Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
ESCUELA NACIONAL SINDICAL (ENS) - COLOMBIA

Las Cooperativas de Trabajo Asociado de empacadores de los hipermercados

La propina convertida en salario, otra forma de explotación laboral.

Artículos de la ENS editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - ENS, Bogotá, 30/10/08.- En 1996 la Cadena Almacenes Éxito inauguró la primera Cooperativa de Trabajo Asociado -CTA- que vinculaba exclusivamente a jóvenes estudiantes entre 17 y 26 años, para prestar el servicio de empaque en las cajas de pago de los supermercados Éxito. De esta manera, el personal que antes era contratado directamente, pasó a ser subcontratado de medio tiempo a través de una cooperativa o precooperativa, bajo una modalidad bastante peculiar en materia salarial: el salario que por estas CTA recibe cada joven no proviene de Almacenes Éxito sino de las propinas. O sea que estos costos laborales los asumen los clientes y se los ahorra el almacén.

A pesar de la evidente violación de derechos laborales, este modelo de subcontratación ha venido creciendo en los últimos años. Esto se debe a que Almacenes Éxito, después de su fusión con Cadenalco y Carulla Vivero, pasó de representar el 13% de las ventas de hipermercados en 1996, a casi el 35% en el 2006. Pero también a que otras cadenas comerciales han adoptado el mismo esquema, entre ellas Carrefour y Cajas de Compensación Familiar, como Cafam y Colsubsidio (esta última recientemente abandonó el modelo).

Según una proyección de la investigación que en el año 2007 realizaron para la Escuela Nacional Sindical la historiadora Nelcy Valencia y el sociólogo Juan Carlos Celis, hoy en los hipermercados colombianos habría unos 8.000 jóvenes vinculados como empacadores bajo contratos con cooperativas, trabajando 4 horas diarias y devengando salarios con base en las propinas; unos 2.500 de ellos en Almacenes Éxito, el mayor empleador bajo esta modalidad laboral.

Casi todos estos jóvenes empacadores (hombres y mujeres) pertenecen al estrato socioeconómico tres, y estudian alguna carrera universitaria. Con sus ingresos la mayoría de ellos se costea parte de su educación, mientras que para un porcentaje minoritario estos ingresos son su única fuente de subsistencia.

Los dos componentes del salario de los empacadores

La "originalidad" que esta modalidad de contratación introduce en el mercado laboral, tiene que ver con los componentes de la remuneración que los empacadores y empacadoras reciben por su trabajo (compensación en lenguaje cooperativo). Son dos estos componentes: compensación fija y compensación variable.

La compensación variable corresponde a las propinas que los clientes voluntariamente brindan a los empacadores por su servicio y atención en las cajas de pago. Y es variable precisamente por eso: porque depende de la generosidad del cliente. O sea que el día en que la generosidad se acabe, ese día los empacadores no reciben salario.

Uno de los problemas que enfrenta esta compensación variable es lograr su aceptación por parte de los clientes, que en muchos casos -y con razón- no están de acuerdo en alcahuetearle al supermercado esa forma de explotación laboral, y se resisten a dar propinas. También podríamos agregar, como dificultad, la timidez natural de algunos empacadores, pues eso de pedir propinas lo ven como una actividad muy parecida a pedir "limosna".

Ganar a los clientes hacia la 'cultura de la propina' ha representado pues una gran dificultad. Además, Almacenes Éxito prohibió a los empacadores mostrarles a los clientes un volante en el que se les informaba sobre la forma de remuneración de su trabajo. A manera de ejemplo veamos lo que decía el texto de uno de esos volantes:

"¡Soy Feliz!... Estudio y trabajo. Somos más de 2.500 jóvenes empacadores que conformamos las empresas cooperativas Futuro, Progresar, Nacer y Crecer. Trabajamos medio tiempo y el otro medio lo dedicamos a estudiar, de esta manera podemos progresar. Somos los dueños y trabajadores de nuestras cooperativas, nos capacitamos y nuestros horarios se ajustan a los compromisos académicos. Además por el apoyo económico de Almacenes Éxito S,A. a las cooperativas, contamos con seguridad social. Participamos en actividades educativas, recreativas y culturales que permiten nuestro desarrollo integral. Los clientes agradecen nuestro servicio con sus propinas y hacemos parte del programa de trabajo juvenil más importante del país. ¡Somos felices y nos encanta servirle! (Fecha: octubre de 2005).

