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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA

Análisis del por qué de un crimen político

Por Oscar J. C. Denovi (*)

Rebanadas de Realidad -Buenos Aires, 01/03/07.- 177 años atrás, en el mes de Diciembre, (13/12/1828) era fusilado el Gobernador Manuel Dorrego, Coronel del ejército "hecho a poncho", como Belgrano y tantos otros que integraron las fuerzas que lucharon por la emancipación.

Criollo de profundos sentimientos americanistas, republicano "desde siempre y para siempre, según su conducta política", Manuel Críspulo Bernabé, - "el primero variante de Emanuel, significa Dios con nosotros, Críspulo se llamaron tres mártires cristianos, y Bernabé el santo del día, fue uno de los doce apóstoles de Jesús" - anota Enrique Mario Mayochi, (1) fue un personaje entrañablemente querido por el criollo, elemento constitutivo del bajo pueblo urbano (orillero por vivir en las orillas de la ciudad), y por la otra vertiente rural, el gaucho. (En conjunto los "inferiores", según la clasificación social de la época.) (2)

El aprecio sobre este hombre no se limitó solamente a este sector social, también fue querido por miembros de la clase media y aun por algunos de la clase adinerada, aunque en forma minoritaria. (Los "principales" según esa misma clasificación.)

Federal, será el primer gobernador de ese bando que gobernará Buenos Aires: fue esa condición ideológica, y su carácter espectante de Jefe de ella, la causa de su muerte.

Se desprende esta afirmación indubitable, de las cartas que Salvador María del Carril y Juan Cruz Varela (3) le envían a Juan Galo Lavalle, Gral que lleva a cabo la ejecución, previamente dispuesta al momento del derrocamiento producido el 1 de diciembre.

Aunque la condena ha recaido sobre este crimen por parte de los historiadores de distintas tendencias ideológicas, la eliminación de Dorrego guarda hasta el presente - a juicio de quien escribe este artículo - enigmas que intuitivamente muchos han sospechado, pero cuya revelación no ha sido abordada con suficiente profundidad, y esta cosmovisión sobre las motivaciones que llevan a decidir sobre la suerte de este patriota con mayúscula, son clave de la historia de las luchas civiles argentinas, del siglo XIX y de tiempos posteriores hasta nuestros días, aunque esto parezca exagerado.

Las diferencias ideológicas entre unitarios y federales hunden sus raÍces profundamente en la historia de la época de nuestra dependencia de España, en lo que concierne tanto a la cultura que se desarrolla en la ciudad de Buenos Aires y el interior, como en la conformación mayoritariamente étnica en la población del puerto, y en las provincias.

Aunque estos factores fueron muy fuertes en cuanto la separación de las respectivas visiones de unos y otros, no lo fue menos la diferencia económica que se establece paulatinamente entre ese Buenos Aires portuario y el interior del territorio rioplatense, que terminará siendo Virreinato a partir de 1776. Para colmo, además de la diferencia de recursos, que se va acrecentando con el correr de los años, a favor de la ciudad erigida en la margen derecha del Río de la Plata, esta será pocos años después del 1600, cabecera de una de las gobernaciones rioplatenses, la de Buenos Aires, que abarcará un enorme territorio que comprendía desde la actual Provincia de Misiones, hasta Tierra del Fuego, abarcando todo el territorio patagónico, aunque esta jurisdicción fuera más nominal que efectiva. Es decir que a la diferencia económica apuntada se sumaba la política, que culminará con la condición de Capital del Virreinato.

En los primeros años a partir de 1580, la población de la Santísima Trinidad (4) que provino íntegramente de Asunción, constituida por nacidos en aquella ciudad guaraní - salvo Griveo sobreviviente de la expedición de Pedro de Mendoza que vuelve al lugar de su partida de 1536 - se sostiene gracias al contrabando que le permitió abastecerse para atender las necesidades de la población.

