mafias, basta de amiguismo y nepotismo, basta de privilegiar criterios
clientelistas por sobre criterios epidemiológicos y sanitarios.
- -
Rechazo a las privatizaciones, tercerizaciones y al arancelamiento en el primer
nivel de atención.
- -
Provincialización de todos los hospitales del conurbano que hoy se encuentran
en crisis por el desfinanciamiento y el desgobierno a los que los someten los
gobiernos municipales. Mecanismos de auténtico control popular para asegurar que
los fondos así liberados se apliquen a fortalecer el primer nivel de atención.
El Acta
suscripta el 3 de Mayo entre el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos
Aires y la CICOP reconoció explícitamente ese reclamo. Ahora es tiempo de ponerse
a trabajar porque la situación no admite más demoras. |