Olga Lucía Vanegas, gerente de recursos humanos de la precooperativa Crecer, reconoció la dificultad que inicialmente tuvieron para que los clientes aceptaran dar propinas a los empacadores, e incluso sugiere la necesidad de emprender cambios en la educación para que la población acepte formas de empleo que no signifiquen una estabilidad laboral y un salario.

Y el otro problema que tiene la remuneración con base en las propinas, es el reporte del monto diario de éstas por parte de cada empacador. El estudio realizado por Valencia y Celis así lo señala: al preguntarles a los empacadores por el promedio de propinas recibidas al día, se obtuvieron estos porcentajes: el 1.8% recibe entre $1.000 y $ 5.000; el 29% entre $6.000 y $9.000; el 31% entre $10.000 y $13.000; el 25.5% entre $14.000 y $17.000; y el 12.8% entre $18.000 y $20.000. Esta heterogeneidad en los ingresos está determinada por varias circunstancias. La primera, y obvia, es la buena voluntad que el cliente tenga para dar la propina, para "regalar". Esto porque el valor de la propina no se determina por un contrato formal de tipo legal, sino que depende de la voluntad del cliente, quien puede asignarlo según su criterio personal. Y en esto es clave el ingenio, la amabilidad y encanto personal que el empacador despliegue para estimular la generosidad del cliente, presentando su servicio no sólo como necesario sino como merecedor de una propina. Es incluso normal que se ofrezca a llevarle al cliente los paquetes hasta el carro, y aún así es posible que a éste no le dé la gana de darle la propina, esa es la ironía.

Otra circunstancia determinante en el monto de la propina, es el día de la semana. Hay días en que la afluencia de público a los supermercados es mayor y por lo mismo son también mejores las propinas. La temporada del año igualmente influye, pues hay meses mejores que otros; como influye el estrato socioeconómico del cliente. Se supone que en los barrios de estrato alto las propinas son más jugosas que en los barrios populares. Tanto es así, que una de las formas de castigar una falla del empacador, es mandarlo a trabajar en almacenes donde se sabe que las propinas son más escasas.

Precisamente esa variabilidad en el rango de las propinas es la mayor causa de insatisfacción de los empacadores, y explica el por qué el 94.6 % de ellos desee ser remunerado con un salario fijo. Y en cuanto a su aceptación del tipo de contrato, al 60.4% le gustaría tener un contrato laboral regularizado (52.1 % a término indefinido y 8.2 % a término fijo), mientras que el restante 39.6 % está conforme con su vinculación a cooperativas y el pago por propinas.

El segundo componente de los ingresos es la compensación fija, y corresponde al pago de la seguridad social del asociado, éste sí asumido por la cooperativa. Incluye la afiliación a una EPS, a un Fondo de Pensiones, a una Administradora de Riesgos Profesionales (ARP) y una Caja de Compensación Familiar; lo mismo que el costo de las cesantías, el pago de vacaciones (correspondiente a 15 días hábiles remunerados de acuerdo con el Salario Mínimo Legal Vigente, o del número de días proporcional al tiempo trabajado), y la dotación de uniformes. Para cubrir estos costos las cooperativas cuentan con el dinero que la cadena de supermercados les transfiere por hora/empacador, bajo el marco de una orden de prestación de servicios. A ese capital se suman los aportes mensuales que los empacadores deben dar a la cooperativa en su calidad de asociados (cerca de $20.000), los cuales les son reembolsados una vez se desvinculan de la entidad.

Con respecto a las cesantías, es pertinente señalar que las cooperativas son autónomas para decidir si las consignan en una Administradora de Fondos de Pensiones, o las utilizan para capitalizarse, destinando un porcentaje a la creación de un Fondo para Educación de los empacadores. No obstante, se evidencia un acceso bastante reducido a los créditos ofrecidos por las cooperativas para la educación de sus asociados.

¿Pueden ser salario las propinas?

Si nos atenemos al Código Sustantivo del Trabajo, las propinas no son ni pueden ser constitutivas de salario. "No puede pactarse como retribución del servicio prestado por el trabajador lo que éste reciba por propinas", dice textualmente el Código. Pero si nos atenemos a la legislación cooperativa, las propinas sí se pueden pactar como constitutivas de salario. La Ley 079 de 1988 (Ley Marco del cooperativismo colombiano) les dio a las cooperativas de trabajo asociado una amplia autonomía para determinar, por estatutos internos, las formas de compensación que consideren más acordes con su objeto social y el bienestar de sus asociados. Así que bajo el amparo de esta norma las CTA de los empacadores han decidido que parte del salario de sus asociados sean las propinas de los clientes, así de fácil y de simple.

Es una muestra más de cómo una ley, como la 079, cuyo objetivo era fortalecer formas de organización laboral alternativas y contribuir al bienestar de los asociados, termina sirviendo para precarizar el trabajo en Colombia, debido a la existencia de empresarios a los que no les tiembla la mano para tergiversar el sentido de las Cooperativas de Trabajo Asociado y convertirlas en empresas intermediarias (bolsas de empleo) cuyo fin es ajeno al bienestar de sus asociados. O más grave aun: en una forma de eludir los costos laborales de todo un proceso productivo, como ocurre en los hipermercados con el proceso del empaque en las cajas registradoras.

Por su parte, Germán Jaramillo, sociólogo contratado por Almacenes Éxito para diseñar el modelo de subcontratación de empacadores mediante CTA, las defiende. En entrevista concedida a los investigadores Valencia y Celis las justificó con el argumento de que mediante las propinas los jóvenes empacadores se pueden hacer a un buen ingreso, superior incluso al salario mínimo. Además, para estos jóvenes, en tanto estudiantes universitarios, esta modalidad de empleo constituye una oportunidad de experiencia laboral inicial, contando con tiempo y recursos para estudiar.

Sin embargo, la justificación del sociólogo Jaramillo resulta dudosa al revisar la encuesta realizada a los empacadores de Almacenes Éxito, en la cual su grado de satisfacción está polarizado entre un 48% que manifiesta mucha satisfacción, y otro 48% que expresa poca. Por otro lado, sólo el 38.6 % desea seguir siendo empacador/a hasta terminar sus estudios, mientras que el 12.3 % se retirará sólo si lo despiden. El 21 % quiere dejar ese trabajo cuanto antes; otro 12.3 % espera hacerlo antes de un año; el 5.3 % entre uno y tres años; y un restante 6.5 %, no sabe o muestra incertidumbre al respecto. Sintetizando, podemos decir que aunque en una proporción representativa los jóvenes se sientan satisfechos con su trabajo, en términos generales el empleo de empacador es visto por ellos como algo transitorio, como un lugar donde "escampar" mientras se consigue una mejor oportunidad.

Ahora bien, si el aporte social de las CTA de empacadores es brindar a la población joven un puente entre el mundo del estudio y el del trabajo, es preocupante que ese apoyo se concentre en jóvenes que antes de ingresar al trabajo ya tienen un acceso a la educación, ya que ser estudiante es requisito para ser empacador. De esa manera, como el mismo Jaramillo lo reconoce, se beneficia a jóvenes de clase media y se excluye a quienes enfrentan condiciones más graves de vulnerabilidad, o sea a aquellos jóvenes que antes de pensar en estudiar necesitan un trabajo que les permita sobrevivir, ellos mismos y las personas a su cargo. Si tenemos en cuenta que en Colombia estudia sólo el 26% de los jóvenes entre 19 y 26 años, es claro que el perfil que han creado los hipermercados para vincular empacadores excluye a las dos terceras partes de los jóvenes, que precisamente son los más necesitados de trabajar.

Inequidad de género y baja participación

Un factor que agrava la violación de derechos laborales entre los empacadores, es la inequidad de género. Estudios de corte etnográfico muestran que en algunos supermercados circula el imaginario según el cual las mujeres son menos ágiles y capaces de lograr una propina de los clientes. De ello se deriva una subordinación de las empacadoras ante figuras masculinas dominantes, así como mayores posibilidades de ascenso para los hombres. Esto se evidencia en una primacía de hombres con rango de "coordinador", que contrasta con el bajo número de mujeres coordinadoras.

Y otro factor que también falla en las CTA de los empacadores, y en general en las CTA de otros sectores de la producción, es la poca participación que los asociados tienen en la vida interna de estas organizaciones. Aunque al 85 % de los/as empacadores/as les interesan los asuntos de la CTA, sólo el 27 % se considera gestor de su propia empresa; el 84 % no se considera dueño de la CTA; el 70 % afirma no conocer los balances financieros de la CTA; el 41 % no conoce qué ley es la que regula a las CTA; e incluso el 16 % se considera contratado por la empresa a la que presta el servicio.

Como se ve, las cooperativas de trabajo asociado en el sector de los empacadores de mercados en los almacenes de cadena, tiene todos los vicios de este tipo de cooperativas en otros sectores de la producción, con el agravante ya señalado: la obligación que tienen sus asociados de pedir propinas, su única fuente de ingresos.

El presente material se edita en Rebanadas por gentileza de Héctor Vásquez Fernández, de la Escuela Nacional Sindical.