Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
OPINIÓN - ARGENTINA

Un paso a favor de la democracia

Por Ciro Annicchiarico (*)
Artículos relacionados:
Ecuador, camino a una ley de comunicaciones - Por Anna Rosales
Ponencia en la Asamblea Pública sobre la Ley de Servicios Audiovisuales - Por Pedro Pesatti
Puñetazos en el escritorio, proclamas sectoriales de agitación - Por Ciro Annicchiarico
Latinoamérica: En peligro la libertad de mentir y manipula - Por Carlos Iaquinandi Castro
Ley Audiovisual: de argumentos y olvidos; hagamos lo que digo mas no lo que ya hice - Por Fernando Del Corro

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 18/09/09.- Durante una larga jornada especial, el pasado miércoles 17 de setiembre de 2009, la Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción al proyecto de ley de Servicios Audiovisuales. Su contenido viene siendo discutido por los referentes sociales relacionados con su temática, y por sectores representativos de muy diversas actividades sociales, desde hace más de veinte años. Será un día histórico, aunque solo se haya llegado hasta allí. Porque la ley a la que pretende sustituir es el mayor huevo de la serpiente que los genocidas y sus ulteriores discípulos dejaron plantado, como Caballo de Troya, en el camino de la libertad de nuestro pueblo. El proyecto que los Diputados aprobaron, que apenas ha roto la cáscara del huevo del dragón, aún espera convertirse en ley, en cuyo caso sustituirá a las reglas infames de la dictadura, inconcebiblemente vigentes después de veintisiete años de haber recuperado el pueblo argentino el camino de las instituciones constitucionales.

Largo y arduo camino de la construcción de una democracia real, en el que, en estos años, apenas si dimos unos pasos. Es un difícil camino, porque los intereses, que son siempre económicos, que en su apogeo encabezó, monopolizando el poder, el proyecto político de la dictadura cívico militar, siguen vivos, latentes, acechantes. El pueblo ni siquiera ha podido todavía arrinconarlos. Apenas hemos llegado a dar algunos pasos para que un día, que seguro habrá de llegar, la República Argentina sea del pueblo argentino, y suyas sean sus riquezas, tanto materiales como humanas, los bienes que tiene este suelo, sus posibilidades, sus decisiones, su palabra y su destino. Cada vez que -y no solamente durante este gobierno- el pueblo ha intentado, aunque fuere solo de manera incipiente, que se cumplieran en los hechos concretos los principios establecidos en la Constitución Nacional y en los refrendados Tratados Internacionales de Derechos Humanos, los resabios de la dictadura cívico militar se han unido y encolumnado férreamente para oponerse, disfrazados de lo que fuere útil según la coyuntura, esgrimiendo una retahíla de argumentos de insostenible consistencia, pero de inocultable lógica y objetivo: impedir el avance de la democracia y de la igualdad. No importa lo que expresen sus estatutos partidarios ni lo que sostuvieron ayer en los mentideros de campaña. Llegado el caso en que esté en riesgo real y concreto algún privilegio establecido en la época de cualquiera de los yugos que hemos sufrido, rápidamente encontrarán las excusas y las "doctrinas" útiles para levantar obstáculos. Eso sí, disfrazados de legales e institucionalistas, ya que hoy no pueden mostrar sus verdaderos uniformes y armas. Aunque no sabemos qué harían si el avance de la democracia pusiera algún día en riesgo real sus privilegios más duros. Ahí está Honduras.

Estos procesos en los que el pueblo pugna por más democracia y libertad, dificultosos e incipientes, son útiles también para individualizar con mayor precisión a los enemigos de la democracia. No presentan problemas hermenéuticos los fascistas que habitualmente se reúnen en la Plaza San Martín -para ofensa de nuestro Máximo Prócer-, o los eternos golpistas que reclaman "memoria completa", pero hasta cierto punto, sin ir mucho más atrás, por ejemplo 1966, 1958, 1955, 1930. Después están los disfrazados, esos dan algún trabajo. Vociferan democracia, pero reclamaron y apoyaron reiteradamente la interrupción del orden constitucional, pontifican convicciones republicanas, pero se opusieron históricamente al aumento de la participación popular, al voto de la mujer, a la igualdad de derechos, al divorcio, a la libertad sexual, apetecen un mundo de castas y apoyado en la discriminación. Pregonan transparencia y honestidad, cuando resulta que asumieron cargos gracias a la proscripción de las mayorías y sumieron al país en escándalos oprobiosos de corrupción. Y después hay otros que son los tarados útiles, que ostentando formas revolucionarias y proyectos medulares, por puro vedetismo terminan acompañando con sus votos a las dos categorías anteriores. De estos los hay tanto de centro como de izquierda. Todos, dan vergüenza. A los ojos de un pueblo que pretende, ni más ni menos, justicia.

Todos, ante el menor intento de la democracia y el progreso por avanzar, así sea nada más que un tranco, con distintos intereses mezquinos terminan encontrándose en ignominiosos conciliábulos revolviendo en la prostitución de las palabras, para ver cuáles les vienen bien para oponerse. Lo han hecho históricamente, no hay nada nuevo bajo el Sol. En la bandeja del mundo siempre encuentran, según el imaginario colectivo del momento -que ellos mismos construyen monopolizando la comunicación pública-, algún fantasma para manipular. El "comunismo soviético", el "maoísmo", "la dictadura castrista", "Mohamar Kadafi", etc. Hoy es "Chávez", palabra talismán con la que pretenden anatematizar a todo aquel que no les caiga bien. Pero, eso sí, impidiendo sistemáticamente que el pueblo vea y conozca lo que es la vida cotidiana en esos países, respetando su libertad de sacar sus propias conclusiones. Algo tiene que ver esto con la comunicación, ¿verdad?

En el arcón de los desechos encuentran frases como "desprolijidad", "autoritarismo" o "apuro del oficialismo". Cuando en realidad si se trata de sacarse de encima la ley de una dictadura, todo apuro debe ser bienvenido, por lo menos para quienes pretenden decencia. Es sencillo, quienes usan el argumento del "apuro" como excusa para impedir, lo que logran -ya sea porque lo busquen dolosamente o porque son idiotas útiles- es conservar algo de la dictadura, del privilegio o del interés sectorial, postergando la democracia. Si se trata de un proyecto significativo y eficaz en contra de sus privilegios, se ponen más nerviosos y pierden el pudor: violan groseramente la ley de ética en el ejercicio de la función pública, les sale espuma por la boca demandando nulidades desde sus propias agencias, titulan anunciando mentiras infames, escatiman las palabras y la discusión sincera a la vez que denuncian ausencia de debate. Y terminan escondiéndose detrás de los cortinados, en una palmaria y grosera demostración de bajeza y cinismo.

En fin. El 17 de septiembre de 2009 será un día histórico, un mojón más en el camino de la construcción de nuestra democracia real, de nuestra libertad verdadera. Y al mismo tiempo, una herramienta más para tener en claro quienes verdaderamente queremos la democracia, la libertad, y quiénes suman, de una u otra manera, para preservar el huevo de la serpiente de la dictadura.

(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión.
Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones