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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA - MÉXICO

Lombardo y la Revolución Cubana

En homenaje a la Revolución Cubana, en su victorioso Cincuenta Aniversario.
Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo, Primer Secretario del Partido Popular Socialista de México

Artículos de Cuauhtémoc Amezcua Dromundo editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Ciudad de México, 30/12/08.- La Revolución Cubana, sustentó Vicente Lombardo Toledano, “señala el comienzo de la revolución que dará a nuestros pueblos la independencia económica y nos devolverá la libertad…” [1]. Los aconteceres de nuestros días en Venezuela, Bolivia, Ecuador; los que van desatándose ya en toda la región latinoamericana –México no será la excepción- muestran la certeza de su juicio: la revolución avanza de manera incontenible y, en efecto, la de Cuba fue su amanecer.

Lombardo se familiarizó con Cuba y su pueblo y le tuvo un gran cariño; visitó la Isla en numerosas ocasiones y recorrió el país a lo largo y lo ancho. Los dirigentes obreros más limpios y combativos, los intelectuales más honestos, los comunistas cubanos más firmes fueron, todos, sus amigos. La larga y entrañable relación entre ambos, Lombardo y el pueblo cubano, se inició en el año de 1928 y sólo concluyó con la desaparición física del destacado pensador marxista y dirigente revolucionario, cuarenta años después, en 1968. Conocedor como pocos de la historia de los pueblos de América Latina en su conjunto, de sus culturas, y acucioso analista de la realidad, observó a Cuba en ese contexto: su pueblo sometido a los mismos sacrificios abusivos por las potencias colonialistas, primero, y luego por el neocolonialismo imperialista moderno, como los demás de la región, y dio un atento seguimiento a la historia contemporánea de Cuba. Con la lectura de sus trabajos se puede conocer mucho de las luchas heroicas de los cubanos a lo largo de los tiempos, las que forjaron su conciencia antiimperialista y su vocación libertaria indomable; y se pueden comprender las causas profundas de la gran revolución que encabezaron Fidel, Raúl, y el Ché, sus circunstancias y, desde luego, sus perspectivas y trascendencia.

Con la Revolución Cubana, insistiría Lombardo, “ha comenzado la segunda gran revolución de nuestra historia, después de la revolución por la independencia política del siglo XIX”, al intervenir, en La Habana, en el Primer Congreso Latinoamericano de juventudes, mismo evento por cierto en el que participaron el Ché, inaugurándolo, y Fidel, clausurándolo en un acto multitudinario en el Estadio Latinoamericano, evento histórico en el que el propio Fidel anunció la nacionalización, mediante expropiación forzosa y adjudicación a favor del Estado cubano, de 26 empresas norteamericanas poderosas, que incluyen azucareras, telefónicas, eléctricas y petroleras. [2] “Jóvenes de América: que no se apague la luz que ha encendido el pueblo de Cuba para alumbrar nuestro camino. Que esa llama se extienda a todo el continente y se junte al inmenso resplandor de la nueva aurora del mundo”, concluiría Lombardo su Mensaje a la juventud de América Latina.

Defensor intransigente de la Revolución Cubana, Lombardo, en su calidad de Secretario General del que en esa época se llamaba Partido Popular Socialista, adelantándose más de medio año a los acontecimientos, ya desde octubre del 60 apelaba a la ONU y protestaba ante la OEA, denunciando los planes para la invasión a Cuba, armados por la tenebrosa Agencia Central de Inteligencia yanqui utilizando al territorio de Guatemala como base [3], invasión que se concretaría el 15 de abril del 61. Y cuando la agresión se volvió inminente, hizo un llamamiento público “a los voluntarios que estén dispuestos a trasladarse a Cuba a luchar por el respeto a la soberanía de su nación…” [4] –numerosos miembros y amigos del partido se anotaron- en cuyo texto se dijo: “El Partido Popular Socialista considera que, sin ninguna exageración, para los pueblos de América Latina hay en este momento un dilema: o defienden a la Revolución Cubana para que su pueblo la conduzca de acuerdo con sus intereses, o aceptan, resignada y cobardemente, que el imperialismo norteamericano dicte las condiciones de nuestra propia existencia y los límites de nuestro porvenir.”

