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OPINIÓN - MÉXICO

El desafío de hoy para los revolucionarios y los patriotas

Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo, Presidente del Partido Popular Socialista

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Rebanadas de Realidad - Ciudad de México, 23/10/09.- Días antes del golpe panista contra el SME, diversos observadores de la lucha social en México expresaban su desaliento porque veían al movimiento de masas a la baja, cansado y desgastado. En particular, declaraban agotado al Diálogo Nacional, como antes hicieron con la APPO, y no observaban algún otro agrupamiento de relevo. Hoy queda a la vista de manera muy clara que ese juicio era precipitado e infundado; lo cierto es que el movimiento se ha dado y se sigue dando de manera arrítmica y circunstancial.

El problema que confrontamos en los últimos seis lustros es el de una incesante agresión a los derechos e intereses populares que abarca todos los órdenes, el de la economía, el de la protección jurídica, el de la seguridad social, etcétera. A todos los sectores populares, sin excepción les vienen arrebatando sus conquistas y reduciendo sus condiciones de vida, de manera agresiva en esta etapa, lo que no significa que antes no tuvieran problemas, pero el cambio, desde inicios de la década de los ochentas, es cualitativo, y no es privativo de México, sino que tiene un carácter general. En el mismo período, el patrimonio nacional también ha sido quebrantado. En contrapartida, los capitales extranjeros, en primer término, pero también los grandes capitales nacionales, se han visto colmados de privilegios, hasta la desmesura. En estas circunstancias, cada sector, cada grupo social se lanza a la movilización y a la lucha en la medida en que es víctima de una agresión concreta, y otros grupos y sectores lo acompañan con solidaridad. Esa lucha se mantiene durante algún tiempo y luego entra en receso, sin que haya permanencia en la batalla contra los enemigos de clase y sin que los trabajadores puedan marcar el ritmo ni la estrategia, hasta hoy.

Esto se debe a que también confrontamos otro problema mayor, que es la falta de instrumentos para enfrentar al enemigo. Las clases populares no cuentan con las organizaciones para defenderse porque las que había fueron destruidas. No hay ya las grandes centrales sindicales de clase, combativas, como la CTM de la segunda mitad de la década de los treinta y la primera mitad de la década de los cuarenta. Hoy, apenas unos pocos sindicatos se manifiestan del lado de sus agremiados, algunos con extraordinaria firmeza, como ha sido el SME, pero son la excepción, en tanto que la mayoría de ellos son dirigidos por camarillas de delincuentes entregados al enemigo, a los explotadores de los trabajadores. Tampoco contamos con centrales campesinas que defiendan los intereses de sus afiliados, apenas algunas excepciones, de dimensión breve en lo cuantitativo. No existe un solo partido político con registro que defienda de manera consistente y honesta los intereses populares. Ni el PAN, el PRI ni el PRD, si hemos de atenernos a los hechos de la realidad, al margen de los buenos deseos de algunos de sus militantes que son luchadores honestos. Tampoco los demás partidos. Sus preocupaciones y ocupaciones, son otras.

Siendo autocríticos tenemos que reconocer que tampoco existe un partido de clase, ni siquiera sin registro, que reúna ambos rasgos, calidad y fuerza numérica, y que sea capaz, por tanto, de orientar la lucha del conjunto. El Partido Popular Socialista de México es un gran partido, firme, combativo, leal a sus principios, pero reducido en sus dimensiones. La burguesía y sobre todo el imperialismo tuvieron la habilidad de dividir y pulverizar a la izquierda, y de cooptar y corromper a antiguos militantes de los partidos revolucionarios, que se convirtieron en “centroizquierdistas”, simuladores, o en meros repetidores de consignas válidas en otras circunstancias pero inútiles para la lucha de nuestros días.

Consecuentemente, la clase trabajadora toda, en su sentido amplio –integrada por todos los que vivimos de nuestro trabajo personal y no de explotar el trabajo ajeno- carece de representantes en los cuerpos colegiados de representación política. Apenas un brevísimo número de individualidades mantienen una conducta decorosa en las cámaras de diputados, locales y federal; desde luego que en el Senado, el asunto no es mejor. Ha sido meritoria la conducta de los leales al movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador y que llegaron unos por el PRD, otros por el PT, alguno por Convergencia, pero su incidencia en la correlación de fuerzas es menor, los que tomaron la tribuna hace unos días fueron apenas alrededor de una docena, la mayoría de los diputados del PRD y de Convergencia les hicieron el vacío.

Por eso han surgido los estallidos populares en todas partes del país, porque la situación para unos y otros sectores del pueblo, llegó a ser insoportable; y por eso las protestas se manifiestan así, con un alto grado de espontaneidad, porque no existen las organizaciones que puedan librar una lucha sistematizada y dirigida con certeza. El que muchas de esas luchas particulares hayan podido confluir en grandes torrentes, ha significado un paso invaluable. Eso sucedió en Oaxaca, en el caso de la APPO. También en otras regiones del país, con sus características en cada lugar. Y en el plano nacional, eso sucedió con el Diálogo Nacional, que ha llegado a ser el conjunto unitario más amplio que haya construido un programa claro, de defensa popular y nacional; en eso radican sus méritos extraordinarios.

Sin embargo, ninguno de los frentes de lucha popular ha logrado todavía la articulación suficiente. El esfuerzo que realizó el Movimiento de Liberación Nacional por mandato de su Consejo Nacional y que lo llevó a formular una Agenda común, consensuada, de mediano plazo es promisorio en alto grado, pero preocupa que no haya nuevos frutos en esa línea, luego de transcurrido más de un mes de su último Consejo Nacional, ni se hayan dado pasos concretos para cumplir con los nuevos mandatos. Pareciera que las inercias negativas tienen todavía un peso mayor del que sería deseable, y esto también lo expreso con un sentido autocrítico.

El golpe panista al SME constituye una sacudida mayor en este panorama y abre una nueva perspectiva para mayores avances. Es necesario y urgente construir la fuerza suficiente articulada y, por ende, cohesionada, para una lucha que ya se va viendo cuan encarnizada ha de ser. Una fuerza capaz de actuar con agilidad y combatividad, de manera unitaria y con inteligencia, y conducir la revolución de hoy hacia nuestra plena independencia económica y política, que siente las bases de una sociedad superior, sin explotadores ni explotados. Construir esa fuerza es el desafío de hoy, para los revolucionarios y los patriotas.