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Rebanadas
de Realidad
- Buenos Aires, 15/12/08.-
"Estoy harto de los reclamos que le faltan el respeto al prójimo". Dijo
Macri. Refiriéndose a la movilización de la CTA y demás organismos no
gubernamentales que el viernes 12 de diciembre marcharon en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires para manifestarse en contra del hambre, en contra
de que haya un niño más en Argentina que muera por hambre, denunciando,
en definitiva, que el hambre es un crimen. Esto a Mauricio Macri le molestó.
Claro, para el la falta de respeto al prójimo existe cuando se entorpece
el tránsito vehicular un viernes, de los miles de ciudadanos que tienen
recursos suficientes para movilizarse en automóvil, y además la suficiente
poca conciencia como para abarrotar la ciudad de vehículos y polución
un viernes, para conectar la salida de la empresa con el paseo feliz del
fin de semana. Esa,
para el, parece ser una falta de respeto mayor que haya hambre y muerte
de niños por ese motivo en un país con recursos alimenticios suficientes
para satisfacer a quinientos millones de personas. Macri, como siempre,
pone las cosas al revés. Pero poniéndolas al derecho, Macri, la verdad
es que si es cierto que está "harto de los reclamos que le faltan el respeto
al prójimo", tendría entonces que estar harto de muchísimas otras cosas
que constituyen genuinas faltas de respeto al prójimo, y de las que la
gente está harta también, y con más razón. Harta de gobernantes que usan
la función pública para hacer negocios personales y sectoriales. Harta
de gobernantes que destruyen las políticas públicas para privilegiar empresas
privadas, y luego "se hartan" de las consecuencias, protestas y reclamos,
a los que ellos mismos dieron lugar. Harta de que haya gobernantes que
hacen repavimentar una y diez veces las mismas calles con beneficio de
contratistas privados, vaya a saberse a cambio de qué. Harta de gobernantes
que destruyen la educación pública para privilegiar el negocio de la enseñanza
privada. Harta de gobernantes que destruyen la salud pública para privilegiar
el negocio de las prepagas, de las clínicas privadas y de los laboratorios
privados. Harta de que todo espacio público disponible sea utilizado prioritariamente
como un espacio susceptible de producir negocios, convenientemente acordados
con concesionarios privados, como es el caso del Teatro Colón, que, hasta
donde se sabe, porque todo se sabe, está siendo preparado en sus instalaciones
para convertirlo a su reapertura en un verdadero shoping, con funciones
líricas como entretenimiento accesorio. Harta de gobernantes inútiles,
que el único cambio que producen en la ciudad es repletarla de cartelones
color diarrea anunciando obras que no se ven sino en las letras del cartel
y en los bolsillos de los amigos. Harta de gobernantes mentirosos, émulos
de ese personaje procesado ante la justicia que impúdicamente afirmó "si
decía lo que iba a hacer no me votaba nadie", que prometen no aumentar
impuestos y lo primero que hacen es aumentar impuestos. Harta de gobernantes
cuyo único discurso es bramar contra la inseguridad que ellos mismos produjeron
con sus políticas de exclusión social, convocando a "mapas de inseguridad"
de la delincuencia producida por los desesperados, pero que jamás convocan
a algún mapa de la inseguridad que producen con sus políticas económicas
muchos corruptos que ejercieron poder, de la inseguridad que generan los
que administraron empresas enriquecidas por negocios hechos al amparo
de gobiernos corruptos, jamás convocan a ningún mapa de la inseguridad
producida por los evasores de impuestos; harta de los que jamás convocan
a ningún mapa de la inseguridad en la que que ocasionan los miembros de
las fuerzas de seguridad que violan la ley, en definitiva, harta de los
que jamás convocan a ningún mapa de la inseguridad mayor vivida por nuestro
pueblo en toda su historia que fue la última dictadura militar, sostenida
en su momento y defendida hoy por aquellos a quienes Macri apoyó durante
el conflicto provocado por el lock out patronal del agro a principios
del corriente año. En Argentina hay un nombre que usamos para referirnos
a los que acusan falsamente a los demás de las cosas que ellos mismos
hacen. Considero que entre sus adherentes podrían impulsar una campaña
para cambiarle el nombre al partido político de Macri. Bien podría llamarse
PRO filáctico.
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