El 1º de mayo de 1961, como lo recuerda la historia, Fidel proclamó que la Revolución Cubana era Socialista, lo que provocó toda clase de especulaciones políticas y teóricas, entre otras razones porque se produjo en un país sin base industrial ni previo desarrollo capitalista, y porque sus primeras definiciones programáticas la señalaban correctamente como una revolución democrático-burguesa y antiimperialista, o de liberación nacional, urgida por liberarse del yugo yanqui, desarrollar la reforma agraria y sentar las bases para el ulterior despliegue industrial que sustentara la consecuente elevación económica general de la población. Pero Lombardo analizó la cuestión de este modo: “En nuestra época una revolución verdadera, es decir, una que cambia el poder público de una clase social a otra más avanzada, no ha de seguir inevitablemente las etapas que recorrieron los pueblos de Europa, por ejemplo, que lucharon contra el feudalismo, establecieron los Estados modernos, dieron el poder a la burguesía, desarrollaron el capitalismo y, finalmente, como ocurrió en Rusia en 1917 y en los países centrales y surorientales de Europa en 1945, construyeron el socialismo. El mundo de hoy ha cambiado por completo, y en lugar de un solo sistema de producción económica hay dos: el capitalista y el socialista. Este último ha seguido un ritmo de ascenso vertiginoso, en tanto que el otro vive en crisis general que anuncia su desaparición, considerada desde el punto de vista histórico. Por eso, y por otros motivos, los pueblos que se encuentran en estadios de desarrollo incipiente no pueden tener como modelo o estímulo ni el capitalismo ni su fase final –el imperialismo- porque han visto sus consecuencias y han sufrido su intervención en los asuntos internos de su país. […] En los dos años que tiene de esfuerzo constructivo, la Revolución Cubana logró sus primeros objetivos; pero por su propia dinámica ha continuado adelante. La Revolución Cubana pasó de ser una revolución popular, democrática, agraria y antiimperialista, a una revolución de tipo nuevo que rebasa el marco de las revoluciones democrático-burguesas de los países coloniales y semicoloniales del pasado. Expropió todas las propiedades extranjeras, norteamericanas casi en su totalidad. Repartió la tierra laborable del país entre las grandes masas rurales. Ha empezado a utilizar las riquezas de su territorio para construir su industria propia, sin dependencia del extranjero. Ha diversificado la agricultura. Ha orientado la economía nacional al servicio del pueblo. Ha cambiado, en suma, las relaciones de producción económica, del provecho para una minoría extrajera y nacional, al beneficio de la sociedad cubana… Estas son las bases que permiten afirmar que la Revolución Cubana camina hacia el socialismo.” [5]

En otra ocasión, en una conferencia titulada El marxismo y la Revolución Cubana, que dictó en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo –hoy Universidad Autónoma de Chapingo- dijo al respecto: “Los adversarios de la Revolución Cubana, los enemigos del socialismo, han acusado a Fidel Castro y sus demás dirigentes de haber pasado de un modo arbitrario, de una revolución que empezó siendo democrática y antiimperialista, a una revolución por la construcción del socialismo en su país. No se dieron cuenta, y hoy todavía no advierten, que una revolución democrática que quiere liberar a su país de la férula del imperialismo puede transformarse en una revolución socialista por dos motivos principales: porque una revolución nacional y democrática en la época del imperialismo no puede tomar como modelo la organización capitalista de la sociedad, como ocurrió con las revoluciones democrático-burguesas del siglo XVIII y de principios del siglo XIX, y porque existe un sistema mundial socialista.” [6]

Poco tiempo antes de partir hacia la inmortalidad, Lombardo analizaba una vez más, como tantas en su vida, la Revolución Cubana y se ocupaba de la solidez ya alcanzada y de los desafíos que enfrentaría en el futuro: “Una revolución estalla cuando las circunstancias objetivas y subjetivas imperantes en un país impelen a un pueblo a dar un salto de un régimen social a otro más avanzado. Después comienza la tarea más difícil y prolongada, la de construir un nuevo sistema de la vida social. ¡Cuántos ajustes a los primeros planes es necesario hacer! ¡Cuántas medidas de emergencia hay que implantar en todos los aspectos de la vida pública! ¡Cuánta paciencia y cuánta convicción se necesitan para educar a las masas trabajadoras y al pueblo, a fin de que se adapten a las nuevas condiciones históricas y contribuyan con entusiasmo a consolidar la revolución, a crear sus cuadros y vigilar a sus enemigos domésticos y del exterior! […] Han pasado ya ocho años desde la victoria de la Revolución. Venció todos los obstáculos. La decisión del pueblo, su carácter indomable y la valentía de su comandante en jefe, Fidel Castro, la salvaron y aun cuando todos los días se incuban planes para detener su marcha, es tal el vigor del régimen que sería imposible su regreso. La Cuba de hoy no tiene nada que ver con la Cuba de 1953. Aquélla era una esperanza, la de hoy es una realidad viva; pero su trascendencia histórica no se limita a la de una revolución popular coronada por el éxito, sino que es la primera revolución socialista en América.” [7]

Ya antes, una y muchas veces, Lombardo había reiterado su solidaridad permanente y firme con la Revolución Cubana, y había reafirmado asimismo su convicción, sólidamente sustentada, sobre el futuro indudablemente socialista de México: “Como mexicano, como revolucionario, desde mi patria saludo a Cuba, a la Cuba socialista. Nuestra Revolución, que se inició en 1910 en un mundo absolutamente controlado por el imperialismo, siguió su propio camino y tuvo que vencer obstáculos tremendos para romper con su pasado esclavista y feudal. Pero encontró al fin su camino. El destino lógico, histórico de la Revolución Mexicana, es también el socialismo.” [8]

En ese camino está la Revolución Cubana, que ya cumple sus primeros cincuenta años de lucha intensa. ¡Cuántos desafíos ha debido vencer, muchos más, sin duda, de los que podían ser previsibles en 1968! Pero los ha superado con éxito. ¡Cuántos más tendrá que sortear! Pero lo hará, sin duda, gracias a la férrea voluntad de su pueblo y a la guía certera del glorioso Partido Comunista de Cuba, fundado en su etapa actual por Fidel, sobre las bases largamente construidas por el primer Partido Comunista, el entonces Partido Socialista Popular, y por generaciones de abnegados luchadores. Hoy, cada vez más, la premoción de Lombardo se va cumpliendo, a pesar de todos los obstáculos que imponen el imperialismo y sus servidores: La Revolución Cubana está probando que ha sido, en efecto, la primera, la señal de arranque “de la revolución que dará a nuestros pueblos la independencia económica y nos devolverá la libertad…” La llama que se ha extendido y va uniendo “al inmenso resplandor de la nueva aurora del mundo” La primera de la gran ola, imparable de la revolución que ha de desembocar en sociedades socialistas y comunistas en todo el continente.

Con Vicente Lombardo Toledano, desde la trinchera de su glorioso partido, el Partido Popular Socialista de México, me uno a su sentido y sustentado homenaje a la Revolución Cubana, ahora en su Cincuenta Aniversario.

Notas:

(1) Entrevista que V. Ostroski hizo a Lombardo en la Sierra Maestra en julio de 1960, publicada por Literaturnaya Gazeta, Moscú, URSS, fechada el día 30 de ese mes y año.

(2) El Primer Congreso Latinoamericano de juventudes, bajo el lema “Por la liberación de América Latina”, trabajó desde el 28 de julio de 1960, fecha en que lo inauguró el Ché, hasta el 6 de agosto, en que lo clausuró Fidel en un acto público que fue recogido por la historia. Lombardo pronunció su “Mensaje a la juventud de América Latina” el día 31; se trata de un amplio documento que por su gran valor ha sido reproducido numerosas ocasiones tanto por organizaciones juveniles de distintos países, como por organizaciones sindicales, esto principalmente porque Lombardo asistió en su calidad, entonces, de Vicepresidente de la Federación Sindical Mundial.

(3 Lombardo fue uno de los primeros en denunciar los preparativos de la invasión y en condenarlos, ver el diario El Popular, del 30 de octubre de 1960, pero la siguió haciendo todas las veces necesarias para mantener en alerta a la clase obrera y al pueblo de México.

(4) Manifiesto publicado en el diario El Popular por la Dirección Nacional del entonces Partido Popular Socialista, encabezada por Vicente Lombardo Toledano, el 12 de abril de 1961, con el título de “Defender a Cuba es defender a México”.

(5) Respuestas de Lombardo a un cuestionario formulado por el periódico Pravda de Moscú. Reproducido por la revista Siempre!, 24 de mayo de 1961.

(6) La conferencia fue sustentada el 25 de julio de 1966. Fue reproducida en la revista Siempre!, 3 de agosto del mismo año.

(7) La Revolución Cubana debe redoblar su vigilancia. Artículo de Lombardo publicado en la Siempre!, 2 de agosto de 1968. Su corazón dejó

(8) El marxismo y la Revolución Cubana. Conferencia de Lombardo en la entonces Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo. Op. Cit.