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OPINIÓN - ARGENTINA

Voces que se quiebran

Por Ciro Annicchiarico (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 12/05/10.- Si tengo que bucear en mi memoria para recrear el clima que nos alborozaba en los primeros tiempos de la recuperada democracia, allá por 1984 y los años que siguieron, de exultante disfrute de la democracia, de ella forma parte como una voz matinal inescindible la voz de Magdalena. La de ella, la de Enrique Vázquez, la de Eduardo Aliverti, la de Martín Caparroz, entre tantos otros.

Magdalena Ruiz Guiñazú era una voz lúcida, crítica, amable, que nos hablaba al oído al tiempo mismo en que el implacable despertador nos empujaba a los rigores del nuevo día. Ella ayudaba a despertarnos y se mezclaba con el primer mate y las medialunas de la mañana. Ella era el mate de la mañana, cuando casi todavía los primeros reflejos color naranja del Sol no habían aparecido por detrás de los edificios. Su timbre inconfundible, su inflexiones terminantes, como las de una indoblegable pero buena directora de colegio, ponían en su lugar a los enemigos de la democracia, a los enemigos de la república. A los malos en definitiva.

En épocas ulteriores del fatal menemismo fue igualmente drástica y exacta. Y ni qué decir de las palizas verbales a las que sometió al duhaldismo, la otra cara inescindible de la moneda menemista. Sus vapuleos al funcionario entrevistado eran implacables. Pero en un momento dado empecé a sentir algo que recién con el tiempo se me clarificó. Siguió la Alianza y sus contradicciones, y Magdalena, pese a las evidencias, fue otra. Vapuleaba menos. Retaba menos. La Alianza era conducida por el Radicalismo. Hoy vuelve a conducir los destinos del país el Peronismo, representado por una gestión que está en las antípodas del tándem que timoneó el barco nacional en los fatídicos noventas. Cosas del Peronismo. Que hay problemas y asignaturas pendientes nadie lo duda. Pero no se pueden negar la renovación de la Corte Suprema con jueces que son juristas, el impulso de una política de derechos humanos en franca construcción, motivo de prestigio internacional, la recuperación del trabajo hasta bajar de un 25 por ciento de desocupación más subocupación a un 8 por ciento, la recuperación de un amplio margen de autonomía económica despegándonos del FMI y reduciendo la deuda externa, el enorme incremento -impensado solo seis años atrás- de la actividad económica interna, las múltiples políticas de inclusión social, aunque falta todavía: la reducción significativa de los márgenes de pobreza, la recuperación de Aerolíneas Argentinas, nuestra línea aérea de bandera, la recuperación de la administración de nuestros recursos previsionales sacándolos de la especulación financiera, el impulso de una política económica que busca la redistribución de la riqueza, en fin, cosas, y muchas más, que todos conocemos. Magdalena también.

Pero resulta que Magdalena hoy, igual que durante la fatídica era menemista, vuelve a vapulear implacablemente al gobierno, pese a que hay profundas diferencias. Está bien, no existe la objetividad. Desde ya aclaro que yo, pese a reconocer que existen asignaturas pendientes, apoyo decididamente a este gobierno nacional, conducido hoy por Cristina Fernández de Kirchner. No existe la objetividad, pero sí existe la honestidad. Se me terminó de derrumbar una voz, otrora amigable, que me acompañó a las mañanas, cuando despuntaba la democracia. Se me quebró una voz. Encontré de pronto las explicaciones probables -tal vez solo dos de ellas- a aquello que tiempo atrás había hecho que empezara a sentir algo que me hacía ruido, como un gozne oxidado que rechina y hace eco en el cerebro, en los cíclicos temples y destemples de Magdalena. Una puede ser que Magdalena sea furiosamente antiperonista. Explica por qué sacude con sus exclamaciones y latigazos verbales siempre a los funcionarios peronistas.

