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Con todo respeto: el padre de la democracia es el pueblo

Por Horacio Caminos, Secretario de Prensa La Fraternidad

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Rebanadas de Realidad - La Fraternidad, Buenos Aires, 03/04/09.- ¿Cómo hacer para que la dura bronca como el sarro de la pava, no se ablande con la parca?

Claro está que la puta muerte empatina y lustra a los fulanos y en las primeras horas hasta lo exaltan como semidioses.

Por un rato hasta los más duros se inclinan ante el muerto y así seguramente por razones de respeto y no de protocolos, debe y tiene que ser y hasta los almuerzos con su ex camarada Albano Arguindegui y la imposición de la Teoria de los dos demonios queden atenuados con los gestos adustos y circunspectos de las vanas formalidades.

Después del respetuoso y debido saludo a su memoria, no seguirá cerrando, cuando desde la misma plaza nos rozaba el aire del helicóptero de funcionarios que irían a pactar la rendición incondicional de la Democracia con la Obediencia Debida y el Punto Final.

Muchos creíamos que estábamos luchando y ganando en la Movilización Popular contra el alzamiento y las imposiciones facciosas.

Entonces las acostumbradas cabriolas dialécticas mutaron a los sublevados contra la Constitución en Héroes de Malvinas y así visto, al conjuro de prismas distorsivos el horizonte no fue la Patria, sino las corporaciones que ganaban la pulseada y por supuesto vendrían por más.

Allí, en esa plaza de la Casita Feliz y las Felices Pascuas , se sembró la semilla de la Crisis de Representación que comenzaría a deglutir la esperanza de muchos argentinos que se alejaron de la política y una nueva diáspora se gestaba de la mano del visceral posibilismo.

El multitudinario primer desencanto de aquella democracia con la que se come con una caja pan, se cura con científicos emigrados y se educa sin salarios para los docentes.

La que alejó a muchos, pero que parió la Marcha Blanca y un sin fin de reclamos populares sistemáticamente desoídos, explica porque la dura bronca como el sarro de la pava le cuesta aflojarse ante la presencia de la muerte.

Claro está que se reconoce en el hombre la voluntad democrática y plural, pero entiendo que a la luz de los hechos se confirmó la ausencia de convicciones para comprender al pueblo como sujeto de cambio y transformación, priorizando los Pactos Superestructurales que se repetiría en los 90 con el Pacto de Olivos, y otros no menos vergonzosos de la historia más reciente.

Por supuesto, ante el muerto el debido respeto, sin perder la perspectiva en quien fuera un honesto y digno adversario, de quiénes son los verdaderos enemigos del pueblo, la oligarquía que lo silbó en la Rural y el Imperialismo que jaqueó su política económica.

Con tantos genocidas y vendepatrias que tienen nombres de calles. avenidas, estatuas y monumentos, el Dr. Ricardo Alfonsín se ha ganado ampliamente un dilecto lugar en la Memoria de la Democracia de los argentinos, sin embargo, la dura bronca como el sarro de la pava, no acepta que el Pueblo, genuino Padre y hacedor de la Democracia, sea suplantado con el afán de apropiarse de los que nos pertenece a todos por derecho propio.