Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
ARGENTINA

Cecilia Pando expresa que tenemos razón y cuando amenaza, dice la verdad

Por Ciro Annicchiarico (*) Correo

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 07/08/08.- Qué decir de las clásicas irrupciones de Cecilia Pando, que no incurra en repeticiones de lo que con propiedad ya han destacado otros, entre ellos muchos buenos periodistas, con encomiable propiedad? Que funge como aspiradora que atrae voluntades opositoras y oportunistas, como en su momento lo expresó Blumberg y recientemente los cuatro jinetes del agro? Ya se dijo. Que demuestra la connivencia indiscutible que hubo y que hay entre la dictadura cívico militar y la Sociedad Rural? Ya se dijo. Que es una provocadora que busca desestabilizar el funcionamiento de las instituciones? Ya se dijo. Que expresa las posiciones más ultramontanas y fascistas? Ya se dijo. Que amenaza y se manifiesta en apología de la dictadura, es decir del delito? Ya se dijo. Que en definitiva sus intervenciones son patéticas? Ya se dijo. Creo, sin pretender hacerme de primicia alguna -atento su obviedad lo más probable es que otro lo haya dicho-, que hay algo esencial que no se ha escuchado: Cecilia Pando es la prueba más contundente de que quienes luchamos por la promoción y la consolidación de los derechos humanos en Argentina, tenemos razón.

Cecilia Pando expresa vivamente la ausencia de razones y de derecho a favor de sus cómplices. Cecilia Pando confirma la verdad que expresamos quienes acusamos a la pasada dictadura cívico militar. Más allá de los denodados esfuerzos de los abogados de los represores en los juicios que hasta hoy hemos visto, que respetamos como indiscutible derecho constitucional de defensa, que tratan de basar sus defensas más en brumosas consideraciones políticas que en efectivas fundamentaciones probatorias concretas y jurídicas, ya que no las tienen, lo cierto es que no aparecen en la escena pública desarrollos jurídicos serios, atendibles, basados en derecho, que generen aunque fuere la más mínima duda acerca de la justicia de las querellas, de las acusaciones y de las condenas que se están aplicando contra quienes cometieron las mayores atrocidades y delitos contra la humanidad que recuerde nuestra historia.

Dicho sea de paso, está pendiente que en algún sitio se enumere, una a una, las atrocidades que cometieron a lo largo del período en que fueron amos y señores del destino de nuestro pueblo. Cuando la comunidad, el gran público, tome conocimiento de lo que hicieron, puntualmente, el espanto será completo, por lo tanto el remedio también. Por primera vez en la historia argentina la justicia está cumpliendo su función respecto de esas atrocidades cometidas por dictadores y genocidas.

Si las verdades que se ventilan en esos juicios no pueden ser cuestionadas o rebatidas sino por los exabruptos de Cecilia Pando y el grupo de vociferantes que la rodea, ello es la prueba más categórica de la verdad en que se apoyan nuestras acusaciones y las condenas. Como abogado penalista con años de ejercicio, he visto en innumerables ocasiones al finalizar juicios comunes, la triste irrupción de algún familiar del condenado que ante la lectura de la condena y su detenida fundamentación -que eso diferencia, aparte de su humanidad, las penas que aplica el estado de derecho de las que aplicaban los esbirros de la dictadura- comenzaba de pronto a gritar insultos y amenazas contra jueces, testigos de cargo y abogados querellantes. Lo he visto varias veces: "te voy a matar", "algún día voy a salir y me vas a ver", "ya se van a cambiar los papeles", "decíles a tus hijos que tengan cuidado cuando van a cruzar la calle", y ese tipo de cosas.

Ante esto uno se serena en relación a su responsabilidad, porque se advierte con esas certezas que inundan el espíritu como un bálsamo, que si esas son las argumentaciones para intentar desvirtuar la condena, es porque éstas fueron cabalmente justas y fundadas en pruebas contundentes, en la ley y en el derecho. Si todo lo que los restos de la pasada dictadura cívico militar tienen que decir respecto del actual funcionamiento del estado de derecho y la aplicación efectiva de la política de derechos humanos es insultar a los jueces y amenazarlos de muerte, o hacerle un gesto de deguello al Secretario de Derechos Humanos, quiere decir que nuestros argumentos, nuestros fundamentos y nuestros derechos, son incontestables. Es la prueba mayor y definitiva de que tenemos razón. Ahora bien, no hay que descuidarse. No se trata de personas caídas en desgracia, de excluídos que la pobreza y la miseria lleva al delito, quienes inclusive cuando son condenados y se les explica las razones, suelen mostrarse humildes, se quiebran e inclusive miran a la víctima en el recinto y les piden perdón. No, no se trata de este tipo de personas. Estos son como los de esos juicios en los que se lleva ante el tribunal a unos mafiosos pesados, gente sin límites, inclusive con poder. Cuando amenazan no hay que tomarlo a la ligera. Tal como dijo el Dr. Eduardo Luis Duhalde, Secretario de Derechos Humanos, "volverían a hacerlo". No nos cabe ninguna duda. Cecilia Pando dijo que tenemos razón, y nosotros decimos que ella cuando amenaza, dice la verdad.

(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión.
Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones