Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA - ARGENTINA

Por una Argentina Valiente y Creadora

Por Oscar J. C. Denovi (*)

Rebanadas de Realidad -Buenos Aires, 27/07/08.- Los argentinos vivimos una verdadera decadencia espiritual, manifiesta en muchos aspectos de la vida diaria, y en aquellos que se imbrican en los actos más o menos trascendentes de la duración vital de cada uno, como la educación que los mayores imparten a los menores, las medidas de seguridad vial, sanitaria o policial, entre otras, que las autoridades respectivas deben controlar o implementar.

Las defecciones, las deficiencias, las ausencias de respuestas o de previsión en cada uno de esos sectores, que entre otros muchos constituyen el entramado de la vida en sociedad, obedecen a ese estado de debilitado espíritu que se apodera de los individuos y de los grupos, y hacen que pierdan cabal noción de su ubicación frente a las demandas de las circunstancias o de las personas. De ahí el exceso, la mar de las veces traducido en violencia, o la desaprensión, que ve en lo que es violatorio de reglas de conducta el comportamiento sin importancia (como el de los niños revoltosos, cuyo revuelo molesta, ….pero son chicos!). Por cierto que esta consecuencia social de actos individuales y colectivos, se extrema en uno u otro sentido, según la psicología de los individuos o grupos, que a su vez, interactúa sobre lo social, como este último gravita sobre lo psicológico individual y colectivo.

Estas manifestaciones de la decadencia en aspectos vitales del funcionamiento social, tiene entre otros motivos, una usina productora de descreimientos en el hombre y en el hacer colectivo argentino. Desde la mirada hacia atrás (la historia), hasta el porvenir ha predominado y predomina, esa visión pesimista de la capacidad de realización del hombre, la sociedad y las instituciones, y se destaca el fracaso sobre el acierto, muchas veces, con evidente mala fe, resultante de la emisión de opiniones de personajes o medios que "sirven" a la usina, por razones económicas, culturales o ideológicas.

En estas condiciones, un pueblo esta preparado para el colapso de su afirmación, y corre el riesgo de su disolución como entidad histórica, o su paralización frente a cualquier catástrofe natural que lo afecte - resentidos los reflejos institucionales que deberían responder a las consecuencias de esos hechos - profundizándose los daños por inacción, o acción insuficiente.

La altura del año en que esto se escribe, nos mueve a contrarrestar las expresiones negativas de las usinas aludidas, con un hecho acontecido veintiséis años atrás, producido durante la conmemoración del 25 de mayo. En él, además del valor personal de los protagonistas, se advertirá el despliegue técnico, lo que en conjunto brinda un ejemplo - entre otros muchos - que da una imagen bien distinta, de las difundidas profusamente dando un panorama negativo y por momentos humillante de lo actuado en esas graves circunstancias.

Usando la inteligencia

El radar naval de Puerto Argentino en Malvinas, comenzó una operación de inteligencia electrónica, registrando por varios días los cursos de vuelo de helicópteros y aviones británicos, cuya base de operaciones eran los portaviones británicos, que se encontraban al Este de las Islas, en la plenitud del Atlántico Sur. Así se pudo establecer el punto donde se encontraban estos barcos que servían las aeronaves del enemigo.

El objetivo procurado eran esos barcos, si se lograba desbaratar su presencia dañándolos o logrando su hundimiento, los británicos se hubieran quedado sin ofensiva aérea, salvo la que pudieran brindar los Vulcan desde la isla Ascensión que habían logrado pobres resultados.

Contando con la ubicación de los barcos, el comando naval dispuso una operación combinada a realizarse con aviones Super Etendart provistos de misiles Exocet AM 39 (aire - mar), con apoyo de un avión abastecedor de la Fuerza Aérea, Hércules KC 130.

Dos "caballeros quijotescos"

Los entonces Capitán de Corbeta Roberto Curilovic y Teniente de Navío Julio Barraza recibieron la orden de ataque, y a las 14, 33 hs elevaban las narices de sus aviones de la base naval de Río Grande (Tierra del Fuego) donde se encontraban estacionadas las aeronaves , trepando hasta la altura de vuelo conveniente, y poniendo rumbo hacia el noreste, con el objeto de reunirse con el avión que habría de reabastecerlos.

El lugar de reabastecimiento (Sur 48º de latitud y Oeste 62º de longitud), es un punto sobre el océano Atlántico, parte del Mar Argentino, ubicado a 120 Millas Náuticas (223 Km) al este de Puerto Deseado.