Hacia 1605 se solicita autorización para permitir el ingreso de portugueses para acrecentar la población, hecho que permitiría la producción local de productos de quinta, absolutamente necesarios para la vida local. Pero dicha inmigración haya o no cumplido dicho trabajo productivo de abastecimiento, no impidió la práctica del contrabando que se facilitaba por la relativa cercanía de los territorios portugueses americanos (Brasil), y por la habilidad para la práctica contrabandista de esos nacionales, cuya corona se había unificado con la española por entonces. Para dar una idea de proporción poblacional de los portugueses residentes en Buenos Aires, llegados con autorización del Cabildo y al margen de las disposiciones reglamentarias, Jerónimo Luis de Cabrera, nieto del fundador de Córdoba, en 1641, ante el hecho que se había producido la separación de Portugal de España, ordena un empadronamiento que comprueba que sobre una población que no alcanzaba 1500 habitantes, los portugueses sumaban 400, Se presumió que la mayor parte se dedicaba al contrabando. (5)

"No comprenderá nada de nuestra historia quien no advierta la importancia decisiva de estos años críticos.

"En la relativa incomunicación y el abandono en que dejaba a las colonias americanas la decadencia de su metrópoli estaba ya latente la futura emancipación. Lo único que sorprende es que esta haya tardado dos siglos. Ello muestra por una parte, el prestigio perdurable del nombre español, no obstante los reveses; y por otra parte el acierto de la política restrictiva con que la corona suplió su inferioridad de fuerzas" (6) (Se refiere el autor a la situación española bajo Enrique IV, cuando pierde el dominio marítimo a favor de Inglaterra y Holanda, y el continental a favor de Francia, debilitándose las comunicaciones con las colonias americanas, de las que el Río de la Plata fue la más perjudicada por su situación geográfica extrema y la carencia poblacional tanto de nativos como europeos.)

Esta situación de ciudad comercial y especulativa se prolonga en el tiempo, y se acrecienta en cuanto su valor de enriquecimiento por efecto de las imposiciones inglesas en el tratado de Utrech, que obligan a España a abrir 10 puertos en América para el tráfico de esclavos. En 1716, por aplicación de ese tratado de paz por la guerra de sucesión de la corona española tras la muerte de Felipe IV, en Buenos Aires se estableció en Retiro el Asiento de esclavos. Dicho asiento proporcionó, otro ingreso monetario de importancia, y además reforzó las condiciones del contrabando, facilitado por la llegada de más navíos. Estas condiciones económicas y subsecuentemente financieras, hicieron del habitante del puerto (el porteño propiamente dicho), un hombre vuelto de espaldas al país, con la mirada extendida hacia Europa, con la que comerciaba y obtenía las pingües ganancias, que durante el siglo XVIII y principios del XIX, hicieron de ella el lugar más rico de la Argentina, incomparablemente lejos en riqueza monetaria, de cualquier otro lugar del país, incluido la propia ciudad de Buenos Aires, lejos de los negocios de importación y exportación.

Luego la ciudad se convertirá en una gran entidad comercial (a partir de 1750), donde en cada cuadra de su centro habrá una tienda, y donde la expectativa de prosperidad se ligará al ejercicio del comercio, siendo el caso que la propuesta para los jóvenes de la alta sociedad era la del empleo en una tienda. Este fue el caso de Juan Manuel Ortiz de Rozas a título de ejemplo. Su madre quiso hacerlo ingresar en una tienda cuando adolescente. Se negó el joven que amaba los trabajos en el campo que conocía en la estancia de su abuelo.

Por esta condición de riqueza, se formará una mentalidad desdeñosa de la sociedad no porteña bonaerense (de las orillas o del interior del territorio de la actual provincia) y del interior de lo que son actualmente el resto de las provincias argentinas.

