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INTERNA PORTEÑA

Los suburbios de Balcarce 50

Por Carlos M. Duré
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Rebanadas de Realidad - Carta Argentina (CA), Buenos Aires, 04/06/05.- El 1 de junio, el diario La Nueva Provincia de la ciudad de Bahía Blanca, afirmó que en el escritorio de Carlos Zannini -funcionario de la máxima confianza de Kirchner- estaba el borrador de un decreto de intervención de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Un día después, las agencias de ésta ciudad dieron a conocer numerosas manifestaciones locales en contra de la intervención. Expresiones de repudio y de temor cívico provinieron de todos los sectores políticos, incluido el propio gobierno nacional que le permitió decir al Ministro del Interior, Aníbal Fernández, que no estaba en estudio una medida tan drástica.

Sin embargo, en su nota detonadora, el diario bahiense hizo mayor ostentación de certeza en la información que publicaba. Dijo que el temido decreto jamás vería la luz pues era un instrumento de presión del gobierno nacional para apresurar la abdicación de Ibarra.

Hasta ahí, el diario aportaba información neta. Pero, tras bucear en las jugarretas políticas de la Capital, y para completar la nota atribuía al mismo Kirchner -no ya a sus epígonos- la intención de desembarazarse de Ibarra antes del parto que supone todo proceso electoral. Citaba al Presidente reprobando en la propia cara de Ibarra el deterioro edilicio de las escuelas de la ciudad.

Sin embargo, un día antes de ésta nota, la agencia Noticias Urbanas había publicado casi con carácter profético, declaraciones del jefe de gabinete porteño, Raúl Fernández, quien recordaba que el responsable de las escuelas había sido hasta el 2003 el actual ministro de educación de la Nación, Filmus. La agencia atribuyó una intención contraofensiva a éstas palabras de Raúl Fernández, a quien, aparentemente conoce desde mucho más cerca que el resto de los vecinos de la ciudad portuaria.

El jefe de gabinete se hizo visible en éstos últimos días para defender a Ibarra de cualquier zancadilla. Consideró que una eventual citación judicial al intendente por la tragedia de República de Cromagnón, era una jugarreta política.

El propio Aníbal Ibarra, con igual argumento, había descalificado el fallo del juez en lo Contencioso Administrativo, Andrés Gallardo, quien declaró ilegal el casino flotante tantas veces defendido por él. En esa ocasión acusó al juez de representar a un sector político interesado en perjudicarlo. Es posible que el primer mandatario de la ciudad haya sido inducido a pensar mal del juez por algún suspicaz. Porque el Dr. Gallardo, hasta asumir su función, había compartido su estudio con el legislador kirchnerista Diego Kravetz. Circunstancia que no debería afectar la imparcialidad del juez, pues compartir un inmueble no implica compartir las ambiciones políticas.

Mientras Ibarra se va a París, el diario El Norte de San Nicolás, provincia de Buenos Aires, y La Capital de Rosario, provincia de Santa Fe, cubren con profusión el encuentro regional de intendentes en el que se tratan temas tan importantes como la equiparación legislativa para mejorar el flujo económico y laboral, acaso el asunto más estratégico del MERCOSUR. Para el resto del país, la interna política de la ciudad de Buenos Aires concita tanto interés como para los porteños.

Hace cuarenta años, el pediatra y ensayista, Florencio Escardó, escribió que al pueblo de Buenos Aires no le interesa -ni sabe- quién lo gobierna, porque sí sabe y sí le interesa que la ciudad se gobierna sola mientras sea rica.

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