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OPINIÓN - ARGENTINA

Puñetazos en el escritorio, proclamas sectoriales de agitación

Por Ciro Annicchiarico (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 04/09/09.-

  • 1. Si un funcionario público de la oposición es denunciado por un delito, y alertado sobre su obligación de cumplir la ley de Etica en el Ejercicio de la Función Pública, se titula "Tras la denuncia del Gobierno, De Narváez dice que quieren "vetarlo". Es una sintaxis que confunde. Quien lea eso imaginará solamente un embate judicial del oficialismo contra un opositor, y la protesta de éste ambiguamente enmarcada en un hecho que semeja a una censura. No se dice lo más importante, sino lo subjetivo y secundario.
  • 2. El lock-out patronal de los agroempresarios no tuvo éxito, la gente está harta, pero como Clarín y La Nación tienen intereses económicos en la explotación agropecuaria, y en contribuir socialmente lo menos posible por ese rubro, se titula "El campo ratifica que el paro concluye el viernes, pero seguirán las protestas". Es mentira, no es que el paro concluye sino que fue un fracaso, y que seguirán las protestas no es más que volver a anunciar algo que ya se sabe, funcionando así el título como medio de alarma.
  • 3. Hace más de medio año que el Gobierno Nacional sometió a la consideración pública, en todo el país, el Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, habiéndose realizado más de veinte foros públicos en todo el país. Pero como Clarín, La Nación y demás medios comerciales tienen intereses empresariales monopólicos que se verán limitados, se titula "El gobierno intenta sofocar el debate sobre el control a los medios". El título es todo mentira. Ni sofocar debate ni pretensión de control.

Los ejemplos podrían seguir al infinito.

Clarín, La Nación y demás medios afines, se están pareciendo a una especie de pasquines incendiarios, dedicados pura y exclusivamente a criticar al Gobierno. Lo mismo sucede con los medios televisivos que pertenecen al mismo grupo, ya sea empresarial, ideológico o afín de clase social. Replegados sobre sí mismos, parecen no tener otra finalidad, no encontrar otro objetivo, que funcionar como boletines informativos de los intereses económicos de la gran empresa de la que son simples apéndices. Como los memos internos de una sociedad anónima que anuncia al personal un nuevo criterio de venta. No son medios de comunicación que informan a la sociedad, con criterio amplio, sobre la realidad, brindando sobre ella más o menos equilibradamente distintas miradas, sino apenas oficinas de prensa de sociedades comerciales que buscan convencer a sus subalternos y a la sociedad sobre sus puntos de vista, basados en intereses privados. No son medios de comunicación social, sino volantes pegados en el frontispicio de las empresas, mediante los cuales éstas anuncian medidas de sus dirigentes y buscan convencer a los demás sobre sus apetencias privadas o sectoriales. La supuesta misión de informar y ser medio de comunicación "independiente", que dicen tener, se reduce a descalificar y desmerecer todos los hechos -absolutamente todos, de modo que la carga subjetiva termina resultando grosera y patética- que tengan alguna relación con las actividades del Gobierno Nacional, o con los actos de quienes adhieren al Gobierno Nacional. Ninguna actividad, ningún acto administrativo, sobrevive a la rabiosa sintaxis, descalificante y alarmista. Adjetivos calificativos como "polémico", "controvertido", "preocupante", "discutible", son condimentos terminológicos agregados a raudales, especialmente en los títulos, cuando se trata de comunicar actos oficiales u opiniones verdaderamente independientes. Lo "polémico", lo "preocupante", lo "controvertido", son calidades que aparecen construidas en los títulos de esos medios de manera directamente proporcional al fastidio de los empresarios con alguna medida que los afecte en sus intereses privados o sectoriales. La firma de un decreto no es "La firma de un decreto" tal o cual, sino "La firma del polémico decreto", tal o cual. Una decisión no es una decisión, sino una "preocupante decisión". La opinión de un analista verdaderamente independiente, no es la opinión de un analista independiente, sino "la controvertida opinión de…". En la inmensa mayoría de los casos, la polémica no existe en la sociedad, no nace en la comunidad, sino que le es instalada a golpes de títulos y de adjetivaciones. Son recursos típicos de pasquines. Clarín, La Nación y medios similares, por más volumen de papel, por más producción, recursos técnicos y excelente diseño gráfico que presenten, no funcionan como medios de comunicación sino como verdaderas hojas de agitación, como cortos destinados a generar alarmas, como los volantes anarquistas, como las proclamas golpistas, como los fatales comentarios medievales insidiosos dichos en presencia del inquisidor, como los libelos anónimos develando intimidades, que en las comunidades religiosas fundamentalistas se pegan durante la noche en la puerta de una casa. La profusión de calificativos desmerece la calidad de toda narración. Si la narración pretende ser periodística, desmerece su seriedad. Los títulos y comentarios de Clarín, La Nación, TN y demás medios pertenecientes al mismo sector económico, más que información sobre algo que sucedió, parecen reproducir exclamaciones de fastidio de los dueños de las empresas emitidas al tiempo de dar puñetazos en sus escritorios.

Conclusión: si alguien quiere simplemente enterarse de los hechos sucedidos, de todos los hechos sucedidos, oficiales o no, compulsar distintas miradas sobre ellos, y tener así la posibilidad de analizar y opinar por sí mismo, está visto que lo menos que tiene que hacer es recurrir a Clarín, La Nación y demás medios gráficos o televisivos afines a sus intereses empresariales. Simplemente, no se enterará de la realidad sino que incorporará los deseos de un determinado sector social con poder económico.

(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión.
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