Ese punto de reabastecimiento permitía seguir con posterioridad un rumbo de ataque distinto del que se había adoptado en el ataque del Sheffield y en otras incursiones contra la flota, rumbos sobre los cuales se sospechaba el enemigo tendría particular vigilancia electrónica (radar, escuchas radiales y vigilancia óptica). En pocas palabras, probablemente el rumbo de ataque menos esperado sería el rumbo desde el norte hacia el sur, sobre todo teniendo en cuenta que las base de operaciones de la aviación propia, se encontraban en el sur fundamentalmente (Río Gallegos y Río Grande). Imaginemos un poco la experiencia de estos dos pilotos. Volando en la inmensidad del océano, que se iba acrecentando a medida que se progresaba en el vuelo, y la línea del continente se iba desdibujando. Luego del reabastecimiento efectuado una hora después y a 330 millas náuticas del núcleo a ser atacado (614 km.), pusieron rumbo hacia el Sur Este, alejándose aun mas del continente, aumentando la soledad circundante, solo apaciguable por la quietud de las aguas, hecho inusual en esas latitudes. Volando a 200 metros de distancia uno del otro y a 30 metros de altura para no ser detectados, un observador externo podría imaginarlos como esos caballeros galopando en las llanuras de España del siglo XV, en busca del enemigo para enfrentarse en la singular lucha de la lanza o la espada. Una imagen Cervantina.

Casi una hora después, el líder de la pequeña formación de dos aviones, Roberto Curilovic, prende el radar y inmediatamente detecta en su pantalla dos grandes naves y una más pequeña que acompaña a las primeras. Hace confirmar por su compañero mediante la misma operación, y dicha solicitud emitida por radio, es la primara comunicación que mantienen en todo el trayecto de este relato. Inmediatamente hacen las operaciones que transfieren las recepciones del radar a la cabeza de dirección de los misiles transportados (uno por cada avión) y minutos después, manteniendo el radar "enganchado" en los blancos mas grandes indicados en las respectivas pantallas de sus aviones, y estando a 25 millas de esos barcos, (45 km), disparan sus misiles, e inmediatamente giran y ponen rumbo NorNor Oeste manteniendo la altura por un recorrido de 70 MN, para luego ascender y poner rumbo Oeste, para reencontrarse con el Hércules, que se ha mantenido en la espera del regreso de los atacantes, en otra acción de audacia y riesgo. El disparo de los misiles se hizo en la posición 50º38' de latitud Sur y 56º 08' de longitud Oeste, es decir a 600 km de las costas de nuestro país.

Como lo habían advertido nuestros pilotos, el ataque no había sido detectado, por lo que el impacto se produjo ante una total sorpresa de las tripulaciones.

Los blancos elegidos, habían sido dos grandes barcos, pero ambos misiles impactaron en el Atlantic Conveyor, portacontenedores que traía importante material para reforzar las fuerzas británicas, además de servir una vez despejado de su carga, de portaviones eventual o auxiliar.

A las 18 y 37 hs, después de 4:07 horas de vuelo, tocaban tierra en Río Grande estos quijotes del Atlántico Sur. Habían cumplido una cronometrada operación militar y habían desplegado la osadía propia de los valientes. Habían contradicho sin saberlo, lo que años después sería el argumento derrotista y malintencionado con que se pretendía y se sigue pretendiendo desmerecer el hombre argentino.

Hubo quienes hicieron acciones repugnantes al honor y la rectitud humana, sin duda, pero hubo estos otros, que honraron la misión que tenían en la vida.

Nada tiene que ver aquello con esto. Esto, lo que aquí relatamos, demuestra la capacidad técnica y el valor humano del argentino que es lo que nos importa. No queremos decir que lo otro no importa ni que se debe ocultar, pero es bueno poner en evidencia lo uno y lo otro, y saber que lo detestable no fue la ley general, y había y hay capacidad para remontar la cuesta, y hacer de nuestra sociedad, en todos sus aspectos, una sociedad capaz de asumir el recto camino de una sociedad valiosa en su realizaciones y sus valores.

Nota:

Fuente de datos de la operación de hundimiento del Atlantic Conveyor extraidas de "La Guerra de las Malvinas", ediciones Fernandez Reguera, de las declaraciones del comandante de dicha operación Capitán de Corbeta Roberto Curilovic a la mencionada publicación.

(*) Dr. En Ciencia Política, Profesor Titular de Historia Política Argentina en la Facultad de Ciencias Sociales de la Univ. Católica de La Plata de la Ciudad de San Martín y Secretario General del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas, dependiente de la Secretaria de Cultura y la Presidencia de la Nación.