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Rebanadas
de Realidad - ENS, Palmira (Valle), 19 /09/08.- Una
curiosa situación se está presentando en torno al paro que desde el
lunes de esta semana adelantan más de 10 mil corteros vinculados a cooperativas
de trabajo asociado en siete ingenios del Valle del Cauca, cuyas consecuencias
ya se empiezan a sentir en la economía nacional, pues, según la Federación
Nacional de Bicombustibles, el etanol que tienen en reserva las centrales
mayoristas se acabará en cuatro días, con la consiguiente alza en el
precio de la gasolina, pues al no tener ésta el 10% de mezcla de etanol,
se tendrá que cobrar más cara al consumidor: entre $87 y $100, según
sea la región del país.
La situación curiosa
se produce por cuenta de las marchas que se están realizando en la zona,
unas a favor y otras en contra del paro. Mientras los corteros cooperativizados
se movilizan y se aferran a la ilusión de que esta vez sí van a ser
escuchados y atendidos en sus demandas laborales, y en medio de un cúmulo
de dificultades se mantienen firmes en su decisión de no cortar la caña
ni permitir -apostados en grupos a las puertas de los ingenios- la entrada
de insumos y la salida de producción, por las calles de Palmira y Guacarí
grupos de empleados y trabajadores de nómina de los ingenios, con sus
familias, marcharon para protestar contra el paro, aduciendo que el
bloqueo de vías y puertas por parte de los corteros les impide ingresar
a sus lugares de trabajo. Fueron manifestaciones ambientadas y organizadas
desde la gerencia de los ingenios.
Un detalle que llama
la atención con respecto a estas marchas, es la actitud asumida por
los sindicatos que en los ingenios agremian a los trabajadores de planta,
entre los cuales hay un porcentaje menor de corteros; sindicatos que
desde siempre se han caracterizado por ser afectos a las políticas laborales
de los empresarios. En un volante que se repartió en las marchas los
sindicatos Sintracañaveral, Sintracastilla, Sintraprovidencia, Sintrapichichi,
Sintrariopaila, Sintraindul y Sintracauca, unos afiliados a la central
CTC y otros a la CGT, piden a los corteros levantar el bloqueo de las
vías y reclaman el derecho al trabajo. "Bloqueo no, trabajo sí". "Sin
trabajo perdemos todos". "Reivindicamos el derecho al trabajo de más
de 36 mil personas que prestamos servicios a la industria azucarera",
son algunas de sus consignas.
Por su parte, y
en respuesta a la marcha organizada ayer por los empresarios y los sindicatos,
los corteros respondieron hoy viernes con una multitudinaria manifestación
en el municipio de Pradera, con la participación de sus niños y sus
mujeres. Y mañana realizarán otra en Palmira.
No
es esclavitud, pero sí se le parece
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Lo que no se aclara
en el volante repartido por los empresarios y los sindicatos -y es la
otra cara de la moneda- es la abismal diferencia que existe entre los
ingresos, las prestaciones y demás gabelas laborales que reciben los
trabajadores de planta por convención colectiva, versus los malos salarios
y las precarias condiciones laborales en que se debaten los corteros,
que no sólo son los más numerosos en la cadena de producción del etanol
y el azúcar, sino los más discriminados y salarialmente mal tratados.
Según la información
compilada en el Censo Sindical de la Escuela Nacional Sindical, en toda
la agroindustria cañera hay 13.117 trabajadores que se benefician de
convenciones colectivas, con ingresos que tienden a ser entre dos y
tres salarios mínimos, o sea entre $900.000 y $1´400.000; aparte de
las primas legales y extralegales que reciben, esto es primas de navidad
y bonificaciones de vacaciones, que según su antigüedad pueden sumar
hasta dos meses adicionales de salario al año. Mientras la situación
de los cerca de 18 mil corteros que trabajan por cooperativas en los
13 ingenios azucareros, da grima; o indignación, según como se mire,
porque apenas sí ganan para no morirse de hambre.
En efecto, aparte
de que los corteros devengan los salarios más bajos y no gozan de ninguna
prima o bonificación extralegal, tienen que asumir de su bolsillo el
costo de la seguridad social, herramientas, ropa de trabajo, transporte,
y aportes sociales y costos de administración de las cooperativas de
las cuales son asociados, o dueños; condición ésta que es la que les
prohíbe -por la ley laboral colombiana- hacer huelgas o paros, pues
es como si los dueños de los ingenios hicieran paro contra ellos mismos.
Los costos que tiene
que asumir de su bolsillo, en forma de deducciones de su salario ("compensaciones"
en el lenguaje de las cooperativas), oscilan entre $120.000 y $400.000,
lo que deja su ingreso neto mensual rayando el salario mínimo, o por
debajo. Y en no pocas ocasiones, cuando los tajos de caña asignados
son escasos o el cortero por alguna razón deja días sin labrar, la quincena
no les llega ni a los $200.000.
