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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA - ARGENTINA

El patriota protector del futuro riojano en 1826

Por Oscar J. C. Denovi (*)

Rebanadas de Realidad -Buenos Aires, 16/03/07.- "Cuán fatal es la ilusión en que cae un legislador, cuando pretende que sus talentos y voluntad pueden mudar la naturaleza de las cosas o suplir a ellas sancionando o decretando creaciones": Con estas palabras insertas en el discurso inaugural del Congreso Constituyente, Bernardino González Rivadavia, Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde el 8 de febrero de 1826, por ley votada en dicho Congreso el 1° de ese mes, que se había reunido según el pacto del Cuadrilátero, (25/1/1822, instrumento que sirvió para desarticular el Congreso de Córdoba, reunido bajo la influencia federal de Bustos y por aplicación del Pacto de Benegas) daba paso a la apertura de las sesiones para constituir la República. Dice respecto de esta parte del discurso Ernesto Palacio en su Historia Argentina: "No obstante esta inesperada confesión de realismo político, su presidencia parece, más todavía que su Ministerio (*) la gesticulación de un sonámbulo." (1)

Lejos de la moral que se desprende de tal comprensión realista de la política, el Señor "Presidente", cuestionado por un diputado de su propio bando unitario en cuanto el cargo asumido antes de la sanción de la Constitución, Gorriti (Salta) y por un federal, Manuel Moreno (Banda Oriental), culminaba la obra formal que le permitiría manejar los negocios pergeñados de antaño, y cuyo entramado se había concretado en las reuniones mantenidas como embajador después de su Ministerio de Gobierno con Martín Rodriguez, bajo la autorización de un decreto de dicho gobernador de Noviembre de 1823 que establecía lo siguiente: "Queda autorizado el ministro secretario de relaciones exteriores y gobierno, para promover la formación de una sociedad en Inglaterra destinada a explotar las minas de oro y plata que existen en el territorio de las Provincias Unidas." (2)

Hace notar el autor, (Ernesto Palacio) que Buenos Aires se arrogaba la representación de las provincias sin que ninguna hubiera otorgado dicha representación para concretar semejantes negocios.

Con estos antecedentes se comprende entonces que la formación del ejército Presidencial destinado a operar en el Norte - donde había minas diversas de dichos metales, la más importante conocida, Famatina - formado inmediatamente de entrar en funciones Rivadavia - no respondió a otros motivos que los de doblegar por las armas cualquier resistencia que se opusiera a la explotación minera de la compañía River Plate Minning Association. Esta situación era previsible, ya que durante el Gobierno del General Las Heras, a mediados de 1825, llegaron miembros de la compañía, encabezados por el capitán Francis Bond Head, quien solicitó al gobierno bonaerense el cumplimiento de lo estipulado en el contrato societario de la River Plate y el decreto de fines del gobierno de Rodríguez que facilitaba los trámites rivadavianos representativos de las provincias rioplatenses. El gobernador Las Heras hizo saber a los recién llegados que desde enero de 1825 regía la ley Fundamental, por lo que las provincias se regían por sus propias leyes. Nada podía ser autorizado en Buenos Aires.

Además de este obstáculo, que no impidió la explotación en San Juan por obra del gobernador unitario Salvador María del Carril, para luego hacerlo en San Luis y Mendoza, los intereses de la compañía inglesa chocaban con una compañía argentina formada en 1824 por Baltazar Aguero con los mismos fines (explotación del Famatina), Casa de la Moneda y Mineral de Famatina se la denominó, donde participaba Braulio Costa y Juan Facundo Quiroga.

Al frente del ejército Presidencial se nombró al General Gregorio Aráoz de Lamadrid, que reportaría a la jefatura del General José Antonio Alvarez de Arenales y contaría con el apoyo del Gobernador catamarqueño Gutiérrez. El ejército a órdenes del General "que no había superado la edad infantil", según el Paz en sus memorias, gozaba de una situación privilegiada en comparación con el otro ejército argentino de la época, que tenía nada menos la misión que sostener la guerra con el Brasil. Recibió aquél 2000 fusiles y 1500 sables que se le restaron al arsenal del segundo, y gozaba de la ventaja de que los giros contra la Tesorería Nacional tenían orden de ser pagados ante su presentación sin dilaciones, lo que no ocurrió obviamente con el que libró la guerra cuyo final de verdaderos desarrapados, fue aprovechado políticamente para derrocar y asesinar a Dorrego. Si a ello se suma el origen espúreo del reclutamiento, hecho en Tucumán para la guerra con Brasil, pero vuelto contra su gobernador Javier López, para sustituirlo por Lamadrid, el tamaño de la felonía fue inmenso.

Los federales estaban atentos a las maniobras rivadavianas: Bustos le escribía a Estanislao López "Es preciso, compañero, que Ud no se descuide porque el presidente está echando hombres comprados por todas partes para que nos hagan revolución o para que nos quiten del medio.....Esta provincia tal vez se separe del Congreso, y creo que sería mejor para organizarnos de otro modo más seguro, o que el Congreso salga de Buenos Aires".(3)

Así las cosas, y luego de diversas alternativas, el 27 de octubre Facundo Quiroga que avanzaba sobre Tucumán se encuentra con las fuerzas de Lamadrid en el paraje El Tala. La batalla, entre el veterano oficial de los ejércitos de la Independencia y el caudillo riojano empíricamente militar, termina en una derrota donde hasta el general en jefe del ejército veterano fue dado por muerto, después de haber recibido 15 heridas de sable, un bayonetazo y el tiro de gracia de quienes dándolo por herido de muerte, dieron así la cuota humanitaria de final sin más sufrimiento al caído. Era el alzamiento de las provincias del norte en guerra abierta contra el "Presidente"...de las minas de oro y plata de la argentina, para las sociedades inglesas.

Notas:
(*) Se refiere al ejercido bajo el Gobernador Martín Rodríguez.
(1) Ernesto Palacio, "Historia Argentina", Tomo II, pag. 205.A. Peña Lillo editor, Bs. As., 1965.
(2) Fermín Chávez, "Historia del país de los Argentinos", pag. 160, Editorial Theoría, Bs. As., 1991.
(3) Palacio, obra citada, pag. 294
(*) Politólogo; titular de Historia Política Argentina en la Universidad Católica de La Plata, en la carrera de Ciencia Política de la subsede de la ciudad de San Martín. Académico de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, de donde es Miembro de la Comisión Directiva.
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