Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
OFICINA DE PROGRAMAS DE INFORMACIÓN INTERNACIONAL DEL DEPARTAMENTO DE ESTADO DE ESTADOS UNIDOS

¿Qué es la literatura afroestadounidense?

Gerald Early.

Informaciones del Departamento de Estado editadas en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - America.gov, Washington, 10/03/09 .- El surgimiento de una nueva literatura negra de ficción de tipo popular podría indicar la madurez, más que el declive, de la literatura afroestadounidense.

Gerald Early ocupa la cátedra Merle King de Letras Moderna en la Universidad de Washington en Saint Louis, Missouri, donde dirige el Centro de Humanidades. Se especializa en literatura estadounidense, cultura afroestadounidense entre 1940 y 1960, autobiografías afroestadounidenses, prosa diferente de la novelística y cultura popular. Es autor de varios libros, entre ellos la obra premiada The Culture of Bruising: Essays on Prizefighting, Literature and Modern American Culture (1994). Ha editado numerosas antologías y fue consultor de los filmes documentales de Ken Burns sobre el béisbol y el jazz.

El escritor afroestadounidense Nick Chiles ha penalizado a la industria editorial, a las jovenes lectoras negras y al estado actual de la literatura afroestadounidense en su famoso artículo de opinión titulado Their Eyes Were Reading Smut (Sus ojos leían indecencias) (el título es una paráfrasis paródica de la novela clásica escrita en 1937 por Zona Neale Hurston Their Eyes Were Watching God -Sus ojos veían a Dios-, un elemento básico del canon de la literatura feminista afroestadounidense, considerado por muchos estudiosos de la literatura una de las grandes novelas estadounidenses de su era). Aunque Chiles se sentía satisfecho con las principales librerías como Borders que responden a la tendencia predominante al dedicar un espacio considerable de sus anaqueles a la "literatura afroestadounidense", le desagradaba bastante lo que las librerías y la industria editorial consideraban "literatura afroestadounidense". "Todo lo que podía ver eran cubiertas repugnantes que exhibían todas las formas de la carne morena oscura, por lo común semidesnuda y en alguna pose erótica, acompañada a menudo de pistolas y otros símbolos de la vida criminal", escribió Chiles. Estas novelas tienen títulos tales como Gutter, Crack Head, Forever a Hustler's Wife, A Hustler's Son, Amongst Thieves, Cut Throat, Hell Razor Honeys, Payback with Ya Life, y cosas por el estilo. Los bien conocidos autores son K'wan, Ronald Quincy, Quentin Carter, Deja King (también conocido como Joy King), Teri Woods, Vickie Stringer, y Carl Weber. Ocupan un género denominado "Ficción urbana o hip-hop", obras supuestamente realistas acerca de la vida en los sectores céntricos y ruinosos de las grandes ciudades, con alto contenido sexual, drogas y crimen, "macarras", maleantes, narcotraficantes enriquecidos y violencia gráfica; consumo excesivo yuxtapuesto con la vida en los edificios de viviendas públicas. En algunos casos, no son nada más que novelas negras de crimen escritas desde el punto de vista del criminal; en otros, son novelas románticas negras dentro del duro escenario de la ciudad. En todos los casos, son un tipo de literatura de ficción popular; a pesar de su alegado realismo se ocupan en realidad de fantasías, como si sus lectores trataran de comprender la realidad mientras procuran huir de ella. Dedicado mayormente a jóvenes afroestadounidenses, primordialmente mujeres, el género que constituye la porción mayor de de este público estadounidense que lee literatura de ficción, lee estos libros y los libros se mercadean exclusivamente para esta clientela. Algunas de estas novelas se venden lo bastante bien como para mantener a unos cuantos autores sin necesidad de tengan "un empleo durante el día", lo cual es una rareza en el negocio de escribir.

La existencia de estos libros propone tres aspectos del cambio sufrido por la literatura afroestadounidense desde lo que era, digamos, hace treinta o cuarenta años. En primer lugar, a pesar de los problemas con la alfabetización y la desoladora tasa de deserción escolar entre los afroestadounidense, hay un público masivo de lectores negros jóvenes de suficiente numero que un autor negro puede escribir exclusivamente para él sin la preocupación de ser intelectualmente arrogante, pedante o de pasarse a los blancos. En segundo lugar, el gusto de las masas es, de modo preocupante, diferente del gusto de la élite, en gran medida porque la élite ya no controla la dirección y el propósito de la literatura afroestadounidense; ahora, más que nunca, es una literatura dirigida por el mercado, más bien que una forma artística patrocinada y promovida por blancos y negros cultos, como lo fue en el pasado. El hecho de que los negros hayan creado dos de las editoriales de estos libros, Urban Books y Triple Crown, subraya la naturaleza empresarial y populista de este tipo de literatura racial: por los negros y para los negros. En tercer lugar, la literatura afroestadounidense ya no está obsesionada con el peso o la expectativa de la protesta política o la expresión a favor del valor humano de la raza o de lo que vale su historia y su cultura, como ocurría antes. (Esto no significa sugerir que la literatura afroestadounidense haya abandonado estas preocupaciones. Son más evidentes en la literatura dedicada a niños y adolescentes afroestadounidenses, la cual, como es de esperar, es con frecuencia marcadamente didáctica). Esto no significa argumentar que los libros que Chiles deplora tengan un valor neoliterario o extraliterario que compense el que sean novelas despreciables, pobremente escritas. Pero estos libros revelan algunas de las complicadas raíces de la literatura afroestadounidense y de la formación del público afroestadounidense.

