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Contra la pobreza no hay soluciones mágicas

Por Gustavo Demarchi (*)

Rebanadas de Realidad - Mar del Plata, 01/10/05.- El combate a la pobreza es un objetivo que no puede enfrentar argumentos en su contra, sin embargo en nuestro país sucede algo más írrito. Se adoptan políticas y medidas por parte de quienes dicen combatirla que la incrementan.

Según el informe de la ONU "La situación social mundial del 2005", "El crecimiento económico, por sí solo, no es la panacea para solventar los problemas del desarrollo". Una conclusión bastante obvia que en la Argentina "K" parece ser ignorada.

Parafraseando esa aseveración se puede asegurar que la ausencia de crecimiento económico, por sí solo, condena a los países al subdesarrollo y la pobreza.

En otras palabras, sin creación de riqueza no hay posibilidades de que los pobres dejen de serlo. ¿Qué no es la panacea? Por supuesto que no lo es, pero para los problemas sociales estructurales de las sociedades no hay soluciones mágicas sino medidas coherentes y conducentes al fin deseado.

Dejar de ser pobre depende de la voluntad de emprender las transformaciones para lograrlo mediante métodos, conductas y medidas conducentes. Por ello que resulta absurdo proclamar el combate a la pobreza, como se hace en la Argentina para, luego, implementar medidas que la incrementan. Una muestra de ello fue la devaluación duhaldista que redujo a 1/3 los salarios de los trabajadores, o el rompimiento de los contratos privados y públicos que instaló la inseguridad jurídica en nuestro maltratado país.

Cuando todo indica que los países pobres deben afianzar sus instituciones democráticas y contar con un sistema de justicia eficiente y confiable, en nuestro país no solo la justicia no es independiente sino que está atada a absurdos ideologismos y formada desde los intereses políticos y el amiguismo. Del mismo modo, contradictorio, la democracia en Argentina termina a las 24 hs. de votar porque el parlamento resigna sus funciones legislativas a favor de un poder ejecutivo ejercido en base a caprichosas supuestas convicciones personales y no conforme el estado de derecho.

Afianzada la democracia y la Justicia o avanzando en esa dirección, los países subdesarrollados, como el nuestro, deben implementar políticas sociales públicas austeras y auditables para tratar de tener una vigencia acotada en el tiempo y no institucionalizarse con planes para que la gente no trabaje y ande por las calles impidiendo la circulación de personas y bienes.

Estas políticas sociales solo podrán ser pasajeras si se promueve trabajo a través de la inversión privada la que debe ser estimulada con bajos impuestos a cambio de reinversión de utilidades.

En nuestro país bajo el mandato "K" se hace lo contrario, a la par que se persigue la inversión privada y se festeja la partida de capitales, se incrementa el gasto público, se aumentan los impuestos y se grava con retenciones confiscatorias las exportaciones impidiendo, así, exigir con autoridad que los países desarrollados eliminen los subsidios que otorgan a sus productores primarios.

Además, como si esto no bastara para desalentar a los inversores, en nuestro país los trámites burocráticos requeridos para abrir una empresa no son más que excusas -casi siempre de autoridades locales- para exigir sobornos. Cuantos más controles, más dinero para los funcionarios corruptos, como bien lo manifiesta Andrés Openheimer, quien además concluye afirmando "que si hay progreso en la lucha contra la tramitología es algo que debe ser impulsado aún más en aquellos países donde todavía no se ha hecho mucho al respecto" o como en el nuestro donde se retrocedió.

Complementado esto se hace imprescindible, para salir de la pobreza, la promoción de una educación cuantitativa de calidad. En lugar de ello este gobierno ha destinado el menor porcentaje del presupuesto en años a la educación y, la que se da, está orientada en muchos casos a formar parte de las luchas políticas internas que promueven sin límite las facciones coorporativas que se han adueñado de los partidos políticos, en especial del PJ.

Para luchar contra la pobreza no hay soluciones mágicas. Se requiere adoptar medidas y políticas congruentes con el enunciado, además de mucho trabajo y voluntad de cambio. De lo contrario, el combate meramente declamado contra la pobreza sin tomar las medidas conducentes a tal fin o, lo que es peor, instrumentando lo contrario, solo logrará incrementarla para beneficio de unos pocos siempre vinculados al Poder.

(*) Abogado.
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