No está mal que adhiera a otra fuerza política, como ciudadana goza de todo el derecho. Lo que está mal, al igual que otros varios periodistas, es presentarse y pretender venderse como "independiente", o como portadores de un supuesto "periodismo objetivo", cuando en realidad ocultan una verdadera y cada vez más clara pertenencia a un proyecto político y económico distinto al del gobierno, en definitiva votado por el pueblo. Lo honesto, sería que dijesen: señores, estamos en contra del proyecto político de este gobierno, y desde esa convicción vamos a expresarnos y a informar. Pero no, se disfrazan de "independientes". Confunden a la opinión pública. La otra explicación probable se me hizo patente cuando anoche, 11 de mayo de 2010, vi el programa 6, 7, 8 que se emite por Canal 7. En el se hizo referencia crítica a una entrevista radial que Magdalena Ruiz Guiñazú le hizo al Ministro del Interior, Florencio Randazzo, la que en parte se reprodujo. En un momento dado el tema entre Magdalena y Randazzo pasó a ser el nombrado programa de la Televisión Pública. Sinceramente no pude creer lo que escuchaba. Magdalena no hacía otra cosa que amonestar al Ministro, imputando a 6, 7, 8 ser un programa que "ataca" y "calumnia" a los periodistas "independientes", que lo paga el estado y por lo tanto "lo pagamos todos". Además, no lo dejaba hablar al Ministro, lo interrumpía permanentemente con sus amonestaciones y títulos -no eran fundamentos sino simples títulos-, impidiéndole terminar de expresar una simple frase. El ataque es una embestida imprevista, una agresión infundada, un emprendimiento cuyo objetivo es dañar sin razón, o con la única razón de dominar al otro.

La calumnia es la falsa imputación a otro de haber cometido una irregularidad. No permitirle hablar al entrevistado y taparlo con exclamaciones es ocultar, es censurar. Si hay algo que no hace 6, 7, 8 es atacar ni calumniar. Lo que hace ese excelente programa, que le está abriendo los ojos cada vez a más ciudadanos, es criticar e informar con fundamentos. Es más, primero se muestra recurriendo a un implacable archivo, y después se analiza y cada uno da su opinión, no siempre uniforme. Además, el conductor deja hablar a todos los entrevistados, permitiendo que completen la expresión de sus ideas sin interrupciones. Inclusive muchas veces no están de acuerdo entre ellos y así lo expresan con total libertad. Un ejemplo mayor de excelente periodismo no se veía desde hacía muchísimos años.

La crítica es un hábito que distingue a los ciudadanos instruidos e inteligentes y habituados a vivir en democracia, que quieren un estado de derecho, que hasta hoy pensaba que era lo mismo que quería Magdalena. Informar es poner los hechos crudos en conocimiento de la ciudadanía, y después comentarlos desde distintas visiones, alertando al televidente sobre la convicción desde la que cada uno habla. La lamentable lección que me queda, y que reconozco que me produce sincero dolor porque tenía a Magdalena por una buena periodista -ya no- es que Magdalena Ruiz Guiñazú, al igual que los demás periodistas del sistema monopólico al que ella evidentemente pasó a defender, no tolera la crítica. No soporta que la examinen ni que la califiquen. Ella, Joaquín Morales Solá, Gustavo Silvestre, Marcelo Bonelli, y demás representantes del monocorde discurso empresario dueños de los medios masivos, lo que no toleran es la observación y el examen crítico.

En resumidas cuentas, no toleran la democracia y la república. Claman por la censura a quienes se atreven a criticarlos. Malas noticias para ellos: en el estado de derecho republicano, absolutamente nadie que ejerce una función pública está exento de la observación y del examen crítico. Los medios masivos de comunicación y los periodistas disponen, por vía de concesión, de espacios radioeléctricos que pertenecen irrevocablemente al Estado argentino. Son públicos, y como detentadores de una concesión pública están sometidos, como cualquier otro que explota un servicio público, a la observación, examen y control por parte de toda la ciudadanía y del gobierno que representa a la población. Sinceramente, lo repito, me da mucha pena por Magdalena, a quien por mucho tiempo la imaginé dulce como su nombre, y republicana como los amaneceres que otrora supo iluminar en mi alma. Son voces que en la vida se quiebran.

(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión.
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