Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
ARGENTINA

Kevin Mitnik demostró que yo tenía razón

"Me inculpé de cosas que no hice, pero no tenía más remedio".
Por Ciro Annicchiarico (*) Correo

Artículos relacionados:

A propósito del caso Guido Antonini Wilson - Por Ciro Annicchiarico
Medios de desinformación pública - Por Ciro Annicchiarico

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 27/12/08.- Hace exactamente un año, el 16 de diciembre de 2007, publiqué un artículo en este mismo medio digital, poniendo en evidencia un brulote típicamente desinformativo del diario La Nación. Para que los lectores hagan memoria -aunque pueden recuperar mi nota del historial de Rebanadas de Realidad- señalaré brevemente que cuando los medios masivos de desinformación -principalmente La Nación- intoxicaban con el affaire Antonini Wilson y su valija cuyo contenido crecía según el afán desestabilizador de los Mitre y Cía., dicho diario se descolgó a mediados de diciembre del año pasado con una falsa información desarrollada bajo el destacado título "Por fin, ahora se conocerá la verdad". La Nación, presta a considerar palabra divina cualquier cosa que exprese el gobierno norteamericano, estampó en su diario sábana el título mencionado, y seguidamente el desarrollo de la nota que no hacía más que repetir acríticamente palabras ajenas. Así, basó el aserto de dicho título en que el fiscal de Miami Tom Mulvinhill había anunciado que "Antonini Wilson fue presionado por agentes venezolanos para transportar irregularmente dinero para la campaña de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner". El fiscal Mulvinhill dijo que había llegado a esa conclusión gracias a información secreta que le proporcionó el FBI.

En mi artículo, en respuesta a la poco seria información del mencionado diario, recordé ciertas características generales del país del norte de donde es oriundo el fiscal Tom Mulvinhill, que se basa en mostrar a los demás sus cosas "como si fueran ciertas", pero que si alguien rasca solo un poco la superficie descubre que no es más que cartón pintado. Entre ellas, su justicia penal. Dije que si alguien cree, por haber visto muchas películas, que la justicia penal en EEUU es como ocurre en el cine o en la televisión, asegurando a todos los ciudadanos un juicio justo como lo fija su Constitución, está muy equivocado y se llevaría una sorpresa. Las escenificaciones de juicios, con abogados y jurados intachables, acompañados por equipos de juristas, en donde reina la equidad, es liberado el bueno y paga el malo a quien un juez justo fija la pena justa, en realidad son nada más que un entretenimiento cinematográfico. En la realidad eso no pasa casi nunca. Si La Nación fuera un diario serio, ante el anuncio del fiscal Mulvinhill tendría que haber titulado, muy por el contrario: "Lamentablemente, ahora ya no se podrá conocer la verdad".

Dije entonces que no se trataba mi comentario de una nota política, sino estrictamente jurídica, y expliqué, basándome no en discursos o en consignas de izquierda sino en datos jurídicos y especializados que están muy lejos de tener sentimientos antinorteamericanos, que el sistema judicial penal de ese país conocido como plea bargaining, una inconcebible "negociación" entre fiscal e imputado, no es otra cosa que un medio para incrementar la producción de presos a ingresar en un sistema penitenciario que genera ganancias a las empresas privadas concesionarias del "servicio" de administrar el encierro, y un mecanismo propicio para operaciones políticas. Recuerdo aquí brevemente en qué consiste el plea bargaining: el fiscal no está seguro de contar con pruebas suficientes para demostrar en juicio la culpabilidad del imputado, quien afirma su inocencia. El fiscal entonces le hace saber que está seguro que además del que le imputa, podrá probarle otros delitos más graves aún y le ofrece la "negociación". Consiste en lo siguiente: si se declara culpable del delito menor, solo lo acusará por ese y pedirá una pena menor. Pasará solo unos meses en prisión. Si el imputado no lo acepta, el fiscal en el juicio intentará probar todos los delitos, y le hace saber que está seguro de lograrlo. En tal caso, la pena sumada puede ser de muchos años de prisión, inclusive décadas. Usted, lector, qué haría en tal caso, ante semejante disyuntiva? Normalmente en EEUU lo que sucede es que el imputado acepta pasar unos meses en un correccional. El fiscal hace como si hubiera resuelto el delito primigeniamente imputado, el preso hace como si lo hubiese cometido para evitar años de cárcel, y el poder judicial hace como si hubiese administrado justicia. Una película perfecta que solamente la creen (la creen?) los medios masivos de desinformación como La Nación y afines. Y todo el sistema sirve en EEUU para que siga funcionando y creciendo el servicio privado de cárceles que genera una actividad económica anual millonaria en insumos de control, o para seguir interfiriendo en la política interna de otros paises.