Veámoslo en un caso
concreto, el de las CTA Cosechar y Triunfar, cooperativas vinculadas
al ingenio Providencia, cuya tabla de deducciones es la siguiente:
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RUBRO
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MONTO
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| Herramientas |
Hasta
$20.000 |
| Seguro
de salud (4% de compensaciones) |
Entre
$11.000 - $16.000 |
| Fondo
de pensiones (4% de compensaciones) |
Entre
$11.000 - $16.000 |
| Fondo
funerario |
Entre
$3.800 - $7.800 |
| Aportes
sociales (para la administración de la CTA) |
Entre
$7.900 - $18.900 |
| Prestamos
personales |
Monto
a variar |
| Colaboración
para compañeros (asistencia para trabajadores lesionados o con calamidades
personales, este aporte es voluntario) |
Hasta
$2.000 |
| TOTAL
DEDUCCIONES (SIN PRESTAMOS) |
Hasta
$80.700 |
Lo
que significa trabajar al destajo
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La otra gran diferencia
se da en la jornada laboral. Mientras los trabajadores de planta en
los ingenios tienen jornada legal de 48 horas semanales, los corteros
cooperativizados no tienen jornada fija, su trabajo es a destajo. Son
obligados a trabajar hasta que se termine de cortar el área asignada
por el ingenio a cada cooperativa; y si ese tiempo excede las 48 horas
semanales, no reciben una remuneración adicional por horas extras, porque
esta garantía, consagrada en la legislación laboral colombiana, no aplica
a los cooperativizados. Como también es común que trabajen domingos
y festivos, como una forma de aumentar sus reducidos ingresos.
En la práctica los
corteros tampoco tienen vacaciones. Mientras los trabajadores de planta,
sindicalizados o no, reciben por concepto de vacaciones una remuneración
adicional a su salario básico, para los corteros afiliados a las cooperativas
el rubro vacaciones es parte integral de las "compensaciones" que reciben
por tonelada cortada, sin ninguna bonificación por encima de este pago.
O sea que es un pago que se difiere durante todo el año, por lo que
la mayoría de los corteros, por no decir todos, se lo gastan en sus
necesidades cotidianas y no lo acumulan. Por eso es muy difícil, casi
imposible, ver a un cortero en vacaciones, primero porque no tiene plata
para disfrutarlas, y segundo porque prefiere no sacar los 15 días de
descanso porque esos días no se los paga nadie. De ahí que la navidad
y el año nuevo sean días tristes para los corteros de la caña, casi
siempre los sorprenden sin un peso de más en el bolsillo.
Y lo otro que no
consideran, ni mencionan, los sindicalistas y los trabajadores de los
ingenios que han salido a marchar contra el paro de los corteros, son
las características propias del trabajo que éstos realizan, que no es
ninguna pera en dulce. Es una de las actividades más duras y riesgosas
de toda la agroindustria nacional; es un trabajo extenuante y repetitivo
(según estudio del Sena cada día un cortero hace 5.400 movimientos del
brazo, con el machete subiendo y bajando en golpes rápidos y exactos),
que causa innumerables accidentes, lesiones y enfermedades profesionales:
síndrome de túnel carpiano, artritis, lumbagos severos, heridas en brazo
y hombros. Además, tienen que laborar expuestos al calor del sol y a
la violencia de los aguaceros, y tienen que aguantar las pavesas y el
humo generados por la quema de la caña y la contaminación causada por
el uso generalizado del glifosato en las plantaciones; y lo hacen sin
elementos de protección como máscaras o dotaciones inflamables. Mientras
los trabajadores con contratación directa con los ingenios participan
en programas de salud preventiva y de seguridad industrial, los corteros
de las CTA no tienen acceso a dichos programas.
Cuando un cortero
sufre un accidente o enfermedad profesional, normalmente hace todo lo
posible para seguir laborando a pesar del dolor y el malestar, porque
para los cooperativizados una incapacidad de menos de 3 días no es remunerada,
y una incapacidad de más tiempo sólo es remunerada después de que la
ARP tramite el pago a la cooperativa; trámite que puede demorar varios
meses, en los cuales el cortero queda desprotegido y sin ingresos. En
estos casos, es común que sus compañeros corteros traten de brindar
una solidaridad al enfermo con donaciones y rifas. Y lo que es peor
aun: si un cortero padece una lesión o enfermedad tan grave que no le
permita seguir trabajando, las empresas no hacen ningún intento para
reubicarlo, argumentando que por su falta de formación profesional no
es factible ofrecerle otro puesto dentro del ingenio. Y así deshacen
del trabajador enfermo como si fuera un bien desechable.
Por todo lo hasta
aquí expuesto, toca darle la razón a los corteros cuando dicen que su
situación es lo más parecido a una "moderna" esclavitud.
Las
cifras de la agroindustria de la caña
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La situación social
y laboral de los corteros necesariamente contrasta con las cifras boyantes
que hoy muestra la agroindustria de la caña, tanto en su producción
de azúcar como de alcohol carburante. Veamos los datos de esta gran
riqueza de los empresarios de la caña, que apenas llega en pequeñísimas
gotas al hogar de los corteros. Son datos de ASOCAÑA:
- Son 198.000 las
hectáreas de caña, que equivalen al 49% del total de área sembrada
en el Valle del Cauca.
- En el 2007 se
molieron en los ingenios 21,1 millones de toneladas de caña, para
producir 2,28 millones de toneladas de azúcar (716.000 para el mercado
internacional y el resto para el mercado interno) y 275 millones de
litros de etanol (2,3% más que en el 2006).
- El sector tuvo
utilidades netas por $148.000 millones en el 2007.
- Por concepto
de salarios, prestaciones sociales y compensaciones el sector pagó
$614.000 millones.
- El etanol está
exento del IVA, Impuesto Global y Sobretasa, según la Ley 788 de Reforma
Tributaria. También tiene exenciones arancelarias para la importación
de bienes destinados a la producción.
- El sector azucarero
representa el 1% del PIB nacional (el 6% en el Valle del Cauca), y
4% del PIB agrícola a nivel nacional, y en el Valle del Cauca el 43%.
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