Pero otro aspecto gravitó en ese desdén, que la sociedad del interior bonaerense y la de otras latitudes del Virreinato, se conformó en alta proporción por el mestizaje del español con el indio. La diferenciación etnológica entre el blanco y el mestizo fue abismal. La piel blanca confrontaba con el moreno bronceado propio del indio, el rubio de muchos españoles (aunque los había morenos como los andaluces) contrastaba con el pelo renegrido, lacio y grueso -"cabecita negra", calificativo muy posterior, pero surgido de iguales motivaciones. Además, la diferenciación cultural, levemente mundana del porteño, por el contacto con extranjeros (Sardos, Franceses, Ingleses, Norteamericanos, etc.) que llegaban al río "color de león" desde 1716 en las "naves de registro", (7) -imposición inglesa adoptada junto con el tráfico de esclavos en el Tratado mencionado- fue acrecentando el "bagaje" de pautas diferenciadoras en lo cultural, reforzadas por el acceso a la literatura y los estudios en España, donde se tenía más a mano las novedades, introducidas por el afrancesamiento producido en la metrópoli por la administración borbónica, que hacia el final del período, (1800), compuso una importante proporción de la administración en las colonias del funcionariado virreinal.

Todo este conjunto de factores es la influencia de algunas ideas de la Revolución Francesa en la Revolución de Mayo, por cierto manifestada con toda claridad en porteños, ligados a la actividad comercial como Moreno y Castelli, ambos abogados, y en muchos otros, y en la burguesía de Buenos Aires, cuya revolución se agotaba en la libertad de comercio, como le demuestra el giro dado a la constitución del gobierno en ocasión de la defenestración de la Junta Conservadora y la creación del Primer Triunvirato, elegido por el Cabildo de Buenos Aires, mayoritariamente constituido por miembros de ese sector social.

El propio Belgrano, cuyas ideas se vinculaban más a la tradición española, su adhesión a la "Fisiocracia" obedecía a la influencia francesa ya recibida en Salamanca.

El hombre del interior, el no porteño, ya sea bonaerense, del litoral, del norte o cuyano, cuya riqueza se había obtenido por el trabajo como encomendero, en el desarrollo de actividades como la cría de mulas para el trabajo minero en el Alto Perú, en la explotación de la vid y los olivares en del que, en la fabricación de carretas y otros transportes con maderas de los bosques, o en la construcción de medios de navegación de madera, había obtenido su condición económica encumbrada con la rudeza del trabajo a la par de sus subordinados, dominando los conflictos que suponen el manejo de conjuntos humanos numerosos, participando de las creencias entre ellos desarrolladas, en ese sincretismo entre los valores cristianos y terrenales de la religión traida por el conquistador y la encontrada Entre los nativos con los que aprendió a convivir, y por las costumbres propias del europeo y del indígena que, entremezcladas, dieron lugar a otras costumbres que tenían algo de lo uno y lo otro. El inferior asimismo, que constituyó el grueso de las clases bajas, participó de un proceso de iguales características culturales, quizás acentuando más en la cosmovisión propia la vertiente de sus ancestros indígenas. Las clases medias, en general funcionarios de menor rango de las administraciones municipales, profesionales y artesanos calificados, procedían de un mestizaje donde predominaba la sangre blanca, pero participaba de las mismas creencias religiosas y costumbres que eran comunes a todos. En suma, el común denominador era la Tradición rioplatense (mistura de india y española), con los particularicemos de cada región del país, y que explican en el ámbito actual los distintos "cánticos" que junto a expresiones típicas regionales, diferencian el natural de una provincia con otra, como rasgo actual más evidente, diferenciador entre las sociedades de unas y otras provincias.

No menos importante, en esta homogeneización cultural, lo fue la constitución de milicias para afrontar las luchas contra el indio, donde Principales e Inferiores convivieron en la disciplina propia de la milicia, en la que los oficiales fueron siempre extraídos de los Principales y los soldados de los Inferiores, pero donde el compartir el peligro forjaron la comunión espiritual entre hombres de distinta extracción social.

