Rebanadas
de Realidad
- Buenos Aires, 28/03/06 .-
La Resistencia Peronista
comenzada en 1955 es una gesta nacional que no debemos olvidar y en cambio honrarla
y repensarla. El 19 de setiembre de aquel año, no solo se inició un baño de sangre
contra el pueblo argentino, sino que comenzó la destrucción de la soberanía política,
la independencia económica y la justicia social.
La Resistencia Peronista surgió rápida y espontánea en las bases populares indignadas
por el derrocamiento del presidente legítimo General Juan Perón, cuando sus dirigentes
estaban presos, exiliados o escondidos. Esa reacción, sostenida por muchos años,
no tiene precedentes en el país. Yrigóyen también fue un líder popular pero su
caída no generó nada parecido.
Cuando se dice Resistencia Peronista (y con mayúsculas), es porque sus iniciadores
fueron exclusivamente peronistas. Los demás partidos políticos sin excepción aplaudieron
la caída del gobierno popular y colaboraron en la Junta Consultiva avalando sus
atropellos.
Así nació el fenómeno de la Resistencia Peronista, con un claro objetivo: el retorno
al poder del gobernante que le había dado una década de felicidad, con derechos
y esperanzas. De inmediato el pueblo comprendió que le robaban junto al líder
a sus mayores ideales patrióticos. Por eso los humildes inventaron el "Perón Vuelve",
con la V y la P. Y ante las difamaciones de todo tipo contra el presidente legal
(le hicieron 102 juicios criminales), respondían "degenerado y ladrón nos quedamos
con Perón".
Con quienes fueron algo en el Movimiento Peronista como cuantos justicialistas
resistían a la dictadura, se llenaron todas las cárceles del país, incluso rehabilitando
la de Tierra del Fuego, como también cuarteles, comisarías y hasta escuelas, barcos
y el propio Congreso Nacional. Este último usado como centro de torturas de los
Comandos Civiles.
La Junta Consultiva, integrada por todos los partidos políticos con la sola excepción
del peronismo proscrito, premió sin castigo o reproche alguno, a los Comandos
Civiles que pusieron explosivos en una concentración obrera en Plaza de Mayo el
15 de abril de 1953, dejando cinco muertos humildes y más de 60 heridos, varios
de ellos inválidos permanentes. Roque Carranza, jefe civil de aquel asesino grupo
terrorista, después sería Ministro de Defensa del presidente Alfonsín y ahora
lleva su nombre un viaducto. También hizo "héroes" a quienes bombardearon a Buenos
Aires el 16 de junio de 1955 con no menos de 350 muertos civiles, 610 heridos
y 79 lisiados. Y a este otro jefe civil de tal monstruosidad, Miguel Angel Zabala
Ortíz, luego canciller de Arturo Illia, la Municipalidad de la ciudad por él bombardeada
y ametrallada, proyecta ponerle su nombre a una plazoleta.
La Junta Consultiva también contribuyó a demoler la obra industrializadora y de
justicia social del General Perón y Evita. No se les movió un pelo a sus miembros
por los fusilamientos del 9 de junio de 1956, ni con las desapariciones, torturas
y encarcelamientos por aquel intento. El socialista Alfredo Palacios, embajador
de la dictadura en Uruguay, envió un telegrama diciendo a destiempo: "Pido clemencia
para los delincuentes".
La Junta Consultiva estimuló la criminalización del mayoritario Partido Peronista
y de todos sus integrantes. La vida de cualquiera de ellos no valía nada y podía
ser objeto de cualquier vilesa. No eran ciudadanos dignos sino cómplices de lo
que los antidemocráticos llamaban "la canalla", los seguidores "descamisados"
del "tirano sangriento". A los justicialistas no se les reconocía ni siquiera
la más mínima condición de ser humano y en esa tarea contribuyeron todos los partidos
políticos, las corporaciones económicas. La Iglesia, silencio absoluto. Muchos
pastores abandonaron el rebaño para ponerse junto a los lobos de la "Libertadora".
Fueron contados los clérigos, y menos los que ostentaban alguna jerarquía, que
se ocupaban por la vida y libertad de los inocentes. De nada de eso se ha pedido
perdón con claridad, cuando el Papa lo ha hecho desde los abusos católicos contra
los indígenas americanos y hasta las cruzadas.
En el reciente acto de Plaza de Mayo del jueves pasado, los convocantes, según
se publicó, eran "360 organizaciones de derechos humanos". No es de criticar esa
conmemoración, pero generó una reflexión entre los viejos peronistas y sus familias
que sufrieron tantas injusticias: ¿Alguna de esas instituciones de DDHH existían
en 1955 y se ocuparon de los perseguidos? No.
Los empresarios aprovechaban para despedir sin indemnizar a los obreros peronistas
acusándolos de "comunistas" y entregándolos a la tortura o la muerte a los delegados
de fábricas.
Los constantes allanamientos de las Fuerzas de Seguridad y los Comandos Civiles,
cometían atrocidades, saqueando o destruyendo cuanto no podían llevarse de los
hogares, humildes o no. Viviendas construidas y pagadas por sindicatos y a punto
de estrenar, se las autoadjudicaron a grupos militares. Vaya un ejemplo: El edificio
ahora llamado "Alas", en su momento el más alto del mundo de cemento armado, desde
1955 pasó a ser ocupado por familias de oficiales de la Fuerza Aérea y aun siguen
con ellas.
Una de las primeras huelgas que se hicieron en Buenos Aires fue las de los tranviarios.
Todos sus delegados fueron detenidos y los obreros se negaban a trabajar. Entonces
la FUBA se ofreció a sustituirlos. Los memoriosos de aquella época y los medios
de difusión registraron como, en curso acelerado, los estudiantes universitarios
manejaban los tranvías, llevando al lado un soldado con bayoneta calada. Lo mismo
ocurrió con los trolebuses. ¿O no?
El decreto 4161, una monstruosidad jurídica sin igual, permitió muertes, detenciones
y torturas como el destrozo de viviendas humildes. De esa forma se prohibía con
cárceles y multas la sola mención de las palabras Perón o Evita, como sus derivadas
y familiares.
Lo cierto e innegable es que la Resistencia Peronista mantuvo viva la llama de
la rebelión contra todas las dictaduras, como contra los gobiernos ilegales de
Frondizi, Guido e Illía, con el justicialismo proscrito y criminalizado.
¿Qué fue
de aquella rebelión del 55? |