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OPINIÓN - ARGENTINA

Dolor y repulsión (II)

Un apellido ahí, por favor
Por Ciro Annicchiarico (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 04/04/09.-

1.-

Ricardo es un buen tipo. Buen hijo, amante de sus padres y de su familia. Católico, abogado, hombre sereno. Alejado de estridencias y de conductas extremas. Tal vez sin decisiones drásticas en su vida, ni convicciones duras o determinantes. Es más bien dúctil frente a las borrascas que propone la existencia. Cuenta con la virtud de ajustarse razonablemente a los pliegues de una realidad sinuosa, complicada. Para próceres de capa y espada, o, más bien, de pluma y palabra, tiene a otras personas próximas que lo han condicionado. Eso es bueno. Ricardo es una buena persona.

2.-

Algo de pronto sucedió en medio de una feroz embestida de la oposición al único gobierno en cincuenta años que se decidió a gobernar, no a discurrir. Que se decidió a profundizar en serio una política de derechos humanos que hiciera honor a la promesa de memoria, verdad y justicia, sobre todo esto último, justicia, aunque quede mucho por hacer. Que se decidió a impulsar, aunque fuere mínimamente, unas medidas de redistribución de la riqueza. Que se decidió a participar realmente de un proceso de integración suramericano, aunque falte mucho para la Patria Grande. Que se decidió a retomar, en serio, no con fantasías, el proyecto de reindustrialización del país. Que impulsa concretamente, no solo con palabras en un documento de campaña política, la recuperación de la administración del patrimonio común de los jubilados argentinos. Que inicia un proceso de recuperación de empresas de servicios públicos, como Correos Argentinos, Aerolíneas Argentinas, Industrias Navales, entre otras. Que, entre tantas cosas que definen a un gobierno nacional y popular, decide también impulsar de una vez la derogación de la ley de radiodifusión diseñada por la dictadura cívico militar que posibilitó los actuales monopolios mediáticos, para proponer el debate sobre un proyecto de ley para la democracia. En medio de todo esto, es decir lo de siempre: de la feroz embestida de la derecha conservadora y retrógrada a un gobierno nacional y popular, derecha que llevó no una sino varias veces al país a incendios memorables y al límite de su disolucion, asistida por los idiotas de turno que nunca faltan, de pronto pasó algo.

3.-

Cuando esa derecha retrógrada y corrupta no termina de encontrar el líder conductor que la unifique para su "patriótica" misión, perdida en devaneos entre millonarios mediáticos que se disfrazan de diablos en fiestas con glamour, representantes del agro que apoyaron a la dictadura y pitonisas que hablan entre dientes cargados de odio ante todo lo que sea negro, salvo el tostado de su piel en playas exclusivas, de pronto, ocurrió algo. Cuando lo único que tienen es el odio construído cotidiana y sistemáticamente con la herramienta canalla de la mentira mediática, pero sin encontrar el referente funcional que permita apostar en firme, de pronto, sucedió algo.

4.-

Murió el ex presidente Raúl Alfonsín.

5.-

Al dolor por la ida de Raúl Alfonsín, republicano verdadero, demócrata convencido, hombre que privilegió los consensos, valiente luchador por la libertad, que tuvo en sus manos una parte importantísima de la historia argentina reciente, la de la definitiva recuperación de nuestra democracia pese a sus contradicciones, flaquezas y concesiones, se le sumaron las hipocrecías de una clase política vieja que aprovechó esa fatídica circunstancia para declamar sus mentiras y usar el catafalco como medio de campaña política. Alrededor de su cadáver se dijeron un montón de mentiras, se exageraron virtudes y se ocultaron otras cosas que lo hicieron en realidad humano, político verdadero y contradictorio. Pero la oportunidad venía bien para amalgamar las distintas variantes de la oposición. El odio antiperonista, el odio hacia cualquier expresión popular, el odio de los nostálgicos de la dictadura cívico militar, el odio de los representantes de la oligarquía agropecuaria, el odio del clero retrógrado, el odio de los especuladores financieros nativos incipientemente afectados, el odio de los señores y señoras machistas que no pueden tolerar al frente del Poder Ejecutivo Nacional a una mujer, para más que los quintuplica en inteligencia. Ante este fenómeno, muchos viejos pícaros que usaron las tarimas alrededor del féretro entornaron sus ojos. Percibieron el suave perfume del caldo que de pronto comenzó a gestarse espontáneamente desde las veinte y treinta horas del martes dos de abril de 2009. Alguno, aunque pudieron ser varios, miró a sus costados y hacia atrás. De pronto vio a alguien. Un deudo. Pero no es exactamente al deudo lo que vio. Vio otra cosa.

6.-

Ricardo Alfonsín.

Ricardo, más allá de algunos escarceos electorales durante la campaña de la olvidable Alianza, recuerdo allá por 1999, cuando en algunos tablados suburbanos portaba patronímico y modulaba la voz en sus discursos imitando al padre; más allá de algunas otras pretensiones en las periferias de la política central, siempre fuera de los escenarios mediáticos principales, nunca tuvo más capital político que su apellido: Alfonsín. Dicho esto sin intención descalificante alguna. Simplemente a algunos les da, y a otros no.

Lo decidieron casi a los pocos minutos de haber guardado los restos del ex presidente en el Panteón de la Revolución del Parque. Ricardo Alfonsín cabeza de lista para diputados nacionales en las elecciones del próximo 28 de junio. Se terminaron todas las discusiones. Encontraron el apellido. Alfonsín. No importó otra cosa. Nadie vaya a pensar que se trata de una especulación. Mucho menos en la manipulación barata de un apellido ilustre. En modo alguno, el radicalismo está muy lejos de semejante bajeza. Pero me dejó pensando un compañero que me llamó desesperado hoy sábado por la mañana. Yo no lo creo, pero el me insistía en que mostraron no la hilacha sino el cordón grosero debajo de los pliegues de los pantalones y de las faldas. Yo se lo negaba, no puede ser que hagan semejante cosa cuando hace dos días absolutamente nadie pensaba en Ricardo Alfonsín. Mi amigo me insistía que sí, que todos los demás bajaron sus pretensiones. Me lo graficó con una imaginaria conversación:

-Hey! Un apellido!

-A dónde?
-Un apellido ahí! Por favor!
(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión.
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