223 sindicalistas asesinados

Informe anual de la CIOSL sobre las violaciones de los derechos sindicales

Sigue aumentando la represión antisindical en el mundo
Bruselas, el 18 de Junio, 2002: 223 sindicalistas asesinados o desaparecidos en 2001 (es decir, 14 más que en 2000), con un aterrador récord de 201 asesinatos y desapariciones nada más que en Colombia, cerca de 4.000 sindicalistas detenidos, 1.000 heridos y 10.000 despedidos... el informe anual de 2001 de la CIOSL sobre las violaciones de los derechos sindicales, que abarca 132 países y territorios del mundo, pone en tela de juicio el empecinamiento antidemocrático de ciertos Estados en el plano político y la competencia mundial exacerbada en el plano económico. Dos arduas tendencias que únicamente la solidaridad sindical internacional consigue a veces contrarrestar, señala el informe.
 
El precio de la lucha por la democracia

El sindicalista chino Yao Guisheng, condenado a 15 años de trabajos forzosos por acusaciones fabricadas totalmente, terminó por enloquecer a fuerza de ser golpeado y encerrado en mazmorras. En China, cualquier intento de crear un sindicato independiente puede originar condenadas desmesuradas de reclusión, que pueden llegar a cadena perpetua, acompañadas de condiciones de detención insostenibles. Birmania, donde los sindicatos independientes se ven obligados a trabajar en la clandestinidad con el riesgo de ser condenados a largas penas de reclusión y donde los militares en el poder despiden, detienen e inclusive torturan a quien intenta protestar, es otro ejemplo flagrante de la relación evidente entre la magnitud de las violaciones de derechos sindicales y el temor que tienen ciertos regímenes al papel esencial que pueden desempeñar los sindicatos para ayudar a que la democracia se arraigue.

En el continente africano, donde hay un grave déficit democrático, la insidiosa guerra entre poder y sindicato originó también arrestos, intimidaciones e inclusive pérdidas de vidas humanas, como sucedió en Zimbabwe, campeón africano junto a Swazilandia de la encarnizada lucha antisindical y donde tres huelguistas de una empresa siderúrgica fueron asesinados.

El mismo panorama se vive en Bielorrusia, donde la consolidación de los métodos despóticos del Presidente Lukaschenko se tradujo inevitablemente en una agravación de la represión antisindical. No hay que olvidar tampoco a los numerosos países donde los sindicatos siguen estando completamente prohibidos, realidad que sigue siendo especialmente notoria en la región de Oriente Medio.

El precio de la acelerada liberalización mundial

El 2 de mayo de 2001, en Bangladesh, Iqbal Majumber, secretario general del sindicato Jatiyo Sramik, fue muerto cuando salía de su oficina. Pionero del movimiento sindical bengalí, estuvo en primera línea en la lucha contra la privatización y la desregulación.

En todo el mundo, los trabajadores y trabajadoras acusan de lleno las consecuencias negativas de la disminución del ritmo de la economía mundial y de las medidas de ajuste estructural y, cuando manifiestan su descontento, los gobiernos responden rápidamente con represión. En Argentina, el explosivo cóctel de una aguda crisis económica, privatización de los servicios públicos y flexibilidad a ultranza dejó en la calle a decenas de miles de trabajadores. Como reacción, se llevaron a cabo numerosas huelgas y manifestaciones que tuvieron como única respuesta numerosas confrontaciones violentas con las fuerzas policiales.En Colombia, donde más de 200 sindicalistas fueron asesinados o desaparecieron en 2001 -es decir, 25% más de asesinatos y desapariciones que en 2000-, los sindicalistas de los servicios públicos son los más afectados (65% de las violaciones de derechos), principalmente debido a su actitud recalcitrante en los debates políticos de ajuste fiscal y de privatización. En el informe se denuncia asimismo la impunidad de que goza la mayoría de los mandantes de esos crímenes, como así también las graves lagunas de los programas de protección previstos para los sindicalistas colombianos.

En Europa central y oriental, aún cuando el informe registra avances legislativos en materia de derechos sindicales fundamentales, la privatización y la liberalización a menudo implican violación de derechos sindicales, como ocurre en la República Checa donde, a pesar de la entrada en vigencia de un nuevo código laboral, no disminuyó la discriminación antisindical y al igual que en otros países de la región, hay sindicalistas hostigados, despedidos, trasladados o amenazados.

Cuando nada detiene a los empleadores

Cuando Naddem Dar quiso crear un sindicato en una fábrica textil de Pakistán en junio de 2001, fue secuestrado por el propietario de la fábrica. Dado que se negó a abandonar su proyecto inclusive amenazado con un arma, fue torturado. Para lograr que los demás responsables sindicales dimitieran, la patronal amenazó con trasladar la fábrica y con contratar matones para que actuaran contra los recalcitrantes.

Al leer el informe no puede dejar de observarse que la carrera en pos de las ganancias y la competencia encarnizada en el mercado mundial incitan a los empleadores a evadir las leyes cuando pueden y a utilizar la fuerza más brutal cuando lo estiman necesario.

En Indonesia, el vicedirector de una fábrica automotriz de Yakarta pagó a matones armados con cuchillos, caños y fusiles para que disolvieran una huelga que realizaron 400 trabajadores en el mes de marzo. El saldo fue de dos muertos y diez heridos graves. En distintos países de Asia, los empleadores no tienen ningún escrúpulo en contratar matones, a menudo, personal militar activo o retirado, para reprimir o agredir a sus trabajadores, principalmente cuando éstos hacen huelga u ocupan los lugares de trabajo. Esto sucede especialmente en China, Indonesia o Corea del Sur, un país donde más de 200 dirigentes sindicales fueron condenados en 2001 a cumplir penas de reclusión y pagar elevadas multas y donde a finales del año, 50 de ellos seguían tras las rejas.

En América Latina, la región más mortífera para los sindicalistas, algunos sectores son blancos especiales de la represión. En Costa Rica y Guatemala, la situación es especialmente difícil en el sector de las plantaciones bananeras (trabajadores sindicalizados despedidos, hostigados o incorporados a listas negras que les impiden encontrar otro trabajo), como ocurre en las zonas francas. Las zonas francas de exportación, puestos de avanzada de la mundialización, son en todo el mundo en general zonas donde los trabajadores no tienen derechos, señala el informe.

Cuando la solidaridad sindical internacional es determinante

En África central, el dirigente sindical Théophile Sony Colé (USTC), fue detenido el 17 de junio de 2001 en el aeropuerto cuando volvía de una reunión sindical que llevó a cabo la CIOSL-ORAF en Nairobi. Esta organización alertó inmediatamente al máximo posible de interlocutores regionales e internacionales, con lo que se consiguió su liberalización.

En El Salvador, gracias a la presión combinada de los sindicatos, la prensa y grupos de solidaridad, los trabajadores de la fábrica textil taiwanesa Tainan El Salvador S.A. consiguieron en julio que se reconociera su sindicato (STIT). Fue un hecho inusitado en esas zonas carentes de derechos sindicales que son las zonas francas salvadoreñas.

Tailandia, Ghana, Belice Diversas campañas internacionales a menudo organizadas en coalición con otros grupos activos en la defensa de los derechos humanos permitieron en 2001 que se liberara a sindicalistas detenidos, se solucionaran diferencias, se reincorporara a sindicalistas despedidos o que se reconociera a sindicatos. Son casos concretos que muestran que la solidaridad sindical internacional puede ser determinante.

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