Las películas que explotaban el tema de los negros a principios de la década de 1970 - tales como el clásico independiente de Melvin Van Peebles, Sweet Sweetback's Badass Song; Coffy, Foxy Brown, y Sheba, Baby, con Pam Grier como estrella; Hell Up in Harlem, Black Caesar, That Man Bolt, y The Legend of Nigger Charley, con Fred Williamson en el papel estelar; Superfly; los filmes Shaft , con Richard Roundtree como estrella - crearon el primer público negro joven para un arte inflexible, tenaz, negro urbano, aparentemente realista, centrado en la estafa, las drogas, la prostitución y la política contraria a los blancos (en la que los blancos - particularmente pistoleros y policías - destruyen la comunidad negra). Las raíces literarias de esto provienen de dos corrientes de la década de 1960. Los arrogantes intelectuales, incluidos en la corriente principal de la sociedad y de tendencias izquierdistas endosaron semejante literatura negra carcelaria como The Autobiography of Malcolm X; la colección de ensayos de Eldridge Cleaver Soul on Ice; Poems from Prison, compilados por el recluso y poeta Etheridge Knight, que incluye el poema Ideas of Ancestry, de Knight, una de las más famosas y sumamente ponderadas poesías afroestadounidenses de la década de 1960; y Soledad Brother: The Prison Letters of George Jackson. Todos estos libros se han convertido en parte del canon literario negro y se los enseña con frecuencia en varias clases de literatura a nivel colegial, redacción creativa y sociología. Por parte de la literatura popular de ficción de fines de la década de 1960 y principios de la de 1970 estaban las novelas del ex proxeneta y drogadicto encarcelado Donald Goines - que incluyen Trick Baby, Dopefiend, Street Players, y Black Gangster. Estas novelas son los antecedentes directos de los libros que Chiles encontró tan desoladores en 2006. Ocupan una porción pequeña pero incitante del producto de la literatura negra en la década de 1970. En aquella época, muchos los consideraron bajo una luz mucho más política; ahora, estos libros dominan la literatura afroestadounidense o parecen hacerlo. Entonces, como ahora, muchos negros - pobres, de clase trabajadora o intelectuales burgueses - y también muchos blancos, abrigan y abrigaban la firme creencia de que la vida violenta y urbana representa la "auténtica" experiencia negra y una verdadera "cultura de resistencia" políticamente dinámica.

Probablemente Chiles habría preferido que Borders y otras librerías no rotularan las novelas urbanas o hip-hop como "literatura afroestadounidense". Para el público sería mejor que tales libros se conocieran como "literatura afropopular", "ficción urbana" o "ficción negra para el mercado de masas". Entonces, la categoría "literatura afroestadounidense" podría reservarse para aquellos libros y autores que son parte del canon: escritores que van desde el novelista de fines del siglo XIX y principios del XX Charles Chesnutt, el poeta y novelista Paul Laurence Dunbar, y el novelista y poeta James Weldon Johnson, hasta las figuras del renacimiento de Harlem, de la década de 1920 y principios de la de 1930 como el poeta y autor de literatura de ficción Langston Hughes, el novelista y poeta Claude McKay, los novelistas Jessie Fauset y Nella Larsen y el poeta y novelista Countee Cullen, hasta las grandes figuras que cruzan desde la década de 1940 hasta la de 1960, como el novelista y ensayista James Baldwin, el novelista y autor de narraciones breves Richard Wright, el novelista y ensayista Ralph Ellison, la novelista Ann Petra, la poeta y novelista Gwendolyn Brooks y el novelista John A. Williams, a los escritores de la era del arte negro como la poetisa y autora de relatos para niños Nikki Giovanni, el poeta, dramaturgo y escritor de literatura de ficción Amiri Baraka; y el poeta Haki Madhubuti (Don L. Lee), hasta los escritores posteriores a la década de 1960, novelistas como Toni Morrison, Alice Walter, Gloria Taylor, Walter Mosley, Colson Whitehead, Ernest Gaines y Charles Johnson; el poeta y novelista Ishamael Reed y los poetas y novelistas Yusef Komunyakaa y Rita Dove. Se podrían agregar, para colmar la medida, unas cuantas figuras adicionales como los dramaturgos Lorraine Hansberry, Ed Bullins, Charles Fuller y August Wilson, y algunos escritores de la diáspora como el novelista y dramaturgo Wole Soyinka, el poeta Derek Walcott, los novelistas Chinua Achebe, George Lamming, Jamaica Kincaid, Zadie Smith, Junot Díaz y Edwidge Danticat.

La preocupación de Chiles por el supuesto declive de la literatura afroestadounidense refleja el temor de la élite de que el surgimiento del hip-hop y del comportamiento "urbano" represente generalmente un declive en la vida cultural urbana negra. La "esencia urbana", tal como era, parecía ser algo así como un virus que hubiera deshecho las normas artísticas negras y una meritocracia negra. Ahora, sólo hay tonterías puramente movidas por el mercado, dirigidas al gusto más bajo, más inculto. Esta es, evidentemente, una posición de alguien como el novelista y crítico cultural Stanley Crouch. Acerca de este punto, lo razonable no es de ningún modo enteramente o siquiera en su mayor parte una cuestión de esnobismo. La literatura afroestadounidense ha necesitado largo tiempo para alcanzar un nivel de respetabilidad general, en el que el público en general pensó que valía la pena leerla y los círculos que dictan la norma en cuestiones literarias pensaron que valía la pena reconocerla. Ahora, para muchos negros, los mismos negros parecen denigrarla al inundar el mercado con novelas basura que no son mejores que las de Mickey Spillane. No es en modo alguno sorprendente que los negros, un grupo perseguido y degradado a lo largo de la historia, sientan que sus productos culturales son siempre sospechosos, precarios y fácilmente se pongan en su contra por considerarlos una caricatura en el mercado.

Otra manera de considerar esto es aceptar que la literatura urbana ha democratizado y ampliado el alcance y contenido de la literatura afroestadounidense. En ciertos sentidos, la literatura urbana puede señalar la madurez, no el declive de la literatura afroestadounidense. Después de todo, la literatura afroestadounidense es la más antigua de todas las literaturas de minorías étnicas de Estados Unidos que se identifican conscientemente a sí mismas, al remontarse hasta 1774, con el primer libro de poemas de Phyllis Wheatley, los relatos de esclavos del periodo anterior a la guerra civil que produjeron clásicos tales como The Narrative of the Life of Frederick Douglass (1845) o Incidents in the Life of a Slave Girl (1861) de Harriet Jacobs. Los afroestadounidenses han pensado en la importancia de la literatura como herramienta política y cultural durante más tiempo y con más empeño que otras minorías étnicas en Estados Unidos. El movimiento del Renacimiento de Harlem fue un movimiento de negros, ayudado por patrocinadores blancos, para lograr acceso y respeto cultural produciendo literatura de primera clase. El surgimiento de la literatura urbana no repudia el pasado de la literatura negra, sino que sugiere otras maneras y medios de producirla y, también, otros fines. Más aún, algunos de los autores de literatura urbana están lejos de ser escritores mercenarios: Sister Souljah, activista política y novelista que ha viajado mucho, es una escritora y pensadora de capacidad superior, con todo lo provocativa que pueda ser. Lo mismo puede decirse de la novela solitaria del músico escritor Nelson George, Urban Romance (1993), que a todas luces no es una novela basura. Algunos de los libros de Eric Jerome Dickey y K'wan también son dignos de leerse. Una figura importante, que actúa entre el romance negro y la literatura urbana es E. Lynn Harris, escritora popular cuyos libros se ocupan de relaciones y otros temas de importancia para los negros hoy día, particularmente para las mujeres negras.

Hace dos años, cuando llegué a Bantam Books para convertirme en editor general de dos series anuales - Mejores ensayos afroestadounidenses y Mejor ficción afroestadounidense - deseaba asegurarme de que los libros tenían un atractivo que cruzaba a través de varios segmentos del público lector negro, y por ello elegí a Harris para que fuera la editora invitada de Mejor ficción afroestadounidense de 2009, el primer volumen de la serie. Considero estos volúmenes una oportunidad no sólo de llevarle al público lector en general lo mejor de la literatura afroestadounidense - desde escritores jóvenes como Z. Z. Packer y Amina Gautier hasta voces ya establecidas como Samuel Delaney y Edward P. Jones - sino también de forjar una suerte de matrimonio entre los diversos tipos de literatura afroestadounidense. Quería usar el alcance que tiene E. Lynn Harris para llevar la literatura negra seria a un público que podría estar o no al tanto de ella o ni siquiera desearla. Es demasiado pronto para decir si este intento tendrá éxito, pero el simple intento, por sí solo, reconoce un nivel de complejidad en la literatura afroestadounidense y un nivel de profunda segmentación en su público, que demuestra que la experiencia afroestadounidense, como quiera que se la convierta en arte, tiene una profundidad y una extensión, una suerte de universalidad, me atrevo a decir, que en realidad es un buen presagio para el futuro de esta y, tal vez, de todas las literaturas de minorías étnicas de Estados Unidos.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o las políticas del gobierno estadounidense.