Como respuesta a mi artículo recibí llamadas. Personas e inclusive periodistas de otros medios honestamente sorprendidos (cosa llamativa porque tendrían que tener un mínimo de información correcta sobre cuestiones que constituyen material diario para una adecuada comunicación) me preguntaban si estaba seguro con lo que afirmaba, si podía ser cierta semejante cosa, si podía desarrollar más el punto. Mis dedicaciones me impidieron abordar un desarrollo más amplio de la cuestión, aunque les sugerí por ejemplo la lectura de "La industria del control del delito - La nueva forma del holocausto?", del noruego Nils Christie. Pero resulta que hace tres días, precisamente el pasado 24 de diciembre, una nota del diario El País de Madrid, desarrollada por el periodista Ramón Muñoz especialmente para el diario Página/12 de Argentina, proporciona una prueba irrefutable para los incrédulos que honestamente se sintieron impactados por el contenido de mi artículo. Kevin Mitnik, el pirata informático que hace varios años se hizo mundialmente famoso por haber vulnerado la seguridad informática nada menos que del FBI, del Pentágono y de megaempresas como Apple y Motorola, cumplió cinco años deprisión, fue recientemente liberado y contó detalles verdaderamente significativos. En primer lugar resulta que ahora es un héroe mediático que viaja por EEUU y el mundo dando conferencias pagas con las que se está haciendo millonario. Pero por lo menos es consciente de la hipocrecía, afirma con ácida ironía: "Ahora soy un hacker ético". Claro, ahora les ofrece sus servicios lícitos al FBI, al Pentágono y a Apple como consultor! Pero para los fines de este artículo, que puede considerarse segunda parte del publicado el 16 de diciembre de 2007, "El Chacal de la Red", como se lo conoció otrora a Mitnik, menciona algunas interesantes perlas. Dice que de su paso por la cárcel entre 2000 y 2005 no guarda un buen recuerdo. A la espera de un juicio que nunca llegaba, sufrió un duro régimen de aislamiento que le prohibía usar cualquier tipo de dispositivo electrónico, incluso para comunicarse con su abogado o su familia. "El fiscal llegó a decir que me prohibieran el acceso a cualquier teléfono por que decía que silbando en el móvil podía provocar una guerra nuclear". Y lo más jugoso: Kevin Mitnik admitió que no le molesta la condena que tuvo que purgar, ni siquiera el arreglo al que tuvo que llegar con el gobierno para que se lo juzgara, "me inculpé de cosas que no hice, pero no tenía más remedio". Mitnik agregó que le parece asombroso que se paguen cinco años por violar la seguridad de una red informática, aunque nunca robó ni un solo dólar, mientras que el financista Bernard L. Madoff, que acaba de estafar en 37.000 millones de euros esté en la calle. Para desagrado de La Nación y afines, Mitnik remató: "La justicia en Estados Unidos se aplica dependiendo del dinero que tengas y de tu estatus".

Parafraseando a La Nación, podría afirmar que ahora sí se supo la verdad. No obstante, estimado lector, si usted elige seguir creyéndole al fiscal Tom Mulvinhill y a La Nación, está en todo su derecho de hacerlo.

(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión.
Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones