Bufete de Informaciones Especiales y Noticias

Progreso, sin oprobios, con justicia y dignidad (*)

La huelga del Chocón
Por Antonio Ángel Coria

Rebanadas de Realidad - Neuquén, 19/10/05.- Por "esas voces que nos llegan del pasado", que se niegan a perder la memoria colectiva, recordamos en esta ocasión el trigésimo quinto aniversario de una de las más importantes gestas de los obreros de la Patagonia: la huelga obrera del Chocón; o el "choconazo", como la refieren algunos cronistas.

Hacía poco, uno de los tantos tiranos que mancharon medio siglo de nuestra historia contemporánea, había proclamado que se quedaría en el poder "todo lo que fuera necesario" hasta lograr el "ordenamiento" que pretendía para nuestra sociedad, aunque fuese algo así como el orden de los sepulcros. Juan Carlos Onganía, autor de aquella soberbia, que había consumado el asalto al gobierno constitucional de Arturo Humberto Íllia el 28 de junio de 1966, en complicidad con aventureros militares y civiles, se imaginaba ¡emperador de Argentina!

Sin embargo, los desposeídos de siempre -¡de todo, menos de esperanza!- en pocos meses perdieron la paciencia y decidieron ser artífices de su propio destino. Los trabajadores, que de ellos se trata, que avanzaban construyendo su propia historia y poder desde otro golpe militar anterior, el de 1955, a diferencia de lo que ocurría con los partidos políticos, decidieron marchar, como relatan los memoriosos, "con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes", para impedir la consolidación del golpismo militar y la traición de un segmento de dirigentes gremiales y políticos comprometidos con Onganía.

El surgimiento de la C.G.T. de los Argentinos, tras el congreso normalizador "AMADO OLMOS" del 28 de marzo de 1968, dio paso a la inédita experiencia denominada "rebelión de las bases", que abarcó todos los espacios del quehacer nacional y social. A su influjo, no escaparon ni gremios, ni partidos políticos; ni curas, ni militares; ni mujeres, ni hombres; ni jóvenes, ni viejos. ¡A todos abarcó!

Fue una herramienta de construcción y un método de acción del Pueblo, quizás no estudiados aún, que superó banderías partidarias. Quizás haya sido ese, el modo imperceptible de avanzar hacia la liquidación de viejas lacras de gobierno y conducción, para reemplazarlas por la siempre renovada esperanza popular de la decencia, la ética, la justicia, el patriotismo para conducir los destinos nacionales.

Pero… ¿qué había pasado en el Chocón, la llamada "obra del siglo", como se la calificaba y que hoy venimos a recordar?

Onganía, fuertemente respaldado por Estados Unidos y la oligarquía local, tenía como premisas principales el sometimiento de los dictados del Fondo Monetario Internacional, que implicaba el ataque y destrucción de los resortes básicos del Estado nacional y la destrucción de todo beneficio social al Pueblo.

El ataque a la Universidad en la famosa jornada de los "bastones largos", que provocó el primer importante éxodo de "materia gris" pagada con el trabajo de nuestro pueblo, pero que no le interesaba a los tiranos; la eliminación de leyes que favorecían a los trabajadores (una de ellas la que suspendió las convenciones colectivas de trabajo); el desenfrenado encarecimiento del costo de vida; el cierre de establecimientos fabriles y apertura a la libre importación con el auge de la desocupación, que en aquellos años, en el país que tenía 25 millones de habitantes, había superado un millón de cesantes, fue parte de una escalada contra la clase trabajadora, en la que el gobierno militar tuvo como eficiente aliado al dirigente de la construcción Rogelio Coria.

En homenaje a un investigador de la cuestión obrera en nuestra Patria, el sociólogo Roberto Carri, desaparecido junto a 30.000 compatriotas, de su obra SINDICATOS Y PODER, rescatamos que "el completo acuerdo con los empresarios del sector, firma (Rogelio Coria) un convenio que deroga la vigencia de la Ley 11.729 e implanta el seguro del desempleo para los trabajadores de la rama".

El premio a la traición, fue un leve porcentual de aumento sobre los salarios congelados con el que se pretenderá calmar a las bases; y además, hizo saber, conforme se lo ordenaban sus patrones - Onganía y los golpistas - que "hoy adhiera al plan de acción de la C.G.T." y por separado, armó la parodia de un paro en su gremio con el que buscó disimular la claudicación.

Al dar cuenta "que la complejidad del funcionamiento del Fondo de Desempleo - que llega a nuestros días con el nombre de libreta de fondo de desempleo - deja prácticamente fuera de circulación a las pequeñas compañías constructoras", en su obra referida, escrita pocos meses antes del choconazo, Carri explica que con el 4% mensual para el Fondo de Desempleo, los obreros tienen que trabajar por lo menos dos años para cobrar - al ser despedidos - una suma similar a un mes de su salario".

