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En el aniversario de la crisis de 1929, ¿qué ha cambiado?

Muchos de los factores que condujeron a la crisis de 1929 persisten aún hoy.
Por Katherine Lewis, Special Correspondent

Informaciones del Departamento de Estado editadas en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - America.gov, Washington, 27/10/09.- Hace ochenta años, el 28 y 29 de octubre de 1929, la bolsa de valores de Estados Unidos se desplomó. Esos dos días, conocidos como lunes negro y martes negro, hicieron estallar la burbuja de comercio especulativo y contribuyeron a desencadenar la Gran Depresión.

En este 80 aniversario del gran desplome, es sorprendente comparar el mercado de valores moderno con en el mercado de la década de 1920. La inversión de acciones se ha extendido a todos los rincones del mundo y a casi la mitad de los hogares estadounidenses. Se han inventado nuevas inversiones, desde coberturas de riesgos crediticios hasta titulaciones hipotecarias. El propósito de las distintas entidades del gobierno y de la autoregulación es garantizar la fluidez del comercio y evitar el fraude, y si bien hay quienes favorecen una mayor regulación debido a la reciente crisis financiera, la regulación es un cambio de la libertad total que existía en los años veinte.

Al mismo tiempo, muchos de los factores que condujeron a la crisis de 1929 persisten aún hoy. Todavía hay ciclos -algunos los denominan ciclos de codicia y miedo- que generan burbujas especulativas que luego estallan. Y la inversión sigue siendo una actividad intrínsecamente arriesgada, en la que se puede tanto perder o ganar dinero con facilidad.

"El tema que sigue siendo igual es la naturaleza humana. Ese espíritu animal es igual hoy que en la década de 1920 ", dijo Mark Zandi, economista jefe de Economy.com, del grupo Moody's, en West Chester (Pensilvania). "La especulación infectó esos mercados de valores al igual que lo hizo en esta crisis con el sector de la vivienda y el crédito".

En 1929, sólo alrededor del dos por ciento de los hogares estadounidenses tenían acciones, frente a casi el 50 por ciento de los hogares estadounidenses que tienen hoy inversiones directas o indirectas en el mercado. Una de las razones de esta diferencia es que la compra y venta de acciones costaba mucho más en los años veinte que lo que cuesta en los tiempos modernos en los que el comercio electrónico permite que miles de millones de acciones cambien de manos en todo el mundo todos los días, según explica Michael Goldstein, profesor de finanzas de Babson College, en Wellesley (Massachusetts).

La facilidad de realizar transacciones bursátiles significa que más personas de todo el mundo invierten en acciones de Estados Unidos. "Nueva York puede que esté a 10.000 millas de distancia de donde uno vive, pero un accidente en Nueva York seguirá afectando a Belfast, Beirut y Pekín", dijo Goldstein. "Repercute" [en todo el mundo].

En 1929, no existía la Comisión de Valores ni organizaciones reguladoras independientes, como FINRA (la Autoridad de Regulación del Sector Financiero). La Bolsa de Nueva York realizaba la mayoría de las transacciones bursátiles, pero no tenía interruptores para frenar el pánico de venta, dijo Goldstein. Hoy en día, existen normas que frenan las operaciones en casos de caídas extremas.

La amplia adopción de los fondos de inversión ha ayudado al inversor a diversificar su inversión, a diferencia de los años veinte, cuando un individuo podía tener acciones sólo de una o dos empresas.

En la desaceleración del mercado de 2008, una de cada cuatro acciones disminuyó en más del 75 por ciento, pero sólo uno de cada 15.000 fondos de inversión en acciones experimentó una pérdida tan grande, según Don Phillips, directivo de Morningstar Inc., empresa de investigación de inversiones especializada en el análisis de fondos de inversión que tiene su sede en Chicago.

"Es algo muy positivo que los inversores inviertan más a través de fondos, ya sea en un fondo de gestión activa o en un fondo indexado", comentó Phillips. "La diversificación no te protege de todo, pero reduce la posibilidad de un incidente catastrófico. Es mucho mejor que tener inversiones en una acción individual cuyo valor se ha desplomado a cero".

Sin embargo, la experiencia de vivir una crisis de mercado, el índice Dow Jones Industrial Average cayó un 33 por ciento en 2008, ha hecho que muchos inversores sean reacios a invertir en acciones, incluso cuando hay ofertas interesantes, dijo Arne Alsin, gestor de cartera en Alsin Capital Management, empresa con sede en La Quinta (California).

"La confianza puede perderse en un instante, y tarda años en rehacerse", dijo Alsin. "Pero es una lástima, porque hay oportunidades maravillosas".

Así que, si bien algunas cosas han cambiado y algunas son iguales, ¿qué lecciones pueden extraerse de la crisis de 1929? La más importante claramente tuvo un impacto en Ben Bernanke, director de la Reserva Federal y experto en la Gran Depresión en su anterior carrera académica.

La mayoría de los economistas considera que en 1929 la Reserva Federal cometió un error desastroso al endurecer su política monetaria tras la caída de la bolsa, en lugar de reducir los tipos de interés para estimular el crecimiento, y al no tomar las medidas suficientes para detener el pánico. Esto hizo que empeorara la crisis económica y llevó al país a la Gran Depresión, según explicó Eugene White, profesor de economía de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey.

"Una de las lecciones que todos aprendimos es que la Reserva Federal no debe apartar los ojos de la economía real para centrarse en las burbujas especulativas de activos", dijo White. Como consecuencia, la Reserva Federal de Bernanke actuó rápidamente e introdujo liquidez en el sistema bancario el año pasado, creando líneas de crédito e interviniendo directamente en los mercados para comprar hipotecas y otras inversiones, cuando los demás inversores se apartaron asustados.

Pero quizá la lección más importante que se aprendió de la crisis de 1929, además de las caídas de la bolsa en 1987 y 2008, es que ninguna generación es inmune. "Uno sería iluso si llegara a decir: eso no le puede pasar a la bolsa [hoy]", dijo Phillips, de Morningstar. "Los mercados pueden ser muy volubles".

En tiempos modernos, los inversores han aceptado como sabiduría convencional que los mercados de valores tendrán un promedio de rendimiento del 10 por ciento anual a largo plazo. Pero si uno está a punto de jubilarse o en los primeros años de la jubilación y el mercado se desploma, la media saludable a largo plazo no impide que se reduzcan sus ahorros.

"Vivimos en un mundo mucho más turbio y volátil", dijo Phillips. "Es importante estudiar estos temas para ojalá poder reducir la susceptibilidad al 'miedo y a la codicia'".