Sobre este factor sociológico se fue edificando la confrontación humana entre el interior y el porteño, e insistimos en este punto, no entre el interior y el bonaerense, sino entre los sectores etnosociales y sicosociales mencionados: La burguesía fue un fenómeno eminentemente del Puerto, las clases sociales adineradas del interior solo por imitación, y en forma minoritaria, adquirieron un comportamiento similar a los del "centro de la Gran Aldea."(8)

Con esta ligera enumeración hemos tratado de describir los elementos anteriores que compondrán luego las motivaciones, diferencias de criterios, diferencias ideológicas, diferencias programáticas de Unitarios y Federales, agregando solamente que, en la burguesía porteña de la revolución y sus continuadores, arraigó fuertemente las ideas del Despotismo Ilustrado de la última etapa de los gobiernos españoles de cuño borbónico. De ahí, el intento unitario de imponer una monarquía atemperada por la presencia de un parlamento, intento muy avanzado en 1819, y no abandonado totalmente en 1826, aunque sustituido por la figura de un Presidente con amplias facultades ejecutivas.

Así, después de haber mantenido durante 17 años el poder sobre Buenos Aires, y por consiguiente sobre Las Provincias Unidas del Río de la Plata, los ideólogos y la burguesía que era funcional a ella, vio con desesperación como el resto del país asentaba sus reales en Buenos Aires, y prometía desbaratar para siempre los planes de esa minoría de iluminados, y los negocios ligados a su proyecto político.

Esta fue la razón que importaba "cortarle una de las cabezas a la Hidra", según la expresión de una de aquellas fatídicas cartas que impulsaban la ejecución de aquel Gran Patriota que fue Manuel Dorrego. La Hydra era el bando Federal, su cabeza "el Coronel del Pueblo". Luego toda una historia falsificada - según la acertada expresión que titula una monografía de Ernesto Palacio - se encargaría de enlodar al federalismo y sus hombres. "Porque la barbarie, para los unitarios, no era esencialmente físico sino ideológico. Era la cultura del Poncho y el Chiripá cuanto los sublevaba." (9)

Notas:
(1) Manuel Dorrego. Diputado del País Federal. Colección Ideas y obras de los Legisladores Argentinos. Publicación del Circulo de Legisladores de la Nación Argentina. Buenos Aires marzo de 1999.
(2) Dice Mayocchi en la obra citada: "Menos sabido - quizás sea más exacto decir no tan recordado - es que sus ideas lo llevaron al exilio y que, corrida una década, fue como diputado constituyente el gran sostenedor de la organización federal de las Provincias Unidas del Río de la Plata y, a la vez, el inclaudicable defensor de los derechos de todos y cada uno de sus compatriotas, sin hacer distingo por razón de su condición social, de ser trabajador a sueldo o de no poseer bienes personales estimables. Agréguese a esto que, desde los albores de la Revolución, fue partidario del régimen republicano, firme sostenedor de mantener unido al antiguo territorio virreinal y luchador infatigable con la pluma y la palabra".
(3) El conocido texto de estas cartas, reproducido en muchos textos de historia, nos releva de hacerlo en este artículo.
(4) Recordamos que la fundación dio nombre de Santa María de Buenos Aires al Puerto. Luego este nombre desplazó al de la ciudad, sin el nombre religioso que también ha sido perdido en algunas Ciudades del interior.
(5) Ernesto Palacio. Historia de la Argentina. A Peña Lillo Editor. Bs.As.1965 Tomo I pag. 83
(6) Ernesto Palacio. Obr. Cit. Tomo I pag. 80
(7) Así se llamó a las naves de bandera no española que se registraban ante las autoridades metropolitanas para ingresar y egresar con mercaderías en los 10 puertos habilitados según el Tratado de Utrech.
(8) Dice José María Rosa en su "Del Municipio Indiano a la Provincia Argentina" que en el siglo XVIII fueron desalojados del centro de la ciudad los descendientes de los fundadores, por la compra que los "nuevos" hicieron de las casas que estos poseían en el centro. (Los alrededores de la Plaza Mayor en desarrollo hacia el sur) pag 51 a 54. Peña Lillo editor.. Bs. As. 1974
(9) Vicente Massot, "Matar y Morir" La violencia Política en la Argentina, 1806-1980, Editorial emecé, Bs. As. 2003 pag..90
(*) Politólogo; titular de Historia Política Argentina en la Universidad Católica de La Plata, en la carrera de Ciencia Política de la subsede de la ciudad de San Martín. Académico de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, de donde es Miembro de la Comisión Directiva.
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