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OPINIÓN - ARGENTINA

El caso Pomar

Una demostración patente de que el pacto con la corporación policial y la mano dura, no sólo son sinónimo de ineficiencia, sino también una trampa mortal para los gobernantes que caen en ese facilismo.
Por Ciro Annicchiarico (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 09/12/09.-

I.

Son tantos los ejemplos y fueron tan claras las demostraciones, que aparece como verdaderamente incomprensible que se siga insistiendo y apostando a las políticas de "mano dura", "autonomía de la corporación policial" y afectación de los derechos esenciales de las personas, como pretendidas políticas de seguridad. Los ejemplos de la Policía Bonaerense como partenaire de la dictadura genocida, comandada por Camps, de la Maldita Policía de la era Duhalde, y del descalabro de la patética etapa Ruckauf, debieran ser escarmiento definitivo para quienes tienen la responsabilidad de gobernar la provincia más grande y compleja del país. Pero no, no es así. Nuestro gobernador, Scioli, evidentemente rechaza las dos fuentes esenciales que hacen, históricamente, al progreso de la civilización: no le interesa el abordaje científico y profesional de la problemática y se desentiende de la experiencia. Por el contrario, apuesta por un lado al facilismo del discurso duro, impactante, acomodado a la manipulación mediática. "Hemos construído más cárceles" pontifica un spot del gobierno provincial, como si eso fuere motivo de orgullo para un gobernante. Más cárceles significa más fracaso de las políticas de inclusión social y de igualdad. Posiblemente el Gobernador no tenga en claro, o ninguno de sus asesores se lo dijo, que está haciendo lo mismo que hasta 1998 hicieron todos los gobernantes, incluidos los de facto -con la única excepción de la gestión Antonio Cafiero-Luis Brunatti-: negociar con la corporación policial. Eso es el error de creer que a cambio de devolverles autonomía y libertad de acción, élla le devolverá paz social y seguridad, para la sociedad y para su proyecto. Si es así, el Gobernador está profundamente equivocado, y es imprescindible que alguien serio se lo haga notar. Y corrija rumbos. Por la salud de todos. De lo contrario, su vieja política conducirá, más temprano o más tarde, a recrear el armado de bandas y carteles, estructuradas en torno de las viejas brigadas, y a la descomposición que desembocó en las mil y una masacres y las mil y una corrupciones que por pura desesperación y especulación política el ex gobernador Duhalde se vio obligado a intervenir en enero de 1998. ¿Es que ningún asesor le ha informado que ha vuelto a aumentar exponencialmente el robo de autos? ¿Nadie le ha informado al Gobernador que reaparecieron por doquier los desarmaderos, con nuevo estilo, en el último año, como la gramilla después de la lluvia? ¿Nadie le ha informado al Gobernador que eso significa tácita anuencia policial? ¿Nadie le ha dicho que han aumentado significativamente los casos de abuso policial y gatillo fácil? ¿Nadie le ha dicho que tramitar cualquier expediente en una dependencia policial ha vuelto a ser un tormento kafkiano, signado por la desidia, la incompetencia y otras yerbas que creíamos, por lo menos, se habían limitado o reducido? ¿No ha intentado el Gobernador hablar con algunos de los fiscales de los departamentos judiciales de nuestro conurbano? ¿No ha escuchado a nuestros fiscales, los que trabajan en el día a día de la problemática del delito en nuestra provincia, cómo se quejan por la marcada ineficiencia que se está volviendo a advertir en la investigación policial, por la evidente connivencia que vuelve a apreciarse entre determinados sectores policiales y bandas de delincuentes? ¿No ha escuchado a nuestros fiscales, y también a muchos policías honestos que vuelven a verse relegados en su vocación y voluntad de cumplir un servicio serio y capacitado, que advierten sobre la utilización de menores para delinquir y después repartir? Digo, como para informarse en serio, no solo protocolarmente con los cánticos rituales y superficiales del nuevo representante de la corporación, o con su representante político, el ministro de seguridad.

El caso de la familia Pomar es una demostración cabal, cruda, patente, de que el método de negociar con la corporación policial no sirve más que para apostar a la descomposición del sistema policial y de seguridad, y a sus consecuencias, que son la falta de respuesta frente a la problemática de la inseguridad, y la ineficiencia del sistema de prevención e investigación policial en los casos en que se requiere de una policía formada y capacitada. Cuando se apuesta al pacto, al toma y daca, los resultados pueden tener que ver con cualquier cosa, menos con la eficiencia en el objeto propio de la institución.

II.