Este asunto, encontró la pólvora seca

Y la chispa en el obrador, fue el atropello a la democracia que en la base se había dado sus dirigentes. Ocurrió el 12 de diciembre de 1969, ¡HACE TREINTA Y CINCO AÑOS!

Rogelio Coria, el general Onganía y el ministro San Sebastián, no aceptaron que los trabajadores decidieran quiénes serían sus representantes. A la sazón ANTONIO ALAC, ARMANDO OLIVARES y EDGARDO TORRES, tres muy jóvenes obreros de la construcción - promediaban 27 años - habían sido designados responsables de la "comisión interna", al margen de la conducción oficialista, con mandato para reclamar 40% de aumento salarial y llevar adelante las tratativas a que hubiera lugar con la patronal, representada por la empresa IMPREGILLIO-SOLLAZO.

La prepotencia empresarial, avalada por el gobierno de facto y la conducción sindical porteña, responde al petitorio obrero desconociendo a los gremialistas elegidos, ejecutando además, la maniobra de hacer detener a otro joven obrero, sólo que en este caso, de características muy particulares: era un cura, trabajaba de albañil y como si fuera poco, integraba el por entonces casi desconocido MOVIMIENTO DE SACERDOTES PARA EL TERCER MUNDO: Pascual Rodríguez, su nombre. Esposado, lo trasladan en avión, a disposición del Poder Ejecutivo, a la cárcel de Villa Devoto, en la Capital Federal.

Con el estallido de la huelga al día siguiente, como informó en 1970, desde la Revista "Panorama", Norberto Habbegger - periodista secuestrado en el Aeropuerto Internacional de El Galeao, Brasil, en los años de la "operación cóndor" por la que ahora se decidió el encarcelamiento de Augusto Pinochet y mientras era embajador de Videla el ahora procesado por malversación de fondos del erario público argentino, Oscar Camilión - se salió a defender a los dirigentes de la Comisión Interna y al entonces sacerdote-delegado gremial.

En esta primera etapa del conflicto, el triunfo obrero fue contundente: Coria tuvo que observar "in situ", el 20 de diciembre, que una sola lista se presentara a elecciones de la nueva comisión interna y resultara electa: Alac, Torres y Olivares, resultaron triunfantes por el apoyo unánime de los participantes del comicio sindical.

Las colaterales de este triunfo, fueron el aumento salarial pedido y mejoras en las condiciones de trabajo, las cuales, por otra parte y hasta entonces, eran, como quedó fehacientemente documentado, infrahumanas. Quedaba cerrada así, una primera etapa en la historia de conflictos que existieron en la obra del Chocón.

Nuevas artimañas tejidas entre el sindicalista Coria y el militar Onganía en territorios que otro dictador (el general Francisco Imaz) dijera que allí, en El Chocón, "después de las diez de la noche no hay otra cosa que no sea dormir", desconocían que en realidad allí se estaba construyendo una doble historia: la social, protagonizada por los obreros y la estructural, que debía usufructuar el País.

De la primera, cuando el 23 de febrero de 1970, parafraseado a Eduardo Galeano, se reaviva el fuego y otra vez estalla la huelga, rescatamos a otros protagonistas y de los que en alguna oportunidad habremos de hablar: Felipe Sapag, Jaime De Nevares y jóvenes militantes por la justicia social y la autonomía nacional, que sirvieron de ariete para frenar los atropellos que ningún ambicioso proyecto, por más que lo sea, pretenda acometerse sobre la sangre y la dignidad de los verdaderos hacedores de riqueza: LOS TRABAJADORES.

Y en cuanto a la segunda, la gran represa del Chocón sobre el Limay, encerrando en altos paredones un inmenso manto acuífero que turbinas reproductoras de riqueza, lo tradujeran en fuentes genuinas de trabajo, como se pensaba en 1969, con "miles de hectáreas bajo riego, junto a la de Cerros Colorados sobre el Río Neuquén, que entre ambas permitirán aumentar la zona de producción agropecuaria más rentable por unidad de superficie en la Argentina", digamos que hoy debe pensársela como una de las partes indispensables a poner en marcha, para que sea efectivamente cierto que "el trabajo es un deber social y un derecho reconocido a todos los habitantes" de nuestra Provincia, como ORDENA CUMPLIR especialmente en sus artículos 52, 53 y 54 - LA CONSTITUCIÓN DE NEUQUEN, la misma que se pretende hacer desaparecer.

Por aquello que "con la memoria siempre fresca construimos nuestra Historia", sea tomado lo anterior como homenaje a quienes nos dejaron la responsabilidad, sobre el ejemplo de los obreros del Chocón, de CONSTRUIR UNA SOCIEDAD DE PROGRESO, SIN OPROBIOS, CON JUSTICIA Y DIGNIDAD.

(*) El presente trabajo, fue escrito en Neuquén el 15 de diciembre de 2004, en el XXXV Aniversario de la huelga y en la actualidad, el autor, por aquellos años de militancia en la C.G.T. de los Argentinos, está actualizando testimonios y documentación, para incorporar a esta primera parte.
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