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Recuerdos de la Convención Demócrata de 1968 resuenan en 2008

Protestas de Chicago cambiaron el proceso de elección del partido.
Por Stephen Kaufman, Redactor del Servicio Noticioso desde Washington

Informaciones del Departamento de Estado editadas en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - America.gov, Washington, 05/08/08.- A medida que los delegados se preparan para la Convención Demócrata de 2008 que se celebrará en la ciudad de Denver, el telón de fondo de una guerra impopular y la reñida contienda por la candidatura presidencial, les hacer recordar a muchos observadores políticos de la Convención Demócrata de 1968 que tuvo lugar en la ciudad de Chicago.

Esa convención, alborotada por la polémica y por manifestaciones violentas, cambió la forma en que los demócratas eligen a su candidato presidencial.

La convención, que se celebró del 26 al 29 de agosto de 1968, fue el detonante de un conflicto generacional que enfrentó al viejo liderazgo del Partido Demócrata contra el idealismo radical de los manifestantes, aún afectados por los asesinatos del líder de los derechos civiles Martin Luther King Jr., en abril, y del candidato presidencial Robert F. Kennedy, en junio. La campaña de Kennedy, que se oponía a la guerra y que estaba a favor de los derechos civiles, había movilizado a muchos electores jóvenes y minoritarios.

Ese fue también el año de la ofensiva del Tet comandada por los norvietnamitas, que puso en tela de juicio el éxito militar estadounidense en Vietnam, así como de la sorpresiva decisión del presidente Lyndon Johnson de no buscar la reelección. Fue también la época en que la generación estadounidense de los "baby boomers"-aquellos nacidos en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial- llegó a la edad adulta y desafió las tradiciones e instituciones.

Enfrentamiento entre los de dentro y los de fuera

En 1968, los delegados de la convención, principalmente activistas del partido elegidos por los líderes del partido y poderosas organizaciones como los sindicatos laborales, tenían poco en común con los jóvenes manifestantes que se agolpaban fuera del salón de convenciones.

Si bien los delegados establecieron el programa de la convención y eligieron como candidato al entonces vicepresidente Hubert Humphrey, que no se había postulado en ninguna elección primaria, los manifestantes afuera expresaron su desagrado con protestas que variaron desde enfrentamientos violentos con la policía, hasta despliegues cómicos de desprecio hacia el sistema político de Estados Unidos.

Esos acontecimientos en Chicago "dejaron un legado inquietante, así como muy positivo", dijo al Servicio Noticioso desde Washington Katherine Sibley, profesora en la Universidad Saint Joseph de Pennsylvania.

"Fue una época de mucho enojo y desilusión en muchos niveles, el idealismo que muchos tenían en 1968 y esta gran decepción con lo que ocurrió", agregó. "Eso fue evidente en el descontento de muchos de los radicales. Pero su ira, radicalismo y violencia también enojaron a otras personas que, tal vez antes no les habían prestado mucha atención y que ahora solamente les daban una atención negativa".

Para complicar la situación aún más, el alcalde de Chicago, Richard Daley, se negó a permitir que se realizara ninguna protesta. "Definitivamente existía la percepción... de que la vieja guardia, los viejos poderes, deberían estar en el poder sólo porque eran viejos y poderosos", explicó Sibley. Al negarse a reconocer el derecho de los ciudadanos de reunirse y manifestarse, Daley "garantizó que habría problemas".

Una de las organizaciones más destacadas que participaron en las protestas, el Partido Internacional de la Juventud (conocido como los yippies), ofreció un jabalí que nombró "Pegaso" como su candidato presidencial. Era una parodia, agregó Sibley, pero también un inquietante mensaje político.

"Hasta cierto punto, iban en serio con lo del cerdo, aún si estaban siendo graciosos. Pensaron: 'Nos hemos hartado. No confiamos en esta gente. [Y] no confiamos en los 'cerdos'", que era como se referían a los agentes de policía.

En otro ejemplo, los activistas yippies también propusieron echar el alucinógeno LSD en el suministro de agua de Chicago, para ilustrar a la población, pero esa propuesta fue percibida como una amenaza. Sibley explicó que la derrota del demócrata George McGovern en las elecciones presidenciales de 1972 fue, en gran medida, una reacción de la denominada "mayoría silenciosa", a los excesos de los radicales.

Reforma al proceso de la Convención

Fue McGovern quien encabezó la comisión para reformar el proceso de la convención después de 1968. "[El] total desorden y la violencia que se desató sólo indicó a la gente que el proceso tenía defectos y que realmente [era necesario] abrirlo", señaló Sibley.

Para apaciguar a los jóvenes electores, un nuevo proceso de selección de delegados intentó "reflejar una mayor parte de la población en su totalidad", con especial atención al género y la raza, para así hacer que fuera más abierto el proceso de candidatura. Después de la derrota de McGovern en 1972, el Partido Demócrata se dio cuenta de las deficiencias de que su programa lo establecieran quienes no tenían experiencia política, por lo que apartó un cuarto de los votos para los "superdelegados" que había sido elegidos a cargos políticos o que ya se habían destacado en el proceso político.

En 2008, el papel de estos superdelegados creció de la relativa oscuridad para convertirse en un factor clave de la campaña, cuando Barack Obama mantuvo una estrecha ventaja sobre Hillary Clinton en los votos de delegados comprometidos. En último término, suficientes superdelegados dieron su apoyo a Obama para garantizarle la candidatura.

Al igual que en 1968, el Partido Demócrata de 2008 se enfrenta a una división generacional y racial, en la que Obama obtiene gran parte de su apoyo de los electores jóvenes y de afroestadounidenses. Sibley dijo que los recuerdos de la convención de 1968 seguramente estuvieron en las mentes de los superdelegados, y que afrontaron intensas presiones para declarar su apoyo por uno de los candidatos antes de que la temporada de elecciones primarias finalizara, con el fin de evitar un polémico enfrentamiento en Denver.

"Creo que la percepción era que si los superdelegados elegían a Hillary Clinton y no a Barack Obama cuando el voto popular, incluso estando muy reñido, se inclinaba hacia el otro sentido, se habría culminado en una sensación de alienación", indicó, o incluso "añadido el elemento de ilegitimidad" a la candidatura de Clinton. Pero siempre cabe la posibilidad de que los electores en las elecciones primarias no le habrían dado a Obama el mismo nivel de apoyo si los superdelegados se hubiesen declarado por Clinton, a pesar del resultado popular.

"Considero que actualmente hay más sensitividad [por parte de los superdelegados]. Si tantas personas lo respaldan, no podemos ignorar ese hecho de ninguna manera", afirmó Sibley.

Sibley tiene previsto impartir un seminario sobre la convención de 1968. "La elección actual es fascinante, debido al vínculo de todos los candidatos con esa época", indicó, y explicó que la senadora Hillary Clinton y el ex presidente Bill Clinton fueron en su día jóvenes activistas del Partido Demócrata y voluntarios de la campaña de McGovern en 1972. El republicano y ex prisionero de guerra John McCain también evoca recuerdos de la Guerra de Vietnam, que proyectó una sombra durante la década de los sesenta y principios de los setenta.

"Aunque Obama era joven en ese entonces, su candidatura es sin duda producto de los cambios que fueron consecuencia de esa época", en especial aquellos del movimiento de los derechos civiles, finalizó.