Después de 24 días de una misteriosa desaparición, en un trayecto que va desde Mármol a Pergamino, provincia de Buenos Aires, sorpresivamente aparecieron los cuatro integrantes de la familia Pomar, muertos a la vera de la ruta 31, como consecuencia aparente de un accidente de tránsito. Los cuatro cuerpos estaban alrededor del Fiat, volcado ruedas para arriba.

No es uno, sino muchos los interrogantes que se agolpan:

Ocho rastrillajes se hicieron por parte de la policía provincial en toda la extensión de las rutas que unen ambas localidades y no se encontró nada. Inclusive por ese mismo lugar donde aparecieron las víctimas. "Peinamos el lugar" dijeron. Evidentemente lo hicieron mal o el auto no estaba cuando pasaron por allí.

El Fiat ¿tenía algún sistema de detección? Como Lo Jack o StopCar. ¿Se usó?

Por lo que se apreció de las cámaras de televisión, si bien a unos veinte metros de la ruta y en una zona con vegetación, el auto volcado no obstante era fácilmente visible. Estaba dado vuelta en un claro. En los "peinados" ¿no se usaron largavistas? ¿No se usaron detectores de metales? O es que simplemente dieron unas vueltas con helicópteros mientras hablaban de mujeres o hacían bromas, para llenar horas de servicio, justificar el uso del medio y los viáticos? ¿Cómo se hace para pasar ocho veces por el mismo lugar y no ver un auto dado vuelta, a veinte metros de la ruta, en un lugar donde sabían, o debieran saber, que era de posibles accidentes, y que además hacía poco se había producido uno con víctimas fatales? ¿Cómo se hace para no verlo? Es que precisamente estaban buscando eso, un auto accidentado.

Si en ese lugar recientemente hubo otros accidentes de tránsito, inclusive con muertos, ¿por qué no se individualizó esa curva como un lugar propicio para una revisión más detenida?

Teniendo en cuenta que mediaron 24 días desde el fatal accidente, ¿nadie percibió el olor de los cuerpos?

No quedó claro quién o quiénes fueron los que encontraron el vehículo siniestrado. ¿Transeúntes? ¿Un conductor que lo vio al pasar? En cualquiera de ambos casos, ¿Cómo puede ser que un peatón o alguien en un vehículo, accidentalmente, lo vieran, y no una cuadrilla equipada, movilizada especialmente y capacitada, se supone, para encontrar un auto accidentado?

El ministro de seguridad, Stornelli, que se constituyó en el lugar donde apareció el auto y los cuerpos, antes de que se conociera el resultado de ninguna pericia, anunció que "está plenamente comprobado que se trató de un accidente", mencionó inclusive la mecánica del supuesto accidente, según dijo, por cuanto el Fiat tomó mal la curva, embistió dos alcantarillas, perdió el parabrisas, después volcó, etc. ¿Cómo puede el ministro dar por probadas las circunstancias del hecho cuando, inclusive en presencia suya, todavía los peritos estaban levantando muestras, rastros y vestigios para analizar después la mecánica del siniestro? ¿Para qué hace falta entonces la intervención judicial si el ministro ya tiene la certeza de lo que pasó? ¿O es que compró, en el marco del pacto, la certeza que le notificó su subalterno, el jefe de policía?

Los cuerpos de las dos niñas, hijas del matrimonio Pomar, aparecieron a metros del vehículo siniestrado, supuestamente expulsados del mismo en el accidente. ¿Viajaban sin cinturón de seguridad? Los padres, de quienes se desconoce que tuvieren características cuestionables, ¿eran tan indolentes que las hacían viajar, siendo tan pequeñas, sin seguridad? Además, ¿el matrimonio mismo viajaba sin cinturón de seguridad?

Los medios masivos de comunicación desnaturalizados que tenemos, ávidos por incrementar sus negocios con primicias absurdas más que con comunicar o informar seriamente, durante 24 días se dedicaron a propalar una catarata de hipótesis, involucraron de mala fe a las propias víctimas y a su familia, descartaron el accidente, y ahora que quedaron expuestos en ese método vil de inventar mentiras para vender noticias impactantes, ni siquiera mencionan el error y cargan con furia contra el sistema policial, de paso contra el gobierno, todo lo cual tiene un costo para el gobernador que, con otro tipo de preparación y abordaje serio de la problemática de la seguridad podría haberse ahorrado.

III.

Alguien tendría que hacerle saber al Gobernador que el pacto con la corporación, la mano dura para conformar a las manipulaciones mediáticas y a los clamores armados con intencionalidad política, son sinónimos de ineficiencia, pero además, trampas mortales que terminan llevándose puesto al político que creyó en ellas.
(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión.
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