Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
OPINIÓN - ARGENTINA

Dolor y repulsión (I)

Por Ciro Annicchiarico (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 02/04/09.- Una cosa es reconocer en Raúl Alfonsín al republicano verdadero que fue, al demócrata convencido que fue, al hombre que privilegió los consensos, al valiente luchador por la libertad que fue, y que tuvo en sus manos una parte importantísima de la historia argentina reciente. Nada menos que la de la definitiva recuperación de nuestra democracia. Inclusive más allá de sus contradicciones, flaquezas y concesiones, como todos las tenemos. Y otra muy distinta es haber tenido que escuchar a muchos hipócritas de los que acompañaron sus restos, en una u otra circunstancia de la ceremonia. Farsantes de toda laya y ocupación. Personajes viles que aprovechan la circunstancia triste de la muerte y el sepelio de un grande, para pontificar y llenar sus bocas en unos minutos de discurso vano. Personas viles que se disfrazan de valores ajenos en los cinco minutos que la ceremonia en torno de un cajón abierto impone a los demás presenciar en silencio. Durante los cinco minutos en que el resto estamos obligados a callar.

Personajes viles que solo pueden estar cerca de los grandes hombres en el momento en que el obligado protocolo los coloca al costado de su catafalco. Allí repiten consignas sobre ideales y profesiones de fe sobre conductas éticas. Pretenden interpretar al muerto insigne, llegado al parnaso que obliga a la contrición, en pretendidos mandatos póstumos imposibles de comprobar. Pontificadores de ideales y conductas que en la práctica desmienten permanentemente. Son personajes patéticos. Aprovechan impunes el marco de respeto que impone la presencia de un féretro ilustre. Se agazapan al resguardo de la inmovilidad del que se fue. Se relamen sin pudor con palabras como diálogo, consenso, respeto, igualdad, cuando en la cotidianeidad de sus vidas sociales, comunicacionales y políticas, no hacen sino mentir, ocultar la realidad, negar el diálogo, dinamitar los consensos, faltar el respeto a la decisión popular, impedir la construcción de la igualdad. Sinceramente, esa inundación de hipocrecía explícita me llenó de ganas de vomitar. Sobre el dolor que sentí por la ida de un hombre de bien, Raúl Alfonsín, en lo personal y en lo político, sentí ganas de vomitar ante la falsía y la perfidia de muchos que aprovecharon ese momento, sin pudor alguno, para difundir arengas partidarias de oposición, que aprovecharon la fatalidad para vociferar, sin pudor alguno, mentiras en torno de su cajón.

(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión.
Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones