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CONFEDERACIÓN SINDICAL INTERNACIONAL (CSI)

Los sindicatos exigen se tomen medidas ante la crisis alimentaria mundial

Rebanadas de Realidad - Bruselas, 9 de mayo de 2008 (CSI En línea): En respuesta a la creciente crisis mundial de alimentos, la CSI ha hecho un llamamiento a los gobiernos e instituciones mundiales para que tomen medidas de gran alcance a fin de garantizar la seguridad alimentaria para todos. “Es la oportunidad de renovar por completo las desastrosas políticas que han dado lugar a esta crisis, y es de vital importancia que los gobiernos y las instituciones mundiales hagan más que solamente mal remendar un sistema que simplemente no satisface a todos los pobladores del planeta", declaró el Secretario General de la CSI Guy Ryder.

"Los factores que explican el aumento de los precios de los alimentos y los productos agrícolas forman parte de la misma serie de políticas mundiales que han dado lugar a una inestabilidad financiera mundial generalizada así como a la intensificación del cambio climático. Estas tres crisis mundiales actuales deben atajarse desde la raíz y tomar el camino de una reforma y una reglamentación eficaz capaz de ofrecer empleos decentes. Gran parte del sistema agrícola mundial sienta sus bases en salarios miserables y en la violación de los derechos fundamentales de los trabajadores y trabajadoras. No podrá encontrarse una solución duradera a la crisis a menos que se corrija la tremenda situación en la que se encuentran los derechos de los trabajadores en la agricultura a escala mundial”, afirmó Ryder.

La CSI acoge con satisfacción el anuncio hecho por las Naciones Unidas de la creación de un Grupo de trabajo de la ONU para hacer frente a la crisis mundial de alimentos, y que presentará un informe en una Cumbre en junio. Una de las necesidades urgentes es que los gobiernos de los países industrializados ofrezcan subvenciones de emergencia y préstamos a los países en desarrollo que lo necesiten para compensar el impacto del drástico aumento del precio de los alimentos. La ayuda requiere financiar programas gubernamentales para suministrar alimentos básicos a bajo costo, así como programas a más largo plazo para aumentar la producción de alimentos. Estas medidas ayudarían a compensar las dos décadas de programas de ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial, y los impactos del Acuerdo de la OMC sobre la Agricultura cuya “apertura de los mercados” ha tenido como efecto consolidar el predominio de las multinacionales agroalimentarias y orientar la agricultura de los países en desarrollo a la exportación de alimentos en lugar de desarrollar la producción en sus mercados nacionales.

De acuerdo con la ONU, los precios de los alimentos han aumentado un 57% en un año (y mucho más en el caso de los productos básicos) y unos 100 millones de personas más en relación con el año pasado se encuentran ante una grave escasez de alimentos. El FMI y el Banco Mundial han advertido que cientos de miles de personas podrían morir de hambre, y que podría anularse una década de progreso en la reducción de la pobreza. Los disturbios ante la escasez de alimentos ya se extienden a más de 14 países, entre ellos Haití, Costa de Marfil, Camerún y Egipto y ya han muerto decenas de personas. Dado que los precios más altos de los alimentos afectan con mayor intensidad a aquellos que se encuentran en el extremo inferior de la escala de ingresos, aumentará la desigualdad en el interior de cada país a menos que se tomen medidas vigorosas para proteger el poder adquisitivo de los trabajadores y de las personas en situación de pobreza en los países en desarrollo.

El empeoramiento de la crisis se da en un sombrío contexto que anuncia la desaceleración económica mundial. El FMI afirmó el 9 de abril que la crisis actual es la mayor conmoción financiera desde la Gran Depresión de la década de 1930, apuntando que era posible una recesión mundial. El mismo día, el Banco Mundial publicó un informe que muestra el aumento de la desigualdad de ingresos en 44 de los 59 países en desarrollo del estudio realizado, y llegó a la conclusión de que los países del África subsahariana no alcanzarán los Objetivos de Desarrollo del Milenio, a pesar del fuerte crecimiento económico recientemente experimentado en la región. Detrás de gran parte de las cifras de crecimiento, lo que ha sentado las bases de la crisis actual es el desmembramiento de la producción agrícola nacional. Otras regiones se están quedando rezagadas en el logro de los ODM en lo relativo a mortalidad infantil y materna, educación, nutrición y saneamiento.

Tanto el Banco Mundial como el FMI, entre otras instituciones, son responsables de la crisis actual al alentar a los países a desmantelar las reservas de granos administradas por los gobiernos, que podría haber desempeñado un papel vital para aliviar la actual escasez de alimentos, en nombre de la desregulación y la liberalización. Gran parte del enfoque aplicado por el Banco en relación con la agricultura fue alentar a los agricultores de los países en desarrollo a cambiar a cultivos de exportación, lo que ha contribuido a la escasez de alimentos básicos para el consumo interno. El Banco se ha opuesto con frecuencia a los organismos de comercialización estatales, a la investigación agrícola y a los bancos de alimentos a la vez que observaba una sistemática falta de inversiones en la infraestructura necesaria y promovía la privatización del agua y el desmantelamiento de los aranceles que generan ingresos para los programas de ayuda. Todas estas medidas han causado la disminución de los ingresos de los productores rurales.

Más recientemente, el Banco Mundial ha promovido un cambio hacia cultivos para el biocombustible, otro factor que contribuye a agravar la escasez de alimentos, un cambio acogido con beneplácito y alentado por varios gobiernos, incluida la UE, Brasil y los EE.UU. El Director General de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Organización para la Agricultura (FAO) Jacques Diouf, dijo recientemente que se están desviando 100 millones de toneladas de cereales para la producción de biocombustibles y se estima que esta cantidad aumentará 12 veces en 2017, mientras que el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon pidió una revisión de las políticas de los biocombustibles debido a que la crisis mundial de los precios de los alimentos se debe en parte al creciente uso de cultivos para la generación de energía, amenazando así crear la inestabilidad mundial. La OCDE ha indicado que los planes de la Unión Europea de obtener el 10% de su combustible de transporte de los cereales para el año 2020 tendrá poco o ningún efecto sobre el cambio climático, y ha expresado dudas de que existan medios técnicos para producir biocombustibles sin comprometer la capacidad para alimentar a una población cada vez más numerosa. De hecho, las dudas aumentan rápidamente en cuanto a la posible contribución de los biocombustibles a mitigar el cambio climático a nivel mundial en lugar de exacerbar el problema. La UITA, la Federación Sindical Mundial que se ocupa entre otros ámbitos de la agricultura y la alimentación, ha hecho un llamamiento para una moratoria sobre la expansión de la producción de biocombustibles en espera de una evaluación completa de las repercusiones sociales, medioambientales y laborales. El presente llamamiento forma parte de un análisis más amplio y una serie de recomendaciones para la acción que figuran en la reciente declaración de la UITA, Fuelling Hunger (Alimentar el hambre).

El cambio climático es otro elemento importante de este problema en escalada. Las sequías son una de las principales razones de la escasez de alimentos locales y, de acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, el cambio climático traerá consigo el aumento de las sequías y la desertificación en algunas zonas, pero también incrementará las lluvias e inundaciones en otras. Estos cambios perturbarán gravemente la agricultura y los sistemas de alimentación en todo el mundo y particularmente en el Sur de África y de Asia y en Brasil.

También es preciso tener en cuenta el papel desempeñado por un puñado de empresas multinacionales que ahora controlan el comercio de productos agrícolas en gran parte del mundo. Su efecto ha sido “internacionalizar” la producción, el consumo y los precios de los alimentos, lo que ha menoscabado el control nacional y local precisamente sobre los propios sistemas que se supone han de alimentar a la población. Un pequeño número de empresas comercializadoras de productos básicos y transformadores de materias primas están ejerciendo un enorme poder de mercado en los mercados mundiales. Estas empresas, conjuntamente con las multinacionales productoras de alimentos, muchas de las cuales están integradas con empresas energéticas y químicas, están cosechando beneficios, mientras que un número cada vez mayor de personas pasa hambre.

Según la FAO, se requieren planteamientos a largo plazo para definir y abordar las causas profundas de la inseguridad alimentaria, incluido el control y los modelos de propiedad de la tierra, los insumos agrícolas, los sistemas de distribución así como el comercio y la tarificación y especulación de los precios. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente PNUMA también ha señalado el papel de la especulación de los precios de los alimentos en los mercados mundiales como un factor fundamental de la crisis, y ha pedido tender a una agricultura sostenible como parte de la solución, haciéndose eco de un llamamiento de larga data de UITA.

Sin embargo, aquellos que esperaban que las reuniones de abril del FMI y el Banco Mundial avalaran la coordinación a nivel internacional para contrarrestar los efectos de la actual crisis financiera, económica y alimentaria, han quedado decepcionados. Al igual que la CSI, que hizo un llamamiento para una "respuesta política coordinada" a una posible implosión del sector financiero, el grupo G24 de países en desarrollo instó a "la coordinación activa de la política" para mitigar los efectos de una crisis que, aunque originaria de las economías avanzadas, tendrá importantes repercusiones sobre la pobreza y la seguridad alimentaria en el mundo en desarrollo. No obstante, el comunicado del FMI del mes pasado se negó a respaldar esa coordinación y sólo pidió a los países miembros ser "coherentes" en sus medidas individuales.

“Los más directamente afectados por los altos precios de los alimentos son los trabajadores y las personas en situación de pobreza que viven en las ciudades de los países en desarrollo, y no puede haber manifestación más clara de los fallos del sistema actual que la incapacidad del mundo para alimentar a sus pobladores. Hacemos un llamamiento a los dirigentes mundiales a tomar medidas inmediatas para ayudar a estas personas y, al mismo tiempo a preparar una reforma fundamental a largo plazo verdaderamente coherente para dar una respuesta eficaz a las múltiples crisis a las que se enfrenta la comunidad mundial en este momento”, declaró Ryder.

Creada el 1 de noviembre de 2006, la CSI representa 168 millones de trabajadores y trabajadoras en 154 países y territorios y tiene 306 organizaciones afiliadas nacionales. El nuevo sitio de la organización es: http://www.ituc-csi.org La CSI también es miembro de la Agrupación Global Unions, cuyo sitio Web se puede consultar en http://www.global-unions.org
Contacto: Mathieu Debroux, agregado de prensa